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Silvia Del Bianco : La Rítmica Dalcroze, una forma de habitar el cuerpo
La directora del Instituto Jaques Dalcroze de Ginebra visitó la Argentina con motivo de su presencia pedagógica durante las clases del Posgrado en Rítmica Dalcroze de la Universidad Nacional de las Artes. Por Javier Villa
 

La pedagogía musical, sin lugar a dudas, ha dado un salto cualitativo durante el siglo XX. Corrientes metodológicas de distintas procedencias geográficas han hecho diversos aportes a la enseñanza de la música, problematizando la manera de aproximarse al conocimiento y también a sus estrategias y recursos. La mirada de cada una de estas propuestas ha estado determinada por el recorte de interés pedagógico y por los sujetos a los cuales estuvieron dirigidas.

Algunos destacados compositores de música académica han realizado contribuciones al ámbito de la pedagogía. Tal es el caso de Zoltán Kodály, Carl Orff y Émile Jaques Dalcroze. Particularmente este último creo la “Rítmica”, una disciplina integral que aborda diferentes aspectos de la música —ritmo, melodía, armonía y forma musical, entre otros— tomando como uno de los ejes centrales de su praxis al uso del cuerpo y a su relación con el espacio.

La profesora Silvia Del Bianco es en la actualidad, una de las personas más autorizadas del método Dalcroze. Nacida en Argentina, pero radicada en Europa hace más de treinta años, dirige el Instituto Jaques Dalcroze de Ginebra desde 2006. Con una amplia trayectoria en la docencia, esta destacada pedagoga cuenta a partir de su historia personal cómo llegó a la pedagogía dalcroziana, cómo piensa al hecho musical y de qué manera la enseñanza ocupa un lugar preponderante en su vida.

1. Formación musical en Argentina

La afectividad y el juego son dos aspectos trascendentes para el desarrollo de la niñez. El recorrido por la historia musical de muchas personalidades destacadas de la música, suele contener, en esa etapa de la vida, a estas dos importantes cuestiones. Su relevancia se pone de manifiesto porque incide en la construcción de la subjetividad. El caso de Silvia Del Bianco no está por fuera de estas consideraciones, ya que se advierte en su relato con notoria claridad.

¿Cuáles son las primeras experiencias musicales que recordás?
Las primeras experiencias son en mi casa porque mi papá tocaba el piano y en el cuarto en el que yo estaba había uno. Lo que más recuerdo es que me gustaba ir al piano para acompañar a las muñecas que ponía en fila. Pensaba que hacía bailar a las alumnas. Ese es en uno de los primeros recuerdos que tengo de mí misma.

A partir de esa anécdota, Silvia Del Bianco realiza una interesante asociación que vincula a su despertar musical con la concreción de ese deseo en la adultez: “A veces me llama la atención lo que es el destino porque finalmente el profesor de rítmica toca el piano y con la música que improvisa hace que la gente se mueva”.

Silvia del Bianco en una clase / Foto de Imgard Bankl

Antes de adentrarnos al encuentro de Silvia Del Bianco con el método Dalcroze, es pertinente dimensionar la formación musical que tuvo lugar en Argentina, tanto en el Conservatorio Santa Ana como en el Conservatorio Manuel De Falla.

¿Cuáles fueron los maestros más significativos que tuviste en Argentina?
En piano Antonio De Raco, por su exigencia pianística y el trabajo con los planos sonoros. A Sergio Hualpa también le debo muchísimo. Era un profesor increíblemente innovador en su momento, tenía un vínculo y un trabajo de la audición interior que era fuera de serie. Otra persona que me ayudó increíblemente, en términos de resonancia y sonido, fue Patricia Stokoe. Ella investigaba la aplicación y las variantes de ciertos ejercicios de Eutonía en el instrumento. Nos hacía ejercicios de expresión corporal y de improvisación. Más tarde en la Rítmica me dio muchas herramientas para corregir a los alumnos desde la expresión corporal, porque muchas veces la gente dice “hiciste danza” o “hay que haber hecho danza” y no se trata de eso, se trata en realidad de un uso bastante natural, pero ¿qué entendemos nosotros por “natural” del cuerpo?

¿Qué cosas de ese trabajo te cambiaron en tu forma de tocar el piano?
Me cambió el sonido, la posición y el tema de respiración. En ese momento yo tocaba mucho. También me cambió la relación con el público porque Patricia [Stokoe], además de orientarnos en lo corporal, nos hacía trabajar mucho la proyección, ver al piano como un objeto de prolongación del cuerpo. La Rítmica también tiene eso y se utiliza el material como un complemento, como algo que nos permite descubrir el cuerpo desde otro punto de vista.

Luego de completar su formación académica en Argentina, Silvia se trasladó a Europa para continuar sus estudios musicales. Allí ingresó al Mozarteum (Hochschule) en donde estudió piano durante un año, con un altísimo nivel de exigencia en la preparación del repertorio. Aquel ambiente musical la llevó a tomar contacto con varias de las más importantes corrientes metodológicas de la enseñanza musical, aunque ella señala que “siempre me interesaron los métodos de educación”. Sin embargo el interés por la pedagogía —y por su aspecto creativo—  también se manifestó desde los inicios: “Tengo la impresión que intuitivamente hacía ciertas cosas, porque yo daba clases a chicos cuando tenía quince o dieciséis años, sin saber que en realidad los estimulaba a improvisar y a jugar.”

Esto muestra que la vocación musical también estaba atravesada por una inclinación muy fuerte hacia la pedagogía.

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Publicado el 24/04/2018
     
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