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Juan Diego Flórez : La verdad de la voz
El destacadísimo tenor peruano regresa luego de trece años al Teatro Colón para ofrecer el 26 de septiembre un recital. Aquí una entrevista donde repasa su vida musical, reflexiona sobre el canto y su voz. Por Luciano Marra de la Fuente
 

“Estoy muy contento de volver al Teatro Colón. El Colón es un templo de la ópera”, comienza la charla Juan Diego Flórez, desde Pésaro, la ciudad natal de Gioacchino Rossini. “También estoy contento de poder ofrecer un poco lo que he estado cantando últimamente. Si bien continúo cantando bel canto, y que siempre me ha dado satisfacciones, he añadido a mi repertorio algunas óperas sobre todo del período romántico francés. Con este concierto inicio una suerte de gira de mi próximo disco que se titula Bésame mucho, que son canciones latinoamericanas: al final del concierto podré ofrecer al público algunas de ellas”.

Esa unión con la música de nuestro continente ha estado presente en la vida de Flórez desde muy pequeño. “Mis primeros recuerdos musicales tienen que ver con la música popular”, dice. “Tienen que ver con mi padre, cuando yo lo acompañaba al Teatro Municipal de Lima a hacer presentaciones en el Día de la Canción Criolla, por ejemplo. Me acuerdo del ‘Festival del Puente de los Suspiros’ en Barranco en Lima, donde se cantaba música peruana. Él cantaba música de Chabuca Granda, pero también yo apreciaba bailes de la costa y de la selva. Este abanico de colores de lo que es la música peruana, siempre me impresionó. Desde niño veía y apreciaba no sólo a mi papá cantar: fui a ver a Camela, a José Antonio, los grupos de baile grande, música negra y música andina. Eso nutrió todo mi bagaje musical”.

Con respecto a sus inicios en la música clásica recuerda La flauta mágica de Mozart: “Yo integraba el Coro Nacional y fue la primera ópera que canté. Fue ese segundo mágico, una gran emoción nueva, sobre todo porque en mi casa nunca se escuchó música clásica ni ópera. Llegué a la música clásica a los diecisiete años, un poco así un poco de sopetón. Ese mundo mágico que se presentaba y se abría ante mí era muy impresionante y emocionante. […] Estudié tres años canto lírico en el Conservatorio, mi madre estaba muy preocupada porque yo estudiase música. ‘¡Te vas a morir de hambre, hijo!’, me dijo. Y eso es un poco lo que le pasa en Perú a los músicos. ‘No te preocupes, mamá, que yo voy a ganar una beca y voy a ir a estudiar a Estados Unidos’, un poco lo dije así como quien tira la piedra al lago, pero se cumplió. Gané a una beca, fui a Estados Unidos y estudié ahí tres años. Hice varias óperas en Filadelfia, en el Curtis Institute: El barbero de Sevilla, Il viaggio a Reims, L’incoronazione di Poppea, Fledermaus, I Capuleti e i Montecchi…”.

Juan Diego Flórez, junto a Ernesto Palacio, en el backstage de Matilde di Shabran,
Festival Rossini de Ópera, 1996 / Foto de juandiegoflorez.com
 

Recuerda que en una de sus vacaciones conoció al gran tenor peruano Ernesto Palacio, destacado en el repertorio del bel canto italiano, quien lo invitó a grabar un par de discos en Italia, en 1995 y 1998. “Aprovechando estas idas a Italia, hice una audición para el teatro de Bologna”, rememora, “y ahí me tomaron para cantar un rol pequeño en el Festival Rossini de Pesaro. Regresé para empezar ese trabajo, mi primer trabajo profesional, que consistía un rol pequeño en la ópera Ricciardo e Zoraide. Después la historia cuenta que en otra de las óperas que se presentaban ese año [1996], Matilde de Shabran, el tenor canceló y el Festival no encontraba un reemplazo. Faltaban dos semanas para la première, y se había oído que había un chico de veintitrés años que estaba en otra ópera, tenía cualidades… Terminaron llamándome a mí, yo dije que sí. Y así me metí en grandes problemas, un problema bueno, pues esto fue lo que me llevó a la Scala: el 7 de diciembre, con veintitrés años, debuté en una ópera de Gluck [Armide] con Riccardo Muti en la misma inauguración de la temporada. Después de ahí comenzó mi carrera”.

