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El “Réquiem de guerra” en el Teatro Colón : Britten, el poeta que avisa
La obra sinfónico-coral del compositor británico, una de las más relevantes del siglo XX, sirvió como homenaje en el año del centenario de su nacimiento. Por Ernesto Castagnino
 

La Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón, dirigidos por Guillermo Scarabino,
interpretando el Réquiem de guerra de Benjamin Britten, Teatro Colón, 2013 

RÉQUIEM DE GUERRA, Op. 66, de Benjamin Britten. Concierto del viernes 27 de septiembre de 2013 en el Teatro Colón. Dirección musical: Guillermo Scarabino. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Solistas: Tamara Wilson, soprano; Enrique Folger, tenor; Víctor Torres, barítono; César Bustamante, órgano. Diseño de luces: Gonzalo Córdova. Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón.

Desde el año pasado el Director Artístico del Teatro Colón ha programado en la temporada lírica un título que pertenece al género sinfónico coral. En 2012 se trató del oratorio La pasión según San Marcos de Osvaldo Golijov y este año fue el turno del Réquiem de guerra (War Requiem) de Benjamin Britten. Más allá del asidero que pueda tener su inserción como parte de la temporada lírica, se trata —en ambos casos— de obras con sobrados méritos para ser muy bienvenidas en cualquier circunstancia.

En el año de los bicentenarios de los nacimientos de Giuseppe Verdi y Richard Wagner, se cumplen también dos aniversarios de singular importancia para la música del siglo XX: el pasado 29 de mayo se cumplieron cien años del estreno de una obra revolucionaria y decisiva en el desarrollo de las vanguardias estéticas del siglo que recién comenzaba, hablamos de La consagración de la primavera, el ballet de Igor Stravinsky estrenado en Paris en 1913; ese mismo año pero el 22 de noviembre nacía en Inglaterra Benjamin Britten, uno de los compositores europeos más influyentes del período de posguerra y autor de óperas que continúan presentes en el repertorio de los teatros líricos como Peter Grimes, Albert Herring, Otra vuelta de tuerca, Billy Budd, El sueño de una noche de verano o Muerte en Venecia.

El Réquiem de guerra es una obra estrenada en 1962 con motivo de la consagración de la reconstruida catedral de Coventry, destruida en 1940 durante un bombardeo alemán. El encargo le permitió a Britten componer una obra a gran escala —incluyendo una orquesta considerable, dos coros y solistas— que rindiera homenaje a los caídos en aquella guerra y a la vez fuera una reflexión sobre el dolor y la crueldad inexplicables que comporta la matanza entre los hombres. Con ese fin, combina en esta obra el texto litúrgico del Réquiem con poemas de Wilfred Owen escritos a partir de su propia experiencia como soldado en la primera guerra mundial. Un antecedente del interés de Britten por esta dimensión poética de la experiencia en tiempos de guerra se había plasmado en una obra temprana como fue Ballad of Heroes (1939) para tenor, coro y orquesta, compuesta sobre textos de W. H. Auden acerca de la guerra civil española.

Enrique Folger, Víctor Torres y Guillermo Scarabino, interpretando
el Réquiem de guerra de Benjamin Britten, Teatro Colón, 2013

Lo que hace al Réquiem de guerra una obra monumental es la profundidad alcanzada por el músico inglés en una original combinación de momentos corales penetrantes y expansivos ligados al texto religioso, con otros más introspectivos e intensos en los cuales el tenor y el barítono dan voz al poeta lacerado por el dolor y la muerte que lo rodean. La superposición y alternancia de planos sonoros se logra por la disposición de una pequeña orquesta de cámara que dialoga con la abrumadora potencia de la gran orquesta y su nutrida sección de metales. El efecto es un alegato antibelicista melancólico y casi desesperanzado pero de contundente dramatismo. El compositor, identificado con el poeta, elige un verso de Owen para prologar la partitura: “Lo único que puede hacer hoy día un poeta es avisar”. La misa de muertos no es en manos de Britten únicamente el anuncio del juicio y la redención del alma, sino también una poética y desgarradora visión sobre los alcances de la autodestrucción del hombre.

La dirección musical estuvo a cargo de la experimentada batuta de Guillermo Scarabino, haciendo frente al arduo trabajo de concertación que implica conjugar los esfuerzos de dos coros, dos orquestas y tres solistas (cuatro si contamos el órgano, en esta oportunidad a cargo de César Bustamante). Scarabino supo mantener la claridad de los planos sonoros y los matices de esta obra monumental, logrando un potente dramatismo que no dejó decaer el interés en la casi hora y media que ocupa la ejecución.

La Orquesta Estable del Teatro Colón tuvo un desempeño muy parejo ajustándose a las diferentes y contrastantes dinámicas, mientras que el Coro Estable —preparado por Miguel Martínez— resultó irreprochable en su interpretación y entrega, logrando un sonido claro y homogéneo. El Coro de Niños, a cargo de César Bustamante, estuvo ubicado en la araña central desde donde las disciplinadas voces blancas adquirían un toque sobrenatural en sus invocaciones, rasgo enfatizado por la iluminación cenital diseñada por Gonzalo Córdoba.

Tamara Wilson, Guillermo Scarabino, Enrique Folger, Víctor Torres, la Orquesta y Coro Estables, al finalizar el Réquiem de guerra de Benjamin Britten, Teatro Colón, 2013

La parte de soprano estuvo a cargo de la eficiente Tamara Wilson, quien remplazó a la anunciada Carla Filipcic Holm, resultando incisiva y dramática en sus intervenciones, aunque un mayor control del vibrato hubiera sido deseable. El tenor Enrique Folger y el barítono Víctor Torres dieron a los poemas de Owen un fraseo profunda y trágicamente humano, logrando momentos de enorme belleza como el último dueto “Strange Meeting” en el que dos soldados de ejércitos enemigos se encuentran en el mundo de los muertos. La enorme sensibilidad y capacidad expresiva de Torres tornó desgarrador el verso “I am the enemy you killed, my friend” (Yo soy el enemigo que tu mataste, mi amigo) enmarcado por los sombríos y angustiosos ecos del “Libera me”.

Se trató, en síntesis, de una efectiva y contundente versión de esta obra monumental de Benjamin Britten, aunque sigue en pie el interrogante: ¿por qué un teatro lírico homenajea a un músico que compuso un importante número de óperas, programando una de sus obras sinfónico corales, pero incluyéndola dentro de la temporada lírica?

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2013


Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 07/10/2013
     
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