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La Cappella Mediterranea en el Teatro Colón : Obras maestras barrocas en grandes versiones
El Mozarteum Argentino finalizó su brillante temporada con un doble programa barroco: un homenaje a Monteverdi en su 450° aniversario y el estreno de un oratorio de Michelangelo Falvetti recientemente exhumado. Por Ernesto Castagnino
 

La Cappella Mediterranea y el Coro de Cámara de Namur, dirigidos por Leonardo García Alarcón, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2017

CAPPELLA MEDITERRANEA. CORO DE CÁMARA DE NAMUR. Dirección: Leonardo García Alarcón. Funciones del lunes 6 y miércoles 8 de noviembre de 2017 en el Teatro Colón, organizadas por Mozarteum Argentino. Lunes 6 L’ORFEO, ópera de Claudio Monteverdi. Elenco: Valerio Contaldo (Orfeo), Mariana Flores (La Música / Eurídice), Giuseppina Bridelli (La Mensajera), Alejandro Meerapfel (Plutón), Anna Reinhold (Proserpina / La Esperanza), Salvo Vitale (Caronte), Estelle Lefort (Ninfa), Nicholas Scott (Pastor I / Espíritu III / Eco), Leandro Marziotte (Pastor II), Alessandro Giangrande (Pastor III / Espíritu I / Apolo), Matteo Bellotto (Pastor IV), Philippe Favette (Espíritu II). Coro Ciudad de Mendoza. Miércoles 8 – IL DILUVIO UNIVERSALE, oratorio de Michelangelo Falvetti. Elenco: Mariana Flores (Rad), Marisú Pavón (Agua), Lucía Martín-Cartón (Naturaleza Humana), Evelyn Ramírez Muñoz (Justicia Divina), Fabián Schofrin (La Muerte), Valerio Contaldo (Noé), Matteo Bellotto (Dios).

Es un raro privilegio tener la oportunidad de escuchar en la misma semana dos grandes obras barrocas en versiones excelentes. La asociación Mozarteum Argentino decidió sumarse a las celebraciones por el 450° aniversario del nacimiento de Claudio Monteverdi y programó, como cierre de su temporada 2017, una versión en concierto de L'Orfeo. Pero, además, Leonardo García Alarcón, director y clavecinista argentino radicado en Ginebra, trajo, junto a la obra maestra monteverdiana, una inesperada sorpresa: Il Diluvio Universale, oratorio de Michelangelo Falvetti, compositor casi desconocido del sur de Italia, que tiene por tema el episodio bíblico del castigo divino a la humanidad y la salvación de Noé.

Con la favola in musica sobre el mito griego de Orfeo estrenada en Mantua en 1607, asistimos a los primerísimos pasos en la gestación de lo que hoy denominamos ópera. En las últimas décadas del siglo XVI un grupo de intelectuales florentinos, reunidos bajo el patrocinio del conde Giovanni de’ Bardi, propuso un retorno a las fuentes helénicas en el teatro, estableciendo una serie de reglas que, recuperando la palabra declamada melódicamente y con acompañamiento instrumental, dio nacimiento a un nuevo tipo de obra a la que se llamó dramma per musica. En este nuevo formato, la palabra del poeta ocupaba el lugar central. Y, como clara reacción a la música polifónica que volvía incomprensible el texto, se estableció una monodia que debía regirse por la sonoridad propia de la lengua con un sobrio acompañamiento instrumental que sólo acentuara o subrayara las emociones contenidas en el texto, sin jamás interferir en su compresión.

De las tres obras escénicas de Monteverdi que se conservan completas, este año el público argentino pudo apreciar dos: además de L’Orfeo, que se ofreció aquí en versión de concierto, Buenos Aires Lírica y Nuova Harmonia ofrecieron, el pasado abril, una memorable producción de L’incoronazione di Poppea. La tercera, Il ritorno d’Ulisse in patria, desde su estreno local en 2009 por Buenos Aires Lírica, no se ha vuelto a programar.