“Tuve suerte porque no pasé las etapas ‘normales’ de un cantante de ópera joven, que consiste en cantar en teatros de provincia o menores, haciendo roles pequeños por algún tiempo”, continúa Flórez. “En mi caso no, pasé a los grandes teatros con roles importantes, pero eso me demandó mucho sacrificio y mucho estudio porque todas las óperas que yo debutaba en teatros importantes eran debuts, tenía que estudiarlas todas, obviamente no las había cantado. Pero yo que me había preparado bien, había estudiado música, tocaba bien el piano y eso también me ha ayudado a estudiar rápido las partituras, y un poco la inconciencia del joven. Para un joven inconsciente, si tiene ganas, no tiene límites”.

Su último disco se centra en Mozart, un compositor que usted conocía desde su juventud, pero nunca lo cantó en teatros. ¿Va a haber algo de Mozart en el recital del Colón?
Sí, se iniciará con dos arias de Mozart. A pesar de haberlo cantado a lo largo de mi carrera en concierto, nunca lo he hecho en escena. Ha sido un poco porque entré en el bel canto, en Rossini, Bellini y Donizetti, y los teatros querían que cante ese repertorio. Hubo oportunidades de cantar Mozart, pero siempre paralelamente había alguna oferta de algún Barbero, alguna Hija del regimiento, y el caso es que naturalmente para el tenor es más interesante vocalmente esas óperas. Mozart siempre se postergó y se siguió postergando, pero confío en que haya algún debut: por ejemplo me gustaría cantar La flauta mágica, que es una ópera para que mis hijos puedan ir al teatro a verme, ellos ya la conocen y disfrutan. Quizá también La clemenza di Tito e Idomeneo, son óperas bien interesantes.

¿Cuándo empezó a vislumbrar que su voz no es solamente “bel canto puro”, sino que adquirió dramatismo para hacer repertorio romántico francés?
La voz cambia como en todos. Yo creo que se volvió un poco más gruesa en el centro, lo cual eso no lo tenía. Eso permitió que me atreva con Guillaume Tell de Rossini, fue en Pésaro en 2013. Esa ópera requiere una voz un poquito más con grosor porque se canta mucho en el centro, pero también tiene agudos bastantes altos e insistentes. Esa fue mi primera ópera que hice de ese tipo, después fue La favorita de Donizetti. Son óperas del bel canto, pero que insisten más en el centro de la voz. Luego fue Lucia di Lammermoor, después fue Romeo y Julieta, Werther y Los cuentos de Hoffmann. Esta última fue en Montecarlo y en 2020 será en el Covent Garden. También debutaré Manon, Faust… Yo estoy siguiendo las huellas de Alfredo Kraus. Sigo cantando Rossini, menos, pero sí en el Festival de Ópera Rossini. Dentro de poco inicio aquí los ensayos de Ricciardo e Zoraide

Justo la ópera que usted estaba ensayando en su comienzo…
Sí, aquí en el rol principal que es muy muy difícil. Es el Rossini “más Rossini”, por estilo: es un tenor muy agudo, muchos Do, no tantos Re bemoles, algún Re, una tesitura muy aguda. Es una satisfacción poder cantar eso y también poder cantar Werther, por ejemplo. Aquí hay que tener una línea muy fina entre los dos repertorios, que siempre hay que cuidar y estar atento: es muy fácil empujar la voz y engordarla demasiado en un repertorio y después tener problemas en el otro. Hay que tener cuidado para poder hacer las dos cosas bien. Y eso se aprende, creo que he llegado a un buen punto de esto, y contento de que la naturaleza me da la oportunidad de hacer tantos estilos y compositores diferentes, que me permite expandir el horizonte artístico.

Usted habló de Alfredo Kraus, ¿qué otros cantantes del pasado admira? ¿Y qué cantantes de hoy también admira?
Del pasado admiro a muchos: Fritz Wunderlich, los “tres tenores”, [Giuseppe] Di Stefano, [Jaume] Aragall, siempre me ha gustado oír, porque todos te pueden enseñar algo, porque justamente son grandes… Caruso. Y cantantes de ahora hay muchos. Yo sigo a muchos jóvenes, constantemente estoy atento a sus carreras. Mañana aquí en Pésaro hago una masterclass donde tendré a chicos de veinte, diecinueve, veintiún años, y es muy bonito poder ayudarlos. La técnica no es una para todos y justamente ahí está la bravura de un maestro en poder sugerir soluciones para que arreglen los problemas de cada uno. Son problemas completamente diferentes, y eso es lo maravilloso del canto. Encuentro cantantes muy buenos que a veces se pierden porque no tienen esa base técnica o no han encontrado una solución, y que a veces es tan banal y mínima, pero no la encuentran. […] Las soluciones están dentro de uno mismo y no las ves, no las puedes tocar. Las tienes que sentir, y después uno se tiene que acordar de lo que hiciste para volverlo a hacer.

