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Enrique Bordolini : La actualidad de un legado
Antes del estreno de la nueva producción de “La bohème” que sube a escena al Teatro Colón el 12 de octubre, nos acercamos para conocer de cerca el trabajo de este escenógrafo, uno de los más destacados de nuestro país. Por Ernesto Castagnino
 

Enrique Bordolini / Foto de Máximo Parpagnoli

Los ambientes en los que transcurre la entrañable historia de los bohemos parisinos ya forman parte del imaginario colectivo. La bohardilla, el Barrio Latino, la Barrière d’Enfer y nuevamente la bohardilla, son los espacios en los que se desarrollan los cuatro cuadros de una de las óperas más representadas en la historia del género. “En Puccini, todo, hasta el más mínimo detalle, está escrito”, afirma con énfasis Enrique Bordolini. Su escenografía para la producción de 1999 —dirigida escénicamente por Grisha Asagaroff y protagonizada por Mirella Freni y Luis Lima— partió de esa premisa, creando una ambientación de extraordinario realismo en la que cada pequeño detalle, cada matiz o realce de la luz, contaba algo sobre la vida de esos seis jóvenes. Casi veinte años después, Bordolini volverá a crear los ambientes donde el público verá bromear, pelear, amar y morir a la bordadora Mimì, el poeta Rodolfo, el pintor Marcello, el músico Schaunard, la cocotte Musetta y el filósofo Colline.

¿Cuándo tuvo su primer contacto con La bohème?
La primera que hice, trabajando en el teatro, fue nada menos que con dirección escénica de Margarita Wallmann y decorados de Nicola Benois, en 1970. Era tocar el cielo con las manos día tras día. Curiosamente, mi primer diseño propio para una Bohème no fue la de Puccini sino la de Leoncavallo, cuando Valenti Ferro me convocó en 1982 para hacerla. Después vino la producción de La bohème de Puccini de 1999 en este teatro, y en el 2003 la producción para la Ópera de Colombia en Bogotá.

¿Cómo es, para un escenógrafo, encarar una nueva producción de una ópera ya realizada en otras ocasiones? ¿Es diferente a cuando encara un proyecto de una ópera con la que nunca trabajó antes?
Es una mezcla entre preservar lo que uno cree que funcionó, desde el punto de vista práctico y estético, cambiar lo que decididamente no funcionó y, al mismo tiempo, cumplir con ciertos requisitos que el teatro tiene. En este caso, se trata de una coproducción entre tres teatros bien disímiles: el Teatro Colón donde se estrena, el SODRE de Montevideo —donde irá en 2019— y la Ópera de Tenerife, que la verá en 2020. Desde el punto de vista práctico y estético, una Bohème sin intervalo entre el primero y segundo acto es lo más aconsejable hoy y, entre muchas otras, tuvimos que tomar esa decisión. Desde el punto de vista de los requisitos del teatro, la reposición de la producción de 1999 hubiera dificultado, por sus dimensiones y características, el montaje en los otros dos teatros asociados. De modo que se pensó en una reposición simplificada, manteniéndola en época y estética de la versión de 1999. Desde el lado de la coproducción, el desafío es buscar la ‘modulación’ que permita intercambiar, sacar o agregar elementos que, sin desvirtuar la puesta, haga posible el montaje en escenarios diferentes. Por los costos de producción, cada vez será más natural el encargo de varios teatros asociados.

¿Es su primera colaboración con el régisseur Stefano Trespidi?
Si, es la primera vez que trabajamos juntos. Stefano llego al Colón el año pasado como repositor de La traviata y hace su debut como regista con esta Bohème.

El taller del escenógrafo

Boceto de Enrique Bordolini para La bohème, Teatro Colón, 2018

Usted suele encargarse conjuntamente de la escenografía y la iluminación, ¿las considera indisolubles en su concepción?
Desde la misma concepción, y cuando se plasma el diseño, la única forma de presentarlo es a través de la luz que le demos, ya en el boceto. Sí, para mí la resolución de una planta de luz va de la mano de la resolución de un decorado, de sus movimientos y cambios.

¿Dónde encuentra inspiración para sus diseños? ¿Cómo se da el proceso creativo en su caso?
En un comienzo, trabajo siempre mis diseños desde arriba y no desde el plano frontal, esto me permite solucionar primero lo que considero fundamental: formas y movimientos. No me sirve un buen plano estético o una foto perfecta que no tenga funcionalidad. Mis decorados comienzan en planta para ver cómo se mueven e interaccionan los personajes en las distintas secuencias de la obra. Después se completa el proceso en forma natural, pero siempre empiezo por ahí.

¿Hay compositores o estilos con los que sienta mayor afinidad o lo inspiren más?
En algún momento, todos somos encasillados o catalogados en tal o cual repertorio. Por supuesto hay géneros donde uno se siente más cómodo, pero nuestro trabajo es resolver lo que tengamos delante. En mi caso, me siento más cómodo con Verdi y con el drama que con el barroco, la comedia o lo contemporáneo. Sin embargo, vengo de hacer Giulio Cesare de Handel, voy camino a Don Pasquale y fue muy gratificante, hace dos años, el suceso de Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann (risas).

¿Se ha dedicado a la enseñanza y formación de nuevos escenógrafos? ¿Cómo ve a la generación de escenógrafos más jóvenes?
La enseñanza no ha sido mi fuerte y es una deuda, pero hay otras formas de trasmitir lo aprendido: en el trabajo de todos los días, cada vez que piso el escenario y, fundamentalmente, en el legado de un trabajo que hago hace ya 46 años en el mundo de la ópera y el ballet. Hay jóvenes con excelente formación a los que les está yendo muy bien. Nicolás Boni, por nombrar uno, que este año debutó en nuestro teatro como escenógrafo de Pélleas et Mélisande.

Cuéntenos algunos de sus proyectos futuros…
Acabo de entregar los diseños para Madama Butterfly en el SODRE de Montevideo, que se estrena en noviembre. Continúo con la Dirección Técnica del Teatro Argentino de La Plata y, para el año próximo, proyectando Don Pasquale y Un tranvía llamado deseo. Otra actividad que me entusiasma es la puesta en marcha del nuevo escenario del Teatro Tronador de Mar del Plata.

Enrique Bordolini en el montaje de su escenografía para Die soldaten, Teatro Colón, 2016 / Foto de Arnaldo Colombaroli

Hombre de teatro

En las últimas cinco décadas, el nombre de Enrique Bordolini ha estado asociado a grandes y exitosas producciones, no solo del Teatro Colón sino de numerosos teatros latinoamericanos y europeos. “Llegué al Colón en una época dorada, corría el año 1968 y, si se tiene en cuenta los cuatro años previos de la carrera de Escenografía en el Instituto, podemos decir que aprendí a caminar el mundo de los secretos y laberintos de este teatro desde 1964”, rememora con orgullo.

¿Cómo fueron esos años de formación en el ISA?
Con la adrenalina de estudiar en el mismo lugar en el que aspirábamos trabajar. Sin saberlo, en esas aulas estaban conmigo los futuros jefes de distintos talleres técnicos del teatro y grandes diseñadores como Ernesto Ferreiros, Víctor De Pilla y Aníbal Lápiz. Como las clases de práctica de taller se hacían en el mismo teatro y no en las aulas, podíamos interactuar con el teatro y sus personajes, espiar desde los palcos los ensayos de luz de Roberto Oswald y Ernst Poettgen para Tristán e Isolda o la Tetralogía. Justamente de Oswald, un querido maestro, me convertiría al poco tiempo en su asistente. Fue una época de lujo, con profesores como Benavente, Chiesa, Luque y Tabernero. Y viendo trabajar a directores de escena como Margarita Wallmann, Joachim Hertz, Pipo Crivelli, Beppe de Tomasi, escenógrafos como Günther Schneider-Siemssen, Tito Varisco, José Varona, Nicola Benois, Ming Cho Lee. Fuimos unos privilegiados, junto a Hugo de Ana y Ariel Bianco, al poder asistir y aprender de esa generación de grandes directores y escenógrafos.

Luego de tantas temporadas y de haber ocupado cargos directivos, el Teatro Colón no tiene secretos para usted…
Como escenógrafo comencé, como otros, en ese semillero inagotable que fue la Ópera de Cámara del Teatro Colón, donde Enzo Valenti Ferro nos lanzaba a dar nuestros primeros pasos. Tuve mi primera oportunidad en 1972 con La cambiale di matrimonio de Rossini.

También desarrolló una intensa actividad en el área escenotécnica, tanto aquí como en otros teatros.
Si, en esta casa ocupé, en primer lugar, la oficina técnica, de la que luego obtuve la jefatura, vinieron más tarde la Subdirección de montaje y producción, y la Jefatura técnica de escenario. En 1979 fui responsable del diseño de los nuevos sistemas de iluminación escénica y, en 1989, Director ejecutivo del Proyecto de Modernización Escénica. Luego, y hasta 1991, fui Jefe técnico del escenario y en 1998 ocupé la Dirección de Producción Escénica. De 1991 a 1998, estuve en Chile, donde fui Director Escenotécnico del Municipal de Santiago, adonde volví nuevamente de 2005 a 2015.

Enrique Bordolini mostrándole el proyecto del Teatro Tronador de Mar del Plata a Paloma Herrera / Foto Teatro Colón 2018

Conociendo tan profundamente al Teatro Colón ¿Cómo ve el funcionamiento de sus talleres?
Los talleres actualmente viven una época de transformación verdaderamente importante, adaptándose a la actualidad, pero sin olvidar sus orígenes y tradición. Seguimos teniendo los mejores artesanos y fabricantes de sueños, que sienten el orgullo de llevar sobre sus hombros las expectativas que genera la ‘marca Colón’.

¿Nota cambios muy drásticos en la producción desde sus comienzos?
Hoy, los tiempos más cortos de realización obligan a que, por ejemplo, se utilice más el hierro. Es bueno porque se crea una especialidad, pero hay que evitar ir en detrimento de la tradición del trabajo artesanal de la madera, que es orgullo de nuestros talleres. Para esta Bohème, Antonio Galelli y el taller de carpintería me dieron la sorpresa de construir la plataforma en madera, y a la antigua, prueba de que las nuevas generaciones pueden hacer grandes cosas, si hay traspaso del conocimiento.

Entrevista de Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2018

Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Teatro Colón, N° 135, septiembre-octubre 2018, y se reproduce con su permiso editorial.

Para agendar
La bohème de Giacomo Puccini sube a escena al Teatro Colón el viernes 12 de octubre y tendrá siete funciones más: sábado 13, domingo 14, martes 16, miércoles 17, sábado 20, domingo 21 y martes 23 de octubre.  Bajo la dirección musical de Joseph Collaneri, se alternará un doble elenco encabezado por Mariana Ortiz y Marina Silva (Mimì), Atala Ayan y Gustavo López Manzitti (Rodolfo), Jaquelina Livieri y Paula Almerares (Musetta) y Fabián Veloz y Vinicius Atique (Marcello). La nueva producción escénica es dirigida por Stefano Trespidi, con escenografía e iluminación de Enrique Bordolini y vestuario de Imme Möller. Participan el Coro de Niños, Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón. Localidades a la venta en www.teatrocolon.org.ar

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Publicado el 12/10/2018
     
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