Jueves 25 de Abril de 2019
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Il barbiere di Siviglia” en el Teatro Solís : De transparencias y opacidades
La temporada lírica de Montevideo finalizó con una sobresaliente versión escénica de esta obra cumbre de Rossini, con un buen equipo de solistas pero una irregular dirección musical. Por Ernesto Castagnino (enviado especial a Uruguay)
 

Escena final del primer acto de Il barbiere di Siviglia,
Teatro Solís, Montevideo, 2009

IL BARBIERE DI SIVIGLIA, ópera en dos actos de Gioacchino Rossini. Funciones del viernes 28 y sábado 29* de agosto de 2009, en el Teatro Solís de Montevideo. Dirección musical: Reinaldo Censabella. Puesta en escena: Fabio Sparvoli. Escenografía: Giorgio Ricchelli. Vestuario: Simona Morresi. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Reparto: Omar Carrión / Federico Sanguinetti* (Fígaro), Martín Nusspaumer / Leonardo Ferrando* (Conde de Almaviva), Nancy Fabiola Herrera / Evelyn Ramírez* (Rosina), Luis Gaeta / Gustavo Gibert* (Bartolo), Ariel Cazes / Marcelo Otegui* (Basilio), Graciela Lassner / Silvana Saldías* (Berta), Carlos Carzoglio (Fiorello), Andrés Prunell (Un oficial), Jorge Scorza (Ambrogio). Orquesta Filarmónica de Montevideo. Coro del SODRE, director: Antonio Domenighini.

De las 39 óperas compuestas por Gioacchino Rossini, Il barbiere di Siviglia, estrenada en Roma en 1816, es uno de los títulos más transitados del repertorio lírico y sin duda el más popular del compositor. Basada en la pieza Le barbier de Séville de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, la versión de Rossini y su libretista Cesare Sterbini, desplazó tanto a la comedia de Beaumarchais como a su primera adaptación para una ópera, realizada por Giovanni Paisiello en 1782. Desde su estreno, esta ópera bufa no ha faltado nunca en la programación de los principales teatros líricos y sus arias han sido tarareadas generación tras generación. Aunque el personaje femenino fue pensado para mezzosoprano, dada la popularidad de la ópera, las sopranos reclamaron el rol para sí transportándolo a su tessitura. En esta ocasión, se eligió la versión original para mezzosoprano o contralto.

La puesta escénica es una reposición de la ofrecida en el Teatro Municipal de Santiago de Chile el año pasado firmada, en la dirección escénica por Fabio Sparvoli, en la escenografía por Giorgio Ricchelli, en la iluminación por José Luis Fiorruccio y en el vestuario por Simona Morresi. El planteo del equipo liderado por Sparvoli demuestra algo que he subrayado en anteriores comentarios sobre esta ópera  —La Plata 2007 y Juventus Lyrica 2008— el hecho de que se puede ser original, innovador, divertido y al mismo tiempo respetuoso de la obra y del contexto de su producción. La escenografía de Giorgio Ricchelli presenta una estructura transparente de dos niveles que representa la casa donde viven el Dottor Bartolo y su pupila Rosina. La estructura gira además sobre su eje para diferenciar el exterior y el interior según la escena. La transparencia permite ver lo que sucede dentro de la casa en cada momento, aunque esto no supone saturación ni distracción para el espectador. Simona Morresi diseñó un vestuario de estilo settecentesco con toques de humor y finos detalles que delineaban la personalidad de cada personaje. La realización de vestuario y decorados, debida a los talleres del Teatro Municipal de Santiago de Chile, fue sencillamente impecable.

El régisseur italiano Fabio Sparvoli mantuvo en todo momento el registro bufo de la obra con efectos de humor y mucha frescura, sin recargar las tintas ni agobiar al espectador con excesivos recursos visuales. Resultó muy interesante el efecto de multiplicación de los personajes de Figaro y Don Basilio con el recurso de figurantes que, llevando el mismo vestuario, representaron escénicamente mientras el personaje cantaba su aria. El único detalle molesto era el excesivo ruido de las pisadas en las escenas de conjunto que llegaba a competir con el sonido de la orquesta. Merece destacarse la entrega y compromiso de cantantes y actores en una interpretación de gran eficacia. La iluminación de José Luis Fiorruccio ayudó a resaltar el efecto de transparencia, y el contraste entre la “luminosidad” de los personajes positivos (Figaro, Rosina y el Conde) y la “oscuridad” de los personajes negativos (Dottor Bartolo y Don Basilio).

Omar Carrión afrontó el personaje de Figaro con mejores resultados que hace dos años en La Plata, a partir de una maduración del personaje y una puesta escénica que le permitió desplegar sus dotes actorales. Carrión compuso un Figaro dinámico y escurridizo, y su interpretación vocal mostró un buen manejo tanto de las agilidades como del fraseo rossiniano. En el otro elenco, Federico Sanguinetti se vio en verdaderas dificultades para afrontar el desafío de este rol para barítono lírico, con momentos de auténtica zozobra como la segunda parte del dúo con el tenor, en la cual Sanguinetti se perdió completamente durante unos 20 segundos que resultaron interminables. El cometido de un rol protagónico rossiniano resultó demasiado para el cantante uruguayo que se vio superado por las exigencias.

El rol de Rosina estuvo a cargo de las mezzosopranos Nancy Fabiola Herrera y Evelyn Ramírez con muy buenos resultados en ambos casos. Herrera deslumbró con un timbre cálido y brillante, una vocalidad rossiniana auténtica y capacidades actorales destacables. La mezzosoprano canaria mostró un verdadero conocimiento del estilo belcantista y un prolijo trabajo con los recitativos, detalle este último que suele descuidarse y que constituye el material con el que se perfila el personaje y con el cual el cantante puede lucir sus dotes interpretativas. A Evelyn Ramírez no se la vio tan cómoda en este personaje como en el de Isabella de L’italiana in Algeri que cantó en Buenos Aires en 2008. La aptitud de Ramírez para el canto rossiniano es indiscutible y su interpretación convincente pero se echaron en falta su volumen y sus rotundos graves. No obstante, la cantante chilena brindó una versión antológica del aria “Contro un cor che accende amore”, la cual mereció una larga ovación. La bella y juvenil presencia física en ambas cantantes sumó un elemento ciertamente bienvenido en la caracterización de la pícara Rosina.

Leonardo Ferrando (Conde de Almaviva) y Gustavo Gibert (Bartolo) en
el primer acto de Il barbiere di Siviglia, Teatro Solís, Montevideo, 2009

El Conte Almaviva es un rol para tenor ligero con gran facilidad en el agudo, además de presentar la dificultad de tener que abrir la ópera con un aria de gran dificultad. Martín Nusspaumer tuvo serios problemas con las agilidades vocales y su registro agudo presentó notas tirantes y estentóreas, aunque su trabajo con los recitativos tuvo mayor calidad y profundidad que el del tenor Leonardo Ferrando, quien a su vez compensó con mejor canto rossiniano. Luis Gaeta fue un verdadero deleite en el rol de Bartolo. Sus dotes actorales y su versatilidad estuvieron acompañadas de una técnica vocal sólida, lo que demuestra que se puede ser bufo sin apelar a recursos extramusicales. Gustavo Gibert aligeró afortunadamente un poco la cantidad de gruñidos y bufidos con los que había sobrecargado su Bartolo platense de 2007. En el rol de Don Basilio, encontramos a los bajos Ariel Cazes y Marcelo Otegui con buenos medios vocales ambos, aunque las dotes histriónicas de Cazes resultaron insuperables como el siniestro maestro de música. Buen aporte de Graciela Lassner como Berta.

El director Reinaldo Censabella puso su experimentada batuta al servicio de la partitura rossiniana, pero no logró elevados resultados: frecuentes desajustes entre la orquesta y los cantantes, dificultades en el balance y el manejo de las dinámicas opacaron el resultado musical. La Orquesta Filarmónica de Montevideo tuvo una discreta actuación, sobre todo en lo que se refiere a las áreas de percusión y de cuerdas altas (por ejemplo el pobre sonido logrado por violines y violas sul ponticello [1] en el aria “La calunnia”). Las partituras de Rossini llevan el sello de los magistrales crescendi que conforman verdaderos momentos de vértigo musical en los que solistas, coro y orquesta deben funcionar como un todo homogéneo a la vez que debe ser identificable cada parte por separado. En esta ocasión, Censabella no logró llevar con éxito este difícil trabajo de concertación. Las voces masculinas del Coro del SODRE tuvieron un momento de lucimiento en la stretta final del primer acto.

Ariel Cazes (Basilio) y Luis Gaeta (Bartolo) en el primer acto
de Il barbiere di Siviglia, Teatro Solís, Montevideo, 2009

Un gran trabajo de equipo en el que confluyeron la solidez del planteo escénico y visual, junto a la eficaz interpretación de solistas y figurantes, permitieron disfrutar de dos auténticas veladas rossinianas en las que sólo hubo que lamentar alguna irregularidad en el aspecto musical.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2009

Nota
(1) El sonido sul ponticello en los instrumentos de cuerda se obtiene frotando el arco sobre el puente, lo cual produce un sonido áspero y metálico que puede sugerir una atmósfera de misterio.

Fotografías gentileza Teatro Solís.
Segunda foto:  Evelyn Ramírez (Rosina) y Silvana Saldías (Berta) en el primer acto de Il barbiere di Siviglia, Teatro Solís, Montevideo, 2009 / Tercera foto: Omar Carrión (Fígaro) y Nacy Fabiola Herrera (Rosina) en el primer acto de Il barbiere di Siviglia, Teatro Solís, Montevideo, 2009
__________

Espacio de Opinión y Debate
¿Estuviste en esta ópera y no coincidís? ¿Qué te pareció este comentario? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 09/09/2009
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados