Viernes 15 de Noviembre de 2019
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“La serva padrona” en Chile : ¿Quién manda a quién?
En una imaginativa puesta, que unió el barroco con el “pop art”, un grupo de jóvenes cantantes bajo la dirección musical de David Núñez le sacaron provecho a este intermezzo cómico de Giovanni Battista Pergolesi. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Santiago de Chile)
 

Los intérpretes de La serva padrona presentada por el
Instituto de Música de la Pontifícia Universidad Católica, 2009

LA SERVA PADRONA, intermezzo cómico de Giovanni Battista Pergolesi. Función del jueves 24 de septiembre de 2009 en el Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica. Reparto: Grete Bussenius (Serpina), Eduardo Jahnke (Uberto), Eduardo Rokas (Vespone). Conjunto instrumental dirigido por David Núñez. Producción a cargo de Miryam Singer (dirección de escena, escenografía, vestuario e iluminación).

El Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica cada jueves presenta gratuitamente un concierto. De acuerdo a su programación, el pasado jueves 24 correspondía conmemorar el año Handel con una representación de Agrippina. Razones económicas lo impidieron, y en cambio se montó el intermezzo cómico La serva padrona de Pergolesi. Un riesgo inherente al comentario de una representación musical es la racionalización. No siempre es sencillo traspasar al lenguaje escrito la experiencia musical de un espectador, y en el caso de una obra particularmente breve y ligera como esta, el riesgo se incrementa.

La pequeña pieza de Pergolesi, en menos de una hora, nos presenta la poco convencional relación entre una criada y su amo. El casorio que corona la trama es tan improbable como divertido, y bien montada, la obra luce los mejores colores del barroco maduro. Miryam Singer, que a comienzos de año mostró un minimalista Orfeo monteverdiano, hizo justicia al humor blanco de la obra, con una puesta en escena llena de colores chillones, uniendo el lenguaje del barroco con el del pop art. Los artefactos ubicados en el escenario fueron funcionales a la acción, lo que siempre se agradece, e incluso el detalle del sillón-cama en el final tomó por sorpresa a muchos. El vestuario estuvo en línea con el concepto, intencionadamente recargado para Vespone y Serpina, la “sierva patrona” que da título a la pieza, y más limpio en confección para Uberto, el patrón sometido. Las tres paredes que daban forma a la habitación estaban decoradas por figuras y colores emparentados con el graffitti, sobresaliendo una imagen de la protagonista de La nana, la película chilena ganadora del último Festival de Sundance que, con una narrativa muy diferente, coloca también al centro de la historia a una “nana dominante”, es decir una serva padrona.

El material de Grete Bussenius se acomoda bien a Serpina, soprano ligera con amplias exigencias histriónicas. La voz es delgada, tipo soubrette, y tiende a perder un poco de volumen en el agudo, así como color en el grave, lo que en ningún caso desfigura su interpretación. Eduardo Jahnke juega bien con su amplia presencia física, que le agrega un cierto encanto a la relación que tiene con su criada. Su amplia voz de bajo es particularmente italiana, e incluso cuando desciende en el registro, mantiene un color muy individual. Eduardo Rojas en el rol mudo de Vespone sencillamente se robó la función. El que esté familiarizado con la obra en disco se sorprenderá al comprender ahora un sinnúmero de detalles que solo la representación escénica clarifica. Rojas se mueve por todo el escenario (literalmente... todo), y da vida a un personaje impertinente, pero imposible de odiar. Estos tres artistas jóvenes muestran que no hay roles menores, sino sólo malos interprétes.

David Núñez, violinista venezolano conocido en nuestro medio desde hace tiempo, comandó un cuarteto de cuerdas que sonó perfecto. Felipe Guerra en el clavecín y el propio Núñez brillaron con luz propia en los recitativos, que en todo momento estuvieron conectados con lo que ocurría en escena. El conjunto sacó el jugo a una partitura imaginativa, en particular en la imitación de sonidos corporales en el dúo final. Quizá el único reparo que puede hacerse es a la idea de haber hecho dos representaciones seguidas de la misma obra, cuando el emparejamiento con otra hubiese sido la coronación de una alegre velada. Si se puede con Cavalleria rusticana e I pagliacci... ¿por qué no con el barroco?

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, septiembre de 2009
__________

Espacio de Opinión y Debate
¿Estuviste en esta ópera y no coincidís? ¿Qué te pareció este comentario? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

Publicado originalmente el 28/09/2009

 
Publicado el 30/09/2009
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados