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“Rigoletto” en el Teatro Avenida : Una ópera bien encuadrada
Una nueva producción de la popular ópera verdiana fue la propuesta de Buenos Aires Lírica para la apertura de su temporada 2012. Por Ernesto Castagnino
 

Primer cuadro del acto primero de Rigoletto,
Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2012

RIGOLETTO, ópera en tres actos de Giuseppe Verdi. Nueva presentación escénica. Función del viernes 13 de abril de 2012 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena y escenografía: André Heller-Lopes. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Iluminación: Alejandro Le Roux. Elenco: Fabián Veloz (Rigoletto), Ivanna Speranza (Gilda), Angelo Scardina (Duque de Mantua), Walter Schwarz (Sparafucile), Vanina Guilledo (Maddalena), Ernesto Bauer (Conde Monterone), Claudio Rotella (Conde Ceprano), Fermín Prieto (Borsa), Norberto Marcos (Marullo), Alicia Alduncín (Giovanna), Gabriela Ceaglio (Condesa Ceprano), Laura Bjelis (Paje), Sebastián Angulegui (Ujier). Orquesta y Coro Buenos Aires Lírica. Director de coro: Juan Casasbellas.

“La aparición de este drama en el teatro dio motivo a un acto ministerial inaudito. Al día siguiente de su estreno remitió al autor, Jouslin de la Salle, director de escena del Teatro Francés, el siguiente oficio, cuyo original conserva: ‘En este momento, que son las diez y media, acabo de recibir la orden de suspender las representaciones de El Rey se divierte, que me comunica H. Taillor en nombre del ministro’ […] Parece que los encargados de censurar se han escandalizado, ofendidos en su moralidad, de El Rey se divierte; este drama ha ofendido el pudor de los gendarmes: la brigada Leotand la encontró obscena; la oficina de las buenas costumbres se ha tapado la cara y Vidocq se ha ruborizado. En una palabra, la consigna que la censura dio a la policía es la siguiente: El drama es inmoral”, escribió cáustico e indignado un Victor Hugo de treinta años, para defender su más reciente obra de un acto de censura.

Los tiempos políticos eran convulsionados: hacía apenas dos años de la revolución de 1830 que había implantado la monarquía constitucional de Felipe I y restituido —al menos en los papeles— derechos y libertades. Pero el poder monárquico, aunque ahora limitado por una constitución, no estaba preparado para permitir que se representara una obra protagonizada por un rey déspota y libertino capaz de semejantes crueldades y vejaciones, personaje sin el menor aspecto positivo y con el que el público no podría sentir ninguna empatía. Mucho menos podía tolerar que se admitiera la posibilidad de un regicidio que, aunque fallido en el drama, pudiera incitar al público a pensar que algo semejante fuera siquiera posible.

Diecinueve años después, Giuseppe Verdi —que ya había abordado otro texto de Victor Hugo para su ópera Ernani, con la que el escritor francés no había quedado muy conforme— encuentra en el drama en cuatro actos El Rey se divierte un tema ideal para llevar a la ópera, aunque debe remplazar el personaje del rey Francisco I de Francia por el del Duque de Mantua, para eludir así a la censura de su tiempo, para la cual el regicidio seguía siendo un “tema tabú”. Menos confrontativo que el escritor francés y dispuesto a hacer algunas concesiones para que su mensaje —aunque disfrazado— pudiera oírse, Giuseppe Verdi le permite al deforme bufón Triboulet, convertido por la pluma del libretista Francesco Maria Piave en Rigoletto, volver a gritar su desprecio por los cortesanos y, a través de ellos, a un poder en decadencia.

Fabián Veloz (Rigoletto) en el segundo acto de
Rigoletto, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2012

Luego del Rigoletto con puesta de Rita Cosentino en 2005, la agrupación Buenos Aires Lírica vuelve a apostar a este título verdiano, convocando esta vez a André Heller-Lopes. El régisseur y escenógrafo brasilero, que realiza su debut en nuestro país, propuso un espacio escénico dominado por tres enormes y dorados marcos de cuadros de tres tamaños que seccionaban el escenario dejando tres pasillos por los que transcurría la acción. En este dispositivo escénico, los personajes parecían salir del estatismo de los cuadros, saltando los marcos (no siempre con gracia) e interactuando entre sí. El efecto fue visualmente interesante, creando “escenas pictóricas” inspiradas en el decadentismo del siglo XIX con su característico recargamiento, su hedonista exaltación de los sentidos y su mordaz cuestionamiento de la moral burguesa.