Juan Diego Flórez en la clase magistral que ofreció el domingo pasado a alumnos del Instituto Superior
de Arte del Teatro Colón, en la Sala Principal / Foto de Juan José Bruzza, gentileza Teatro Colón

Es un ejercicio diario y cotidiano, como en un entrenamiento…
Sí, pero uno tiene que entrenar bien, porque a veces no es necesario cantar tanto. Uno tiene que cantar bien, estudiar bien, luego no es difícil. A veces el cantante joven piensa que la profesión le va a solucionar la vida, pero no. La técnica uno sobre todo la aprende en un cuarto, entre cuatro paredes, encerrado y probando soluciones sólidas, uno tiene que encontrar la verdad con uno mismo.

¿Y cómo es la verdad en su voz?
Va cambiando, siempre he querido seguir la naturaleza. Yo, por ejemplo, estoy yendo en un camino y no me doy cuenta, y estoy yendo en contra de una naturaleza, lo que yo considero un canto espontáneo, natural, sin intervención de músculos, de garganta, sin empuje. Pero a veces uno va hacia ese camino porque lo importante es darse cuenta y volver hacia atrás, en el sentido de “ah, estoy haciendo esto, vamos a ver” y cómo lo estoy haciendo y lo hago mejor. Pero a veces las soluciones son diferentes a la última vez. Y no siempre es lo mismo, esa es la dificultad. Todavía cuando uno pasa los cuarenta, la voz siempre va cambiando, entonces tu técnica siempre va a ir evolucionando y cambiando.

De bises y realizaciones

Juan Diego Florez, haciendo retrospectiva a su carrera, menciona como logros importantes los debuts en los grandes teatros de ópera del mundo, como la Scala de Milán, la Metropolitan Opera House de Nueva York, el Covent Garden de Londres. Recuerda con especial énfasis el bis que realizó en 2007 en la Scala: “Se hacía una producción vieja de Zeffirelli de La hija del regimiento… A mí me habían pedido el bis en muchos teatros, y siempre los hice. Cuando llegué a la Scala no me pareció nada del otro mundo hacer un bis, la gente lo pidió y lo hice. Al día siguiente se armó el finimondo porque los períodos publicaron que se había roto un tabú, un veto… Hacía setenta y cinco años que no se había un bis en la Scala… Toscanini los había prohibido, yo rompí ese veto, aunque no lo sabía. Había entrevistas hasta en medios deportivos, la Gazzetta dello Sport quería entrevistarme (se ríe). Sin querer se armó una polémica donde muchos medios italianos lo veían de mala manera y muchos medios de buena manera. Eso fue un momento interesante, importante”.

 

“También es muy importante dentro de mi carrera”, continúa Florez, “el hecho de haber fundado Sinfonía por el Perú, este movimiento que ya lleva siete años y que tiene ocho mil niños en Perú, pobres, que hacen música en orquestas y coros, y que mejoran sus vidas, tienen autoestima, que incluyen a la sociedad cuando, en cambio, sin esa música, sin esta práctica coral y orquestal, pues están un poco abandonados, no considerados”.

Algo permanente en su carrera es que siempre vuelve a Perú, vuelve a sus raíces…
Exactamente, y ahora tengo un movimiento que es un imán que me atrae, porque son tantos niños y jóvenes… Actualmente hay veinte núcleos de escuelas, pero estamos por abrir otros cinco más. Cuando estuve en Venezuela haciendo un concierto con Gustavo Dudamel, él y el Maestro Abreu me llevaron a visitar los diferentes núcleos, y decidí que iba a hacerlo sí o sí en Perú. Me puse a trabajar inmediatamente y en 2011 fundé Sinfonía por el Perú. Ha sido todo un éxito, siempre se necesitan fondos, pero en resumidas cuentas el balance siempre ha sido positivo: el impacto que hemos tenido en niños, familias y comunidades es completamente positivo.

Entrevista de Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2018

Esta entrevista se publicó originalmente en la Revista Teatro Colón, N° 134, julio-agosto 2018, y se reproduce con su permiso editorial.

Para agendar
Juan Diego Flórez ofrecerá, junto al pianista Vincenzo Scalera, un único recital en el Teatro Colón el miércoles 26 de septiembre a las 20.00. El programa estará integrado por arias de Mozart (La flauta mágica, Il re pastore), Donizetti (L’elisir d’amore, Lucia di Lammermoor), Verdi (I lombardi alla prima crociatta, La traviata), Gounod (Faust), Massenet (Manon) y Puccini (La bohème). Las localidades se encuentran agotadas, pero la función se podrá ver en vivo y en directo a través de www.teatrocolon.org.ar/en-vivo

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Publicado el 25/09/2018
     
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