Valerio Contaldo (Orfeo), Mariana Flores (Eurídice) y Philippe Favette (Un espíritu), junto a la Cappella Mediterreanea dirigida por Leonardo García Alarcón, en una escena de L'Orfeo, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2017

Muchas obras anteriores al siglo XIX —momento en que las editoriales de música comenzaron a garantizar, con la impresión y difusión, la perdurabilidad de las partituras— resultaron perdidas por la destrucción de sus contadas copias manuscritas o simplemente —como es el caso de Il diluvio universale— quedaron arrumbadas en algún archivo privado o biblioteca hasta que algún investigador le prestara atención. Peor suerte incluso sufrieron las obras creadas en lo que podría denominarse la “periferia” respecto de los centros del poder político, económico y religioso. La ciudad siciliana de Mesina formaba parte de esa periferia cuyo centro en el siglo XVII se encontraba en Nápoles, y fue precisamente en su catedral que, en 1682, se estrenó el oratorio bíblico de Falvetti. No sorprende demasiado entonces que, desde ese año hasta su redescubrimiento en 2001 por el musicólogo Fabrizio Longo, nadie tuviera noticia de su existencia, ni siquiera en documentos. La recuperación de esta obra resulta un verdadero acontecimiento musical, en parte por su singularidad y en parte por permitirnos conocer un poco más de las valiosas producciones de esa periferia a la que hacíamos referencia. El dramatismo que Falvetti le imprime a una obra destinada a la iglesia, la variedad de recursos compositivos y la riqueza de su paleta sonora, convierten a esta pieza en una verdadera joya del barroco tardío.

Dada la escasa información que los compositores barrocos consignaban en sus partituras —en parte porque generalmente eran ellos mismos los encargados de dirigirlas y en parte porque los instrumentistas del siglo XVII eran capaces de improvisar ornamentaciones y variaciones sobre la línea melódica escrita—, el rol del director en este repertorio es clave por la cantidad de decisiones que debe tomar. Esto hace que exista tanta diferencia entre las versiones del Orfeo monteverdiano grabadas por Harnoncourt, Gardiner, Garrido o Jacobs. En esta oportunidad, Leonardo García Alarcón, más allá de las superfluas alocuciones previas en ambos conciertos —sobre todo la bizarra dedicatoria de la función de Il diluvio universale a los damnificados por las inundaciones de La Plata—, dirigió versiones muy intensas, con conocimiento cabal del estilo y los secretos de la música barroca, al frente de un ensamble instrumental de notable riqueza tímbrica y un bajo continuo de interesante y robusta sonoridad. Mención especial merecen la arpista Marie Bournisien por su refinamiento, el percusionista Pierre Rigopoulos —que tuvo un rol protagónico en el exotismo tímbrico del oratorio siciliano— y el conjunto de cuerdas, liderado por Manfredo Kramer, por su fraseo y articulación.

Leonardo García Alarcón, dirigiendo a la Cappella Mediterreanea, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2017

La importancia del coro en la ópera y el oratorio barroco es sabida. Al igual que el coro de la tragedia griega, funciona como un testigo omnipresente que comenta las acciones y despliega los distintos estados emocionales por los que atraviesa la trama. El grupo de voces flexibles que conforma el Coro de Cámara de Namur consigue sin dificultad el sonido transparente y empastado que el estilo exige, con una capacidad expresiva que abarcó los contenidos lamentos de los pastores en Orfeo a los desgarradores clamores de la humanidad en el momento de sucumbir ahogada en el diluvio.

En un parejo elenco de solistas, la pareja protagónica de ambas obras estuvo conformada por Valerio Contaldo como Orfeo y Noé, una voz tenoril de timbre agradable, aunque no particularmente expresiva y la soprano Mariana Flores (Euridice, La Musica y Rad), de emisión clara y coloraturas precisas. En el Orfeo destacó el bellísimo y dramático momento creado por Giuseppina Bridelli como la ninfa portadora de la noticia de la muerte de Euridice (“In un fiorito prato”), mientras que en Il diluvio universale la resonante voz de contralto de Evelyn Ramírez estremeció como la implacable Justicia Divina.

Como despedida, al finalizar el segundo concierto se ofrecieron dos bises: el número final de la aparición del arco iris, de estremecedora belleza, y una extraña versión de la fuga final del Falstaff verdiano “Tutto nel mondo è burla”, cuyo clima festivo no tenía demasiada relación con lo que se acababa de escuchar.

Leonardo García Alarcón, dirigiendo a la Cappella Mediterreanea y cantando con las solistas y el Coro de Cámara de Namur, en Il diluvio universale, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2017

Espectacular cierre de temporada para Mozarteum Argentino con dos obras gigantescas del barroco —una de las cuales era, además, estreno en nuestro país—, en versiones excelentes a cargo de un ensamble especializado en el estilo, que esperamos nos visite más seguido.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Noviembre 2017

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 21/11/2017
     
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