La puesta de Rita Cosentino en 2005 trasladó la acción a comienzos del siglo XX, convirtiendo al bufón en un artista de varieté. En esta oportunidad, Heller-Lopes trasladó la acción al siglo XIX, haciéndola contemporánea del momento del estreno de la ópera y alejándola del tradicional siglo XVI. Pero el director de escena no redefinió, sin embargo, el rol del bufón —ya anacrónico en el siglo XIX— lo que produjo una discordancia insalvable. Pero el punto más débil de la propuesta fue la decisión de remplazar a la agonizante Gilda de la escena final por una aparición fantasmal del personaje que canta el duetto mientras Rigoletto sacude el saco de tela donde está el cadáver de su hija. El hecho de que Gilda muera en brazos de su padre luego de decir sus últimas palabras es una pieza fundamental de este melodrama verdiano, al que Heller-Lopes le quitó su contundente final. El bien realizado vestuario diseñado por Sofía Di Nunzio trazó con precisión la traslación al siglo XIX.

Fabián Veloz (Rigoletto) e Ivanna Speranza (Gilda) en el segundo cuadro del acto primero de Rigoletto, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2012

El elenco estuvo encabezado por la voz baritonal de Fabián Veloz, quien realizó una excelente actuación del desgraciado bufón, transformándose en la indiscutible figura de la noche. Veloz posee una voz de cuerpo y timbre verdiano, con un fraseo expresivo y agudos brillantes, pero además es un actor entregado capaz de transmitir con los gestos y colores vocales adecuados toda la gama de sentimientos por los que atraviesa el personaje a lo largo de la obra: sarcasmo, temor, angustia, odio, vergüenza, amor paternal.

La soprano Ivanna Speranza tuvo a su cargo el rol de Gilda, logrando transmitir el cambio de niña a mujer que sufre el personaje. Aunque el timbre no fue siempre bello, Speranza hizo un trabajo eficaz, creciendo a medida que avanzaba la obra hasta alcanzar un interesante dramatismo en el tercer acto, donde su vocalidad fue más expresiva y penetrante. Angelo Scardina no dio la talla con el rol del Duque de Mantua. Aunque el timbre es juvenil, no posee técnica suficiente para hacer frente a una partitura verdiana: sus notas calantes, falta de fiato y ausente sentido del fraseo, hicieron francamente ingratos los momentos que estuvo en escena.

Muy buen aporte de Walter Schwarz, un Sparafucile que supo sostener ese fa grave tan expuesto con el que Verdi quiso pintar la sordidez del personaje al final del duetto del primer acto. Vanina Guilledo fue una correcta Magdalena y Ernesto Bauer un sonoro conde de Monterone, responsable de la maldición dirigida al bufón al comienzo del drama y que se cumplirá inexorablemente al final. Completaban el elenco Alicia Alduncin como Giovanna, Norberto Marcos como Marullo, Fermín Prieto como Borsa, Claudio Rotella y Gabriela Ceaglio como los condes de Ceprano, Sebastián Angulegui como el ujier y Laura Bjelis como el paje.

Fabián Veloz (Rigoletto) e Ivanna Speranza (Gilda) en la escena final del acto segundo de Rigoletto, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2012

La orquesta estuvo dirigida por Carlos Vieu, un verdadero conocedor de los vericuetos de la partitura verdiana, atento a los detalles e imprimiéndole siempre a su batuta un sentido teatral. Vieu logró una versión musical impecable, tensa y dramática. El coro masculino de Buenos Aires Lírica, preparado por Juan Casasbellas, merece una especial mención por su excelente nivel en los diversos momentos concertantes que posee la obra.

En síntesis, una versión visualmente interesante y musicalmente dotada, con la destacable presencia vocal y escénica de Fabián Veloz en el rol protagónico, fue el resultado de esta segunda visita de Buenos Aires Lírica a unos de los títulos más populares de Verdi.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2012


Imágenes gentileza Buenos Aires Lírica / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 21/04/2012
     
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