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"Il barbiere di Siviglia" en Chile : Sentirse en casa
Con la excepcional dirección musical de José Miguel Pérez-Sierra y un brillante elenco, el Municipal de Santiago repuso por segunda ocasión la ingeniosa puesta de Fabio Sparvoli para la popular ópera bufa rossiniana. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

Rodion Pogossov (Fígaro) y Levy Sekgapane (Almaviva), acto primero de El barbero de Sevilla, Municipal de Santiago, 2018

IL BARBIERE DI SIVIGLIA, ópera de Gioachino Rossini. Producción escénica 2008. Función del sábado 22 de septiembre de 2018 en el Municipal de Santiago, Ópera Nacional de Chile. Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección escénica: Fabio Sparvoli. Escenografía: Giorgio Richelli. Vestuario: Simona Morresi. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Reparto: Victoria Yarovaya (Rosina), Jeannette Fischer (Berta), Levy Sekgapane (Almaviva), Rodion Pogossov (Fígaro), José Fardilha (Bartolo), Pavel Chervinsky (Basilio), Javier Weibel (Fiorello). Coro del Municipal de Santiago, director: Jorge Klastornick. Orquesta Filarmónica de Santiago.

La puesta de Fabio Sparvoli para El barbero de Sevilla, estrenada en 2008 y repuesta después acá y en otras partes, se ha consolidado como un acierto de la última década. Barbero es una ópera de repertorio y un teatro debe contar con una puesta que pueda ser revivida sin que ello implique ni agotamiento para el público que ya la ha visto, ni manifestar con mucha evidencia su datación. Sparvoli, al mezclar elementos de época del siglo XVIII (principalmente mediante el vestuario de Simona Morresi) con otros más modernos (la arquitectura de la casa que domina toda la puesta, un minucioso trabajo de Giorgio Richelli), equilibró pasado y presente, permitiendo que la obra fluya con naturalidad. Nadie que la vea por primera vez podría adivinar que ya tiene una década. Para quienes ya la hemos visto, sigue pareciéndonos alegre y espontánea, aunque sería deseable mejorar las marcaciones, que hacen que algunos recitativos se vuelvan estáticos y aburridos.

Las tres encarnaciones en Santiago de este Barbero han tenido excelentes repartos, y esta vez no fue la excepción. Muy probablemente se trate de uno de los mejores elencos que el Municipal ha reunido en el último tiempo para una ópera de Rossini. El mérito no es solo de los solistas vocales, sino también de la batuta de José Miguel Pérez-Sierra. Lo conocimos en 2014 para I puritani, volvió al año siguiente a Il turco in Italia y también el pasado a La Cenerentola. Es así su tercer Rossini en este recinto y confirma que su familiaridad con esta música es quizá una especie de afecto: la música ebulle gracias a una dirección vivaz, elocuente ya en los ataques de la cuerda para el “Allegro vivace” de la obertura que pone en alerta al auditor que las cosas serán en esta ocasión algo más intensas. Es un enfoque pulsante que explota al máximo la edición crítica de Alberto Zedda, ofreciendo texturas orquestales bastante transparentes, sin perder por eso el picante propio de una comedia rossiniana.

"Largo al factotum": Rodion Pogossov (Fígaro) en El barbero de Sevilla, Municipal de Santiago, 2018

La casa traslúcida del dottor Bartolo hace imaginar algún secreto que deba ser revelado, algún vicio morbosillo que el buen tutor oculta. En esta puesta es, sin embargo, un personaje más bien bonachón, interpretado con gran simpatía por José Fardilha. Al barítono portugués ya lo habíamos visto años atrás, y es un feliz retorno. La voz es capaz de hacerse cargo de la velocidad tempestuosa de “A un dottor della mia sorte”, un número que arriesga pasar por alto el canto; el Sr. Fardilha enfrenta el trabalenguas con una voz que en ningún momento se pierde. El Basilio de Pavel Chervinsky es menos impresionante, quizá porque la voz no es demasiado atractiva; su “Calunnia” sigue siendo un momento importante en esta puesta, que la acompaña con comparsa figurativa y la sugerente iluminación de José Luis Fiorruccio, pero su presencia en el quinteto del acto segundo, con sus majaderos “buona sera”, tiende a extraviarse.

Rodion Pogossov volvió para Fígaro (lo hizo ya en 2013). Es un barítono al que da gusto oír, de timbre agradable y con gran disposición para el juego escénico. Su aria de entrada después de cinco años sigue sonando fresca, una cualidad que el Sr. Pogossov mantiene a lo largo de toda la función. La capacidad para mover la acción que tiene el factotum permite que la pareja de amantes pueda desplegar el arsenal de coloratura que en esta ocasión fue bastante impresionante. La mezzo rusa Victoria Yarovaya tiene una voz encandilante: el timbre cálido, que no se diluye cuando asciende al agudo, se tiñe de un hermoso color y gran presencia cuando explora el registro más grave. La ornamentación, en particular en el aria de la lección, fue pura pirotecnia, controlada y entregada con soltura y estilo. Por fortuna no habrá que extrañarla mucho: volverá en octubre de 2019 para L’italiana in Algeri.

El tenor sudafricano Levy Sekgapane viene de ganar el concurso Operalia 2017, y se entiende rápidamente el porqué: es a todas luces una voz promisoria, de gran talento en el despliegue de su línea vocal y en la ornamentación, capaz de abordar la siempre dificultosa “Cessa di più resistere”, no oída en las anteriores versiones de este montaje. El timbre es probable que no guste a todos: es una voz de tenor ligero, bastante aguda y finita. Ese aspecto queda un tanto exacerbado por su actuación, medio ridícula en pasajes como el duetto “Pace e gioia” y en sus interacciones con el doctor.

Victoria Yarovaya (Rosina) en su lección de música, junto a José Fardilha (Bartolo) y Levy Sekgapane (Almaviva), El barbero de Sevilla, Municipal de Santiago, 2018

Jeannette Fischer en Berta es un lujo, luciendo unos agudos en el finale primo que por lo general tienden a quedar sepultados, y que en esta ocasión atravesaron la sala como catapultados. Javier Weibel cantó el pequeño rol de Fiorello con su profesionalismo habitual y el Coro del Municipal contribuyó con su cuota de controlada locura en sus breves intervenciones. Los recitativos simples fueron acompañados desde el foso por un clavecín, algo que podría ser reemplazado en futuras reposiciones por un sonido más pleno o con mayor participación e inventiva. Arrojaría más luces sobre este ya luminoso y feliz espectáculo.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, octubre de 2018

Imágenes gentileza Municipal de Santiago / Fotografías Edison Fabián Araya Pérez
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Publicado el 16/10/2018
     
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