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“La condenación de Fausto” en el Teatro Argentino : El poder ilimitado de la música
Se presentó en versión de concierto esta “leyenda dramática” de Hector Berlioz, en la que un excelente trabajo de concertación permitió apreciar esta obra bella e inclasificable. Por Ernesto Castagnino
 

La condenación de Fausto, Teatro Argentino, La Plata, 2009

LA CONDENACIÓN DE FAUSTO, leyenda dramática en cuatro partes de Hector Berlioz. Función del viernes 16 de octubre de 2009 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Dirección musical: Alejo Pérez. Director de coro: Miguel Martínez. Elenco: Luca Lombardo (Fausto), Hernán Iturralde (Mefistófeles), María Luján Mirabelli (Margarita), Ariel Cazes (Brander), Sonia Stelman (Una voz). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Coro de Niños del Teatro Argentino, dirección: Mónica Dagorret.

Las obras difíciles de clasificar en las categorías habituales son generalmente objeto de grandes y profundos estudios críticos, debido justamente a su naturaleza escurridiza y su originalidad. La condenación de Fausto (La damnation de Faust) estrenada en 1846 en París con un estrepitoso fracaso de público, es una de esas obras. Lo cierto es que esta légende dramatique —así la subtituló Berlioz— no es una ópera en sentido estricto pero tampoco es un oratorio, porque la impronta dramática ausente o incipiente en aquél es aquí patente. Como quiera que se la defina, esta composición de Hector Berlioz, inspirada en el relato de Goethe, goza hoy de popularidad y suele formar parte de las temporadas líricas de los principales teatros.

La trama consta de veinte escenas que se suceden con relativa fluidez, pero si bien Berlioz no tuvo el “instinto” teatral que poseía Verdi, por ejemplo, sus ideas orquestales trascienden cualquier dificultad de continuidad dramática. La orquestación es suntuosa y de gran escala, tal vez demasiado para el oído del espectador de mediados del XIX, acostumbrado a orquestaciones más “complacientes” como las de Rossini, Meyerbeer o Donizetti. La orquesta no se limita a acompañar la línea vocal sino que tiene su propio rol en la evolución dramática, comentando e ilustrando con enorme riqueza tímbrica y osados contrastes dinámicos, dando lugar a una verdadera sinfonía dramática, género sin precedentes que Berlioz ya había cultivado en su obra Romeo y Julieta. Este inusitado protagonismo de la orquesta, en un mundo musical dominado aún por el bel canto y el indiscutido reinado del virtuosismo vocal, hace pensar en la poca confianza que Berlioz tenía en la palabra como medio de expresión. El compositor escribió en sus memorias acerca de este tema expresando que “el idioma instrumental es un lenguaje más rico (que la palabra), más variado y menos limitado y, por su aliteralidad, infinitamente más poderoso”.

La versión en concierto ofrecida por el Teatro Argentino de La Plata permitió disfrutar de una espléndida interpretación musical a cargo del director Alejo Pérez, quien realizó un magnífico trabajo de concertación. La vigorosa batuta de Pérez pudo dominar la enorme masa de sonido y a la vez buscar sutilezas y texturas en una equilibrada exposición de los diferentes planos sonoros. Sorprendió la decisión de acortar el coro del Pandemonium final, en el que los demonios del infierno celebran el triunfo de Mefistófeles cantando en una lengua inventada por Berlioz. La Orquesta Estable tuvo una actuación de alto nivel con numerosas intervenciones solistas, entre las que se destacó la del corno inglés que acompañó la segunda aria de Margarita. También impecable el Coro Estable, preparado por Miguel Martínez, que desdoblándose en campesinos, seres celestiales o demoníacos aportó un canto homogéneo y pulcro.

Luca Lombardo, María Luján Mirabelli, Alejo Pérez y Hernán Iturralde,
junto a la Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino,
interpretando La condenación de Fausto, La Plata, 2009

El rol de Fausto correspondió al tenor Luca Lombardo de timbre no siempre límpido pero capaz de expresar con sobriedad la profunda melancolía y resignación del personaje. La mezzosoprano María Luján Mirabelli abordó el rol de Margarita con buenos resultados. Si bien se hubiera deseado un timbre menos maternal para caracterizar a la joven muchacha, Mirabelli cantó su aria “D’amour l’ardente flamme” (La ardiente llama del amor) con entrega, logrando transmitir la fragilidad del personaje a través de bellos piani. El Mefistófeles de Hernán Iturralde fue simplemente magnífico. Con impecable fraseo, seleccionando los acentos justos, y proyectando una voz baritonal de enorme autoridad escénica, Iturralde aportó el elemento vocal más destacado de la noche. A diferencia de las versiones de Gounod y Boito, en esta obra Mefistófeles es menos siniestro y, si se me permite el contrasentido, menos diabólico. Aparece a los ojos de Berlioz como un personaje más campechano, un tanto bufo y amante de los placeres. Iturralde, con un profundo trabajo con las palabras y las frases, supo imprimirle estas características inconfundibles al personaje. El bajo Ariel Cazes tuvo a su cargo el breve rol de Brander y cantó con gracia la “Canción de la rata” junto con los borrachos de la taberna.

Se trató, en síntesis, de una excelente versión de una obra compleja y admirable, plagada de bellos momentos que pudieron apreciarse gracias a la diestra dirección de Alejo Pérez y la hábil coordinación de las fuerzas instrumentales, corales y solistas. Sólo se lamentó la decisión de algunos cortes en la partitura y la ausencia de escenificación, con la que esta obra, bien servida en lo musical, hubiera ganado enormemente.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2009

Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata
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Publicado el 27/10/2009
     
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