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András Schiff en el Teatro Colón : La iluminación a través de Bach
El pianista húngaro regresó a la Argentina para el ciclo Nuova Harmonia, ofreciendo una interpretación excepcional del primer libro de “El clave bien temperado”. Por Alejandro Mashad
 

András Schiff en el Teatro Colón, Nuova Harmonia, 2017 / Foto de Enrico Fantoni

ANDRÁS SCHIFF, piano. Concierto del lunes 14 de agosto de 2017 en el Teatro Colón, en el Ciclo Nuova Harmonia. Bach: El clave bien temperado, Libro I.

“Gracias a Dios es indefinible”, dice John Eliot Gardiner, el maravilloso director de orquesta, sobre la música de Bach. Después de encontrar esta frase con la que coincido, claudiqué en el intento por explicar qué es lo que tiene esta música que me produce un efecto indescriptible y único, mezcla de paz, equilibrio y admiración. ¿Es el plano más visceral o emocional de su música? ¿Es el análisis intelectual de esas obras de perfecta arquitectura? ¿Es la “calidad espiritual” de la que a veces se habla, que toca directamente el alma y la conmueve? ¿O todo esto junto? El concierto de András Schiff en el que interpretó el Libro I de El clave bien temperado, volvió a plantearme estos interrogantes.

Ya el hecho de escuchar en vivo el “Viejo Testamento de la Música”, como lo llamó Hans von Bülow, es un acontecimiento especial. Y la interpretación de Schiff en el Colón convirtió esas casi dos horas en un hecho único, de aquellos que quedan grabados en la memoria. Fue comparable a la emoción y el impacto que produce la contemplación de otras grandes obras de la creación humana, como el Moisés de Miguel Ángel, la Victoria de Samotracia o El Beso de Gustav Klimt, un efecto tal que uno siente que hay algo de divino o mágico detrás de esas obras, que produce la modificación de una parte íntima que hace que no seamos exactamente iguales después de esa experiencia. Que hayamos iluminado un rincón de nosotros que antes estaba oscuro.

Bach, quizás como ningún otro compositor en la historia de la música, logró combinar en los 48 preludios y fugas de El clave bien temperado conceptos formales y abstractos (tales como el contrapunto, la fuga o los cánones), con un increíble sentido de la belleza y de grandeza espiritual. La variedad y profundidad de las piezas, la maestría con la que utiliza diferentes formas y estilos musicales típicos de la época (como la danza francesa, el concierto italiano o muchas otras), a las que transforma en algo único y sofisticado, proveyeron un campo vastísimo para que Schiff pudiera demostrar que es uno de los grandes pianistas de la actualidad.

András Schiff en el Teatro Colón, Nuova Harmonia, 2017 / Foto de Enrico Fantoni

El húngaro ha interpretado los preludios y fugas desde su niñez. Grabó a mediados de los '80s ambos libros para Decca y luego en 2012 volvió a grabar una nueva versión para ECM New Series. Es un intérprete que conoce íntimamente la obra de Bach, con la que tiene claramente una comunión y entendimiento únicos.

Schiff piensa este conjunto de obras como una entidad. Hay una humildad en su estilo interpretativo, carente de ademanes físicos, que genera la sensación de que no interpretó a Bach: fue simplemente un canal que Bach utilizó para mostrar su música. Las décadas de pensamiento, análisis e imaginación se revelaron a través de un impresionante control del complejo contrapunto y la polifonía, por ejemplo al desentrañar la maraña contrapuntística de la Fuga en La menor, con su tema curiosamente abrupto. Cada giro de sus cuatro voces apareció con una claridad absoluta, y a su vez con naturalidad y gracia.
 
La variedad de sonoridades y estilos que Schiff logró recrear en las casi dos horas de concierto fue sorprendente. En varias entrevistas ha expresado su visión de repensar El clave bien temperado en términos de color. La progresión de la paleta va desde el blanco inocente del Do Mayor, al negro de muerte del laberinto schoenbergiano del Si menor final, pasando por los amarillos vibrantes del Re Mayor, los cándidos rosas del La bemol Mayor y los rojos del dolor del La menor. Un legato personalísimo y de la mayor expresividad, un dominio asombroso de las dinámicas y un pulso rítmico que, aunque severo, evita cualquier previsibilidad y parece recrearse casi como una repentización, fueron los recursos con los que Schiff pintó el cuadro bachiano de una manera extraordinaria.

Gardiner plantea que existe una dicotomía en la música de Bach que la hace única. Dos planos se intersectan en forma perfecta: el horizontal, que tiene que ver con la escritura melódica y contrapuntísica, y el vertical, que tiene que ver con el elemento rítmico y de danza, de una increíble elasticidad y variedad. Schiff ofreció un Bach vital conjugando de forma magistral la intersección de los dos planos, rasgos que hicieron de su interpretación una lectura alejada de las lecturas tradicionales, acostumbradas a trazar el perfil de un compositor solemne, severo y  cerebral.

András Schiff en el Teatro Colón, Nuova Harmonia, 2017 / Foto de TdMargentina

Como bises —¿quién iba a esperar un bis después de que alguien toque semejante obra?—, el generoso András maravilló con el primer movimiento del Concierto Italiano y emocionó con el “Aria” de las Variaciones Goldberg… o continuó maravillando y emocionándonos: quizás esa sea la crónica correcta. Pablo Casals, el gran cellista español, comenzaba cada día de su vida de la misma manera: tocando dos preludios y fugas de El clave bien temperado. “Es una suerte de bendición para la casa. Es un redescubrimiento del mundo del cual tengo la felicidad de ser parte. Me concientiza de la maravilla de la vida, del milagro de ser un ser humano”, expresó. Schiff nos recordó en el Colón que el gran Pablo tenía razón.

Alejandro Mashad
Agosto 2017

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Publicado el 30/08/2017
     
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