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La Sinfonía N° 2 "Resurrección" de Gustav Mahler en el Centro Cultural Kirchner : Desde otro mundo
Günter Neuhold dirigió una impactante versión de esta sinfonía post-romántica en el inicio de la temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional. Por Luciano Marra de la Fuente
 

ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL. CORO POLIFÓNICO NACIONAL. Concierto del viernes 16 de marzo de 2018 en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner. Dirección musical: Günter Neuhold. Director de coro: José María Sciutto. Solistas: Carla Filipcic Holm, soprano; Florencia Machado, mezzosoprano. Mahler: Sinfonía N° 2 en Do menor, “Resurrección”.

La interpretación de las sinfonías de Gustav Mahler siempre es un acontecimiento musical, tanto para la orquesta que las va a abordar como para el público que asiste a esos conciertos. Esto se vio demostrado la semana pasada, cuando la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional iniciaron su temporada 2018 en el Centro Cultural Kirchner, con la Sinfonía Nº 2 “Resurrección” (1895), en dos conciertos con entradas agotadas. Se le sumó también una efectiva lectura musical a cargo de Günter Neuhold, mostrando el muy buen rendimiento que están alcanzando estos organismos, que este año cumplen setenta y cincuenta años respectivamente, además de poder vivenciar las virtudes acústicas de la Sala Sinfónica del Centro —ex Ballena Azul—, inaugurada en 2015.

Pareciera que Neuhold, director austríaco ya habitué para la orquesta —y que siempre asume obras desafiantes en los programas que protagoniza—, privilegió la precisión y contrastes de los movimientos exteriores, sin dudas los más complejos en el discurso aparentemente fragmentario, aunque bien cohesionado, de la magna arquitectura mahleriana. Si bien globalmente los movimientos centrales estuvieron correctos, algunos desajustes o decisiones interpretativas empañaron la claridad conceptual y sonora de los puntos de partida y llegada de la obra, que posee un fuerte arco dramático. A lo largo de la historia, si bien tuvo varias referencias programáticas —incluso del propio compositor—, ese arco se sostiene sobre todo por su narración musical, más allá de apelar a un texto bastante poético hacia el final, convirtiéndose en una impactante cantata sinfónico-coral.

Gunter Neuhold, dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Nacional, Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner, 2018

El ataque preciso del trémolo de las cuerdas, junto al vibrante motivo ascendente de los contrabajos, dio comienzo a ese fluir sinfónico en permanente desarrollo que caracteriza al “Allegro maestoso” inicial, en el que se pudieron escuchar los contrastes dinámicos bien logrados en las diferentes secciones, bellos contrapuntos entre los solistas instrumentales, un ajuste óptimo en los cambiantes tempi, más una sección de metales mayormente precisa y la presencia del arpa muy sonora y expresiva. El arranque del ländler —esa danza popular austríaca que Mahler utiliza en reemplazo del menuet tradicional— del “Andante moderato” estuvo un poco dubitativo, aunque el ensamble del tutti mejoró a lo largo de las diferentes secciones. Quizá la noble línea de violoncellos no sonó tan aterciopelada como uno hubiera esperado, en tanto los violines estuvieron bien expresivos tanto en la repetición de la segunda sección como en la última —aquí bien acompañados por las maderas y las arpas.

Al tercer movimiento le faltó esa idea de “tranquilidad” y “fluidez” que tiene indicada en su carácter, así se extrañó la ligereza que identifica a la sinuosa línea de las cuerdas, siendo marcado demasiado su fraseo y en una velocidad un tanto morosa. El clarinete solista se impuso en su liviandad, mientras que la sección camarística del movimiento estuvo bien interpretada por los solistas. Hubo, eso sí, estallidos sonoros contrastantes, tanto en dinámicas como en carácter, muy bien logrados, al igual que esa ventana estruendosa y flotante que aparece hacia el final, donde se anticipan motivos del último movimiento.

“Urlich” (Luz primordial) tuvo a la mezzosoprano Florencia Machado como protagonista, quien cantó expresivamente su parte solemne y dolorosa, aunque la respuesta inicial del coral de las trompetas, cornos y fagotes a la introducción vocal fue demasiado fuerte, y en esa dinámica se mantuvo en las tres estrofas del lied. Fue una elección verdaderamente extraña por parte de Neuhold, ya que el acompañamiento instrumental de todo el movimiento está indicado en una dinámica que va desde el p al pppp, perdiéndose la belleza de la voz de Machado sobre la densa masa orquestal.

Carla Filipcic Holm, Günter Neuhold y Florencia Machado, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, CCK, 2018

En el movimiento final de la obra, “Im Tempo des scherzos” (En el tempo del scherzo), Neuhold nuevamente logró dotar de un dramatismo extremo, desde la introducción con esa fanfarria estremecedora más las variaciones sobre el “Dies irae”, pasando por esos pasajes instrumentales casi operísticos, donde los cornos fuera de escena generan una alta expectativa que se resuelve, después de mucha tensión sonora, en el expresivo himno final, también con sus estrofas elaboradas, cada una de ellas más compleja. En lo particular, sobresalieron los solistas de trompeta y trombón, y el comienzo lento y misterioso del Coro Polifónico Nacional tuvo un hermoso color, sobre todo las voces graves. Hacia el final de la primera estrofa fue maravillosa la sutileza con que Carla Filipcic Holm hizo surgir su voz sobre el grupo coral, y todas sus intervenciones tuvieron una carga emocional y sonora superlativa. A Machado otra vez se la escuchó segura, aunque se perdió un poco su sonido en la textura instrumental, especialmente en una de las últimas estrofas a dúo con Filipcic Holm.

Una de las características que sorprendieron en este último recorrido fueron los matices dinámicos alcanzados, primero por todo el conjunto orquestal y luego con el coro. Hubo momentos de un volumen mínimo y luego bloques sonoros extremadamente fuertes, mostrando la muy buena respuesta que posee la Sala Sinfónica del Kirchner para ser un perfecto vehículo acústico, sin ecos ni estridencias, donde se pudieron escuchar de manera clara las diferentes capas instrumentales y vocales. “Moriré para vivir”, canta dos veces el coro antes de la última estrofa del himno, y ahí Neuhold con la Orquesta y Coro Polifónico Nacionales, más las dos solistas, lograron un fortissimo que estremeció el cuerpo, tanto en lo físico como en lo emocional.

Aplausos finales para la Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Polifónico Nacional, Gunter Neuhold, Carla Filipcic Holm y Florencia Machado, Centro Cultural Kirchner, 2018

El postludio orquestal fue un remanso donde se pudieron escuchar las campanas, el órgano, los metales, las maderas y el trémolo de las cuerdas con una dosificación de matices sorprendente, una conclusión que recordó esa frase que Gustav Mahler escribió en una sus cartas: “Todo suena como si viniera desde otro mundo”. Ojalá que la temporada 2018 de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Polifónico Nacional siga en este camino de compromiso artístico y superación, bajo la guía de destacados directores que comparten su mirada particular, ante cada obra que vayan a interpretar.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Marzo 2018

Fotografías de Fede Kaplun, gentileza CCK
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Publicado originalmente el 23/03/2018

 
Publicado el 25/03/2018
     
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