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Simon Rattle y la Orquesta Filarmónica de Berlín en el Southbank Centre : El fin de una era
La orquesta alemana inició en mayo pasado la última gira europea con el excelente y carismático músico inglés como su Director Musical, presentando dos programas que lo identifican. Por Luciano Marra de la Fuente (enviado especial a Londres)
 

Simon Rattle junto a la Orquesta Filarmónica de Berlín, en el Royal Festival Hall del Southbank Centre, Londres, 2018

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BERLÍN. Dirección: Simon Rattle. Conciertos del miércoles 30 y jueves 31 de mayo de 2018 en el Royal Festival Hall del Southbank Centre de Londres. Miércoles 30 — Hans Abrahamsen: Tres piezas para orquesta (estreno local). Bruckner: Sinfonía N° 9 en Re menor (con el final de Samale, Mazzuca, Philips & Cohrs). Jueves 31 — Jörg Widmann: Tanz auf dem Vulkan (Danzar sobre el volcán) para orquesta (estreno local). Lutoslawski: Sinfonía N° 3. Brahms: Sinfonía N° 1 en Do menor.

El 20 de junio Simon Rattle empuñará por última vez la batuta como Director Musical de la Orquesta Filarmónica de Berlín en su magnífica sala de conciertos. Con las turbulencias mahlerianas de la Sinfonía N° 6, la misma obra que interpretó cuando en 1987 actuó por primera vez como director invitado, ese día se cerrará un ciclo de transformaciones para esta legendaria orquesta fundada en 1882. Es el décimo Director Musical de esta agrupación berlinesa, sucediendo a Claudio Abbado y antecediendo al ruso Kirill Petrenko, actual Director Musical de la Ópera del Estado de Baviera y que debutará oficialmente en su nuevo puesto berlinés el 19 de agosto de 2019.

La última gira internacional de Simon Rattle al frente de la ejemplar orquesta comenzó con estos dos conciertos que aquí se reseñan y tuvieron lugar en el Royal Festival Hall del Southbank Centre de Londres. Luego su recorrido continuó en Viena y prosigue en Amsterdam, Colonia, Madrid y Barcelona, presentando los mismos programas londinenses. Fue una ocasión, sin lugar a dudas, muy especial, no sólo por las obras que interpretaron sino también por el costado emotivo que fue vivenciar esta última vez, fuera de casa, para el director inglés y la orquesta centenaria.

Si hay algo que logró Rattle, desde el comienzo de su gestión en Berlín, fue el ampliar los límites del repertorio sinfónico, sobre todo con la frecuentación de las estéticas del siglo XX y el encargo de obras a compositores actuales. No fue extraño entonces encontrar una obra nueva en cada inicio de programa de esta gira: los compositores elegidos fueron el danés Hans Abrahamsen (1952) y el alemán Jörg Widmann (1973).

El gesto inicial de la primera de las Tres piezas para orquesta de Abrahamsen, un ataque en forte del tutti con una figuración rápida y repetida, mostró el estilo tan personal de este compositor que, afortunadamente, está siendo reconocido en todas partes del mundo. Si bien esta obra de unos diez minutos de duración —estrenada el 26 de mayo pasado en Berlín y dedicada a Rattle— hace uso de una orquesta de dimensiones post-románticas más un impactante set de percusión, la simplicidad de las combinaciones de instrumentos se vuelven de cámara, para el lucimiento de cada atril, no sólo por sus habilidades técnicas sino para resaltar las virtudes propias de cada timbre. Los dos píccolos, la celesta y el piano, más algunas puntuaciones muy delicadas de la percusión, por ejemplo en la segunda pieza, generaron una línea melódica envolvente sobre un colchón de violines en armónicos, de extrema belleza. La tercera pieza posee un gesto rítmico constante de las claves y maracas sobre el cual las diferentes cuerdas son resaltadas: los contrabajos con una línea virtuosa al comienzo, el surgimiento de los cellos al son de las campanas que generan un tono misterioso, para luego la aparición un breve sección de los violines con algunos instrumentos de vientos para llegar finalmente al sonido de las violas, estático y sumamente expresivo.

Simon Rattle junto a la Orquesta Filarmónica de Berlín, en el Royal Festival Hall del Southbank Centre, Londres, 2018

Tanz auf dem Vulkan de Widmann no podría ser más contrastante con el mundo sonoro de Abrahamsen: tiene que ver con el aspecto performático de una obra para gran orquesta con grandes trazos sonoros más que con el detallismo tímbrico de ese organismo. La obra comienza en un estilo de jazz sin el director en el podio, como si fuera algo improvisado hasta que Rattle ingresa con las manos en los bolsillos mirándolos de manera risueña. Una vez en el podio el estilo cambia radicalmente: una masa sonora que se mueve de manera rapsódica, con una sucesión de pequeños motivos en los diferentes instrumentos, que remiten tal vez al carácter de danza aludido en el título de la obra. Hacia el final se puede escuchar algún eco a las polirritmias de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky y ese estilo sauvage característico, que se disuelve nuevamente cuando la orquesta se independiza y vuelve a tocar las melodías jazzeras, mientras Rattle se retira del escenario de la misma manera como entró. Esta obra particular, con sus contrastes estilíticos y su impacto sonoro, es un buen homenaje al director inglés que le hace el compositor y clarinetista alemán que expresó: “El trabajo del director de la Filarmónica de Berlín se puede describir con cuatro palabras: bailar sobre el volcán”. 

En el segundo de los conciertos, para completar la primera parte, Rattle eligió a uno de los tantos compositores del siglo XX que siempre reivindicó, Witold Lutoslawski: lo hizo con la bellísima Sinfonía N° 3 (1983), una obra de extremo virtuosismo para la orquesta, donde las diferentes secciones instrumentales tienen una independencia del gesto del director en las secciones ad libitum marcadas por el autor. Escuchar cómo los músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín dialogan, se complementan o chocan, a la manera de la música de cámara, con un cuidado por los matices dinámicos y la perfecta precisión de ensamble, sobre el discurso expresivo del compositor polaco fue, tal vez, una de las experiencias más impresionante de las dos noches londinense. La articulación del tutti de las cuerdas, hacia el final de la obra, en una línea expansiva, con reminiscencias al expresionismo de Alban Berg, fue el clímax de esta interpretación majestuosa.

Cada programa cerró con sinfonías de compositores románticos alemanes, contemporáneos entre sí y emblemáticos para la tradición de la orquesta berlinesa: Anton Bruckner y Johannes Brahms. Las lecturas de Simon Rattle ofrecieron una traducción sonora perfecta a las estéticas de cada uno: la herencia beethoveniana estuvo presente en la Sinfonía N° 1 de Brahms y el influjo exacerbado de Richard Wagner, aunque también las aproximaciones a otros sinfonistas alemanes —incluso del propio Brahms—, en la póstuma Sinfonía N° 9 de Bruckner. La respuesta de la Filarmónica de Berlín en cada caso, sin dudas, fue excepcional.

Simon Rattle junto a la Orquesta Filarmónica de Berlín, en el Royal Festival Hall del Southbank Centre, Londres, 2018

En el primer concierto, con Bruckner, fue sorprendente cómo el sonido casi imperceptible del tremolante de las cuerdas del “Feierlich, misterioso” inicial fue surgiendo desde el silencio, como también en otras secciones las cuerdas lograron un sonido pleno, aterciopelado, en buen ensamble con las maderas y los metales. Hubo partes del desarrollo en el que pasmó el virtuosismo sonoro, tanto técnico y dinámico, logrado por los músicos berlineses. El tono liviano y un tanto nervioso del “Scherzo” fue de una belleza extrema por su ensamble admirable, en tanto que el Trío tuvo un sonido perfecto, destacándose las frases de las flautas y el oboe.

El gesto desesperado, generado por las armonías herederas del Tristan e Isolda de Wagner, fue expansivo en el subyugante “Adagio” —muchas veces se concluye esta obra con este movimiento—, aquí llevado por Rattle de manera lírica y a la vez profunda. En el “Finale” —este movimiento que Bruckner dejó inconcluso a su muerte y que fue editado por diferentes especialistas, en el caso de este concierto por Nicola Samale, Giuseppe Mazzuca, John A. Philips y Benjamin-Gunnar Cohrs—, Rattle logró llegar al clímax de monumentalidad característico del compositor, sobre todo en coral conclusivo, donde hubo contrastes bien logrados entre los metales enfáticos y la delicada línea de las cuerdas. La plenitud sonora, reforzada por el empleo de los súbitos cambios en los matices dinámicos, llegó en la sección final con el acorde conclusivo de los metales y el tremolando nervioso de las cuerdas.

Las cuerdas, nuevamente, fueron protagonistas en Brahms, con unos sonoros golpes de timbal, en el vibrante “Un poco sostenuto” del comienzo, que desembocó en el tema del “Allegro” tomado por Rattle en un tono bastante nervioso, sin perjuicio de evidenciar la preciosura de las líneas melódicas brahmsianas por los diferentes grupos instrumentales. Uno no puede dejar de asombrarse cómo la orquesta berlinesa matiza las frases, por ejemplo hacia el final de este movimiento, llegando a un piano que corta el aliento y contorneando una línea conclusiva muy sutil. Esta misma habilidad aparece en el “Andante sostenuto”, no sólo en el ensamble que pareciera respirar las frases de manera orgánica sino también en el concertino solista que proyectó una sonoridad espectacular. Todo esto logró una expresividad suprema, encontrando el exacto tono emocional para el discurso poético de Brahms, aquí la otra experiencia impresionante de estos conciertos de Londres.

La ligereza adoptada para “Un poco allegretto e grazioso” mostró la rapidez y precisión que puede lograr el tutti orquestal, que desembocó sin pausa en el dramatismo no sobreactuado del “Adagio” del comienzo del último movimiento. El sonido del solo de corno en el “Più andante” fue brillante, en tanto que el fraseo del “Allegro non troppo, ma con brio” fue de una soberbia nobleza, que se transformó con el aceleramiento de la velocidad y la explosión dinámica del “Più allegro” conclusivo, con unas frases enfáticas plenas de nerviosismo y culminando en una apoteosis sonora impactante.

Aplausos finales para Simon Rattle y la Orquesta Filarmónica de Berlín, en el Royal Festival Hall del Southbank Centre, Londres, 2018

Una apoteosis que hizo vibrar a todo el público del Royal Festival Hall del Southbank Centre de Londres, que brindó una esplendorosa ovación para la Orquesta Filarmónica de Berlín y Simon Rattle. Estos dos programas demuestran, en el final de su era como Director Musical de la tal vez mejor orquesta del mundo, su sello personal y carismático, una impronta que va a quedar siempre en la memoria.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2018

En la publicación original de este artículo (08/06/2018) se escribió incorrectamente el nombre del compositor Jörg Widmann. Esto ha sido corregido.

Fotografías de Monika Rittershaus, gentileza Orquesta Filarmónica de Berlín
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Publicado originalmente el 08/06/2018

 
Publicado el 31/01/2019
     
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