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“El oro del Rin” en el Teatro Argentino : Wagner en el Riachuelo
Gran expectativa generó el estreno en La Plata del Prólogo de la tetralogía wagneriana que contó con un sólido elenco iberoamericano, una excelente dirección musical y una interesante puesta escénica. Por Ernesto Castagnino
 

Gabriela Cipriani Zec (Wellgunde), Florencia Machado (Flosshilde), Héctor Guedes (Alberich) y Victoria Gaeta (Woglinde) en el primer cuadro de El oro del Rin, Teatro Argentino, La Plata, 2012

EL ORO DEL RIN, prólogo de EL ANILLO DEL NIBELUNGO de Richard Wagner. Estreno platense. Funciones del sábado 17* y viernes 23 de marzo de 2012 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Alejo Pérez. Dirección escénica: Marcelo Lombardero. Escenografía: Diego Siliano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Elenco: Hernán Iturralde / Homero Pérez-Miranda* (Wotan), Ernesto Bauer / Federico Sanguinetti* (Donner), Martín Muehle / Enrique Folger* (Froh), Francesco Petrozzi / Carlos Bengolea* (Loge), Héctor Guedes / Luis Gaeta* (Alberich), Sergio Spina / Gonzalo Araya* (Mime), Christian Peregrino / Emiliano Bulacios* (Fasolt), Ariel Cazes / José Antonio García* (Fafner), Adriana Mastrángelo / Alejandra Malvino* (Fricka), María Bugallo / Claudia Riccitelli* (Freia), María Isabel Vera / Claudia Casasco* (Erda), Victoria Gaeta / María del Rocío Giordano* (Woglinde), Gabriela Cipriani Zec / Cecilia Patawski* (Wellgunde), Florencia Machado / Rocío Arbizu* (Flosshilde). Orquesta Estable del Teatro Argentino.

Luego de un magnífico Tristán e Isolda y un disfrutable Lohengrin en 2011, los dos principales teatros líricos de nuestro país continúan este año saldando su deuda con el público wagneriano. Este año el Teatro Argentino de La Plata dio comienzo al ciclo de El anillo del nibelungo, tetralogía de la cual se verán este año sus dos primeras partes, dejando las dos siguientes para la temporada 2013, año del bicentenario del nacimiento del compositor. Por su parte, el Teatro Colón cerrará la temporada actual con una versión abreviada de El anillo, reducido a unas 7 horas de las 14 originales, con dirección escénica de Katharina Wagner, bisnieta del compositor.

El anillo del Nibelungo, subtitulado “Festival escénico en un prólogo y tres jornadas”, fue indudablemente la obra más ambiciosa de Richard Wagner y seguramente de toda la historia de la ópera. Su escritura demandó veintiséis años y constituye en si misma un manifiesto artístico ya que en ella el compositor alemán aplicó todos los principios musicales y estéticos con los que ya venía trabajando en Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Nüremberg. Con estas obras se inauguró la etapa de los “dramas musicales” que dejaron atrás todas las convenciones de la ópera romántica —convenciones que aún estaban presentes en obras anteriores como El holandés errante, Lohengrin y Tannhäuser— y profundizaron en la idea de una “obra de arte total” en la que poema y música constituyeran una unidad.

La intención era crear una melodía infinita, es decir un relato musical continuo en el que los leitmotive o temas principales asociados a determinados personajes o conceptos permitieran al oyente asociaciones y, por lo tanto, una comprensión del drama en la que ya sería imposible distinguir o separar lo musical, lo visual y lo poético. De ahí la idea de “totalidad”. Wagner se sirvió de los poemas épicos medievales como el Cantar de los nibelungos o la Saga Volsunga, en los que encontró un héroe como Sigfrido, a quien veía como ese Übermensch (superhombre) capaz de restablecer el equilibrio en la Naturaleza devolviendo el oro robado por el nibelungo Alberico a su lugar de origen, el Rin.

La propuesta escénica de Marcelo Lombardero —junto a su equipo habitual formado por Diego Siliano en el diseño escenográfico y Luciana Gutman en el vestuario— planteó un mundo futurista en el que se pone de manifiesto la lucha de clases en los términos más brutales, incluyendo el trabajo esclavo infantil. En este contexto, el relato abandonó sus referencias mitológicas y así Lombardero nos llevó a un Rin más cercano al Riachuelo que a un río prodigioso, hacia un Walhalla que se asemejaba más a un decadente y pomposo lobby de hotel cinco estrellas que a la dorada morada de los dioses. Los dioses mismos se nos presentaron como unos aburridos y frívolos “nuevos ricos”, mientras que la raza de los nibelungos se transformó en niños explotados en las minas. El mismo intercambio de la diosa Freia como prenda de pago a los gigantes Fafner y Fasolt que construyeron el Walhalla, resonó en este contexto como un caso de trata de personas.

Ernesto Bauer (Donner), Martín Muehle (Froh), Hernán Iturralde (Wotan) y Adriana Mastrángelo (Fricka) en el segundo cuadro de El oro del Rin, Teatro Argentino, La Plata, 2012

El recurso de la ironía, que Lombardero utiliza con frecuencia en sus puestas —recuérdese el torero reaggetonero de Carmen (2011) o la Vitellia dominatriz de La clemenza di Tito (2003/2006)— rindió aquí interesantes frutos conformando una interesante metáfora de la ambición y la explotación en la sociedad de consumo. Así desfilaron Fricka con sus bolsas del shopping, Loge hablando por celular con las hijas del Rin, Erda convertida en una pitonisa de la televisión y Mime tomando cerveza de lata, todos eslabones de una cadena de brutalidades e injusticias que nos son bien familiares en el mundo contemporáneo. Las proyecciones, animaciones y el vestuario enfatizaban la construcción de estos dos universos contrastados: el subterráneo, negro, opaco y trash versus el blanco, plateado y net de la clase privilegiada.

El elenco estuvo encabezado por el gigantesco Wotan de Hernán Iturralde un bajo-barítono de gran versatilidad y con sobrados medios vocales para hacer frente al rol. Su Wotan fue autoritario e imponente, en tanto Homero Pérez-Miranda en el elenco alternativo, también con buenos medios, apuntó a una caracterización del “dios” más elegante y aristocrática. La mezzosoprano Adriana Mastrangelo como Fricka, la celosa y despechada compañera del infiel Wotan, tuvo un buen desempeño vocal y una presencia deslumbrante, con un glamoroso vestido diseñado por Gutman, aunque la Fricka más fría y crispada de Alejandra Malvino en el otro elenco tuvo mayor impacto a nivel interpretativo.

Completaban el grupo de “dioses” un Donner violento y bien plantado de Ernesto Bauer que esgrimía un revólver en lugar de martillo, el Froh de Martín Muehle, la Freia de María Bugallo y el astuto y sonoro Loge del tenor peruano Francesco Petrozzi. La casta de los “gigantes” devenidos en enormes albañiles-operarios estuvo representada por los bajos Christian Peregrino como Fasolt y Ariel Cazes como Fafner, con mayor proyección vocal de este último.

Francesco Petrozzi (Loge), Hernán Iturralde (Wotan) y Héctor Guedes (Alberich) en el tercer cuadro de El oro del Rin, Teatro Argentino, La Plata, 2012

El canto expansivo de Héctor Guedes transmitió todas las facetas del nibelungo Alberico, verdadero motor del conflicto al robar el oro que luego le es arrebatado por Wotan. Lascivo, avaro, aterrador, Guedes exploró cada una de sus características y no ahorró medios al enviar su escalofriante maldición al anillo que le acaba de ser robado. Su hermano Mime tuvo, en la voz de Sergio Spina, el carácter asustadizo y sombrío del personaje.

La decisión de hacer aparecer a Erda en la pantalla mientras se oye su voz fuera de escena, perjudicó en parte el efecto sobrenatural que tiene su misteriosa visión, y la voz aunque audible quedaba algo opacada. No obstante la contralto María Isabel Vera dio los acentos oscuros que convienen a esta deidad originaria devenida aquí en pitonisa. Victoria Gaeta, Gabriela Cipriani Zec y Florencia Machado conformaron el trío de hijas del Rin, las custodias del oro que al ser robado desencadena el drama que concluirá para nosotros a fines del 2013 cuando con los acordes finales de El ocaso de los dioses, la valquiria Brunilda se inmole mientras devuelve el anillo a su dueño, el Rin, restableciendo el equilibrio del universo.

Alejo Pérez, al frente de la Orquesta Estable del Teatro Argentino, ya había demostrado lo que puede hacer con una partitura wagneriana el año pasado con Tristán e Isolda, y renovó ahora sus credenciales como director wagneriano. Desde el acorde inicial que los contrabajos sostienen con gravedad para sumergirnos en el torrente del río; la claridad, la articulación y el equilibrio estuvieron presentes en la dirección de Pérez, quien llevó adelante el principio wagneriano de la “melodía infinita” con mucha naturalidad y fluidez, sin jamás sobrepasar a las voces.

Escena final de El oro del Rin, Teatro Argentino, La Plata, 2012

Con mucha expectativa se esperaba esta gran apuesta del Teatro Argentino, que demostró una vez más que aquello que parece imposible puede hacerse posible, y que una producción argentina de El anillo del nibelungo con cantantes latinoamericanos está a nuestro alcance. Una poderosa puesta escénica, que seguramente irá tomando mejor forma a lo largo de las siguientes jornadas, un elenco vocal irreprochable y una dirección musical inspirada, estuvieron allí para comprobarlo.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2012


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti
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Publicado el 02/04/2012
     
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