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[DVD/BR] “Einstein on the Beach” en el Théâtre du Châtelet 2014 : Una ópera
A 40 años de su estreno, esta obra volvió a los escenarios en su legendaria producción original de la mano de sus tres progenitores: el músico Philip Glass, el director teatral Robert Wilson y la coreógrafa Lucinda Childs. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda
 

 Helga Davis y Kate Moran en la "Knee Play 2" de Einstein on the Beach / Foto de Lucie Jansch

EINSTEIN ON THE BEACH, una ópera en cuatro actos de Philip Glass y Robert Wilson. Dirección musical: Michael Riesman. Dirección de escena, escenografía y diseño de iluminación: Robert Wilson. Coreografía: Lucinda Childs. Vestuario: Carlos Soto. Iluminación: Urs Schönebaum y John Torres. Diseño de sonido: Dan Dryden. Reparto: Antoine Silverman (Einstein), Helga Davis (intérprete 1), Kate Moran (intérprete 2), Jasper Newell (Niño), Charles Williams (Mr Johnson), Hai-Ting Chinn (soprano solista). The Lucinda Childs Dance Company. The Philip Glass Ensemble. Grabación del vivo desde el Théâtre du Châtelet, enero de 2014. 2 discos Blu Ray o DVD (264 minutos). Audio LCPM 2.0 y DTS-HD Master Audio 5.1, sin subtítulos. Opus Arte 2016 (OA BD 7173 D).

“Objetos de arte —sean pinturas, cuartetos de cuerda u obras de teatro— no existen ni funcionan por sí mísmos como entidades abstractas. Funcionan y cobran sentido solo cuando hay personas presentes que los experimenten.” Así, en una frase, Philip Glass (*1937) fusiona experiencia estética y naturaleza del arte. “Cuando el árbol cae en el bosque, ¿hace ruido cuando no hay nadie que lo oiga? La respuesta, por supuesto, es no.” Para Glass, ser es ser percibido.

A comienzos de la década de 1970 Philip Glass había regresado a Estados Unidos desde Europa. Su aprendizaje con la maestra de maestros Nadia Boulanger y el músico indio Ravi Shankar cambiaron el rumbo de su carrera. En 1971 Glass comenzó la composición de Música en doce partes, una pieza de seis horas de duración en el estilo minimalista que lo haría famoso. Y de vuelta en Nueva York su labor como compositor tomaría todavía otro rumbo. Glass se convertiría en un compositor de ópera. Esto, que pareciera la evolución natural para cualquier compositor del siglo XIX, no lo era para la vanguardia musical del último tercio del XX.

En una noche de 1973, Glass asistió a una representación de una obra maratónica: Vida y tiempos de Josef Stalin. Por casi doce horas fue cautivado por el lenguaje visual del autor, el director teatral Robert Wilson (*1941). Lo que fascinó a Glass fue la forma en que Wilson utilizaba el tiempo teatral y el movimiento corporal. Así como las nuevas obras de Glass se desarrollaban en grandes arcos de tiempo, las obras de Wilson tenían una respiración semejante. “Tomarse un tiempo” es una expresión coloquial que parece hecha para el trabajo de ambos artistas. Este sentido del teatro como una ceremonia es una de las características del teatro posdramático, uno en el cual importa menos la historia contada que la experiencia misma de asistir, estar en el teatro. Wilson, uno de los más importantes exponentes de este desarrollo teatral en el siglo XX, parecía la persona idónea para colaborar junto a Glass en un proyecto de proporciones operáticas.

Escena 3 del cuarto acto de Einstein on the Beach, Théâtre du Châtelet, 2014

Glass y Wilson comenzaron una serie de reuniones a fin de determinar el tema. Wilson sugirió Chaplin, y luego Hitler. Glass sugirió Gandhi. No hubo acuerdo. ¿Einstein? Ese sí era un personaje que a ambos estimulaba. Wilson ofreció un título: Einstein on the Beach on Wall Street. En algún momento, el título se acortó y nadie parece recordar cuándo o porqué. Esto nos pone en la pista de un elemento crucial de esta ópera: no tiene una trama reconocible. Wilson dibujó varios bocetos donde se veían los temas visuales de la ópera: un tren, un tribunal, un espacio abierto con una nave espacial. La ópera debía durar cuatro horas, ser en cuatro actos y estar dividida por lo que Wilson llamó “knee plays” (literalmente, “obras rodilla” por referencia a la parte del cuerpo que sirve de articulación en las piernas). Si bien Einstein es un personaje en la ópera, es uno no cantado: lo interpreta un violinista que solamente participa en las knee plays. Otros personajes son declamados: un par de jueces en la escena del tribunal. Otros personajes son cantados pero sin un texto: una pareja de amantes solfea en una de las escenas del tren. Otros personajes son bailados. Y esto nos lleva al tercer integrante de esta troika.

La estructura de Einstein incluye tres grandes ideas visuales: un tren, un tribunal y un espacio o campo abierto. Cada uno de los tres primeros actos ofrece dos de esas ideas y el cuarto acto ofrece las tres pero transformadas: el tren se convierte en un edificio, el tribunal en una cama, y del campo abierto con una nave espacial que lo sobrevuela nos movemos al interior de la nave espacial. Mientras el tren y el tribunal requieren la participación de solistas vocales y actores, el campo abierto es una sección puramente instrumental para ser bailada. Originalmente, el coreógrafo fue Andrew de Groat. Su trabajo semejaba unos derviches giradores. Desde la primera producción, eso sí, Lucinda Childs (*1940) participó como varios de los personajes hablados.

Childs pertenece a la llamada generación de coreógrafos posmodernos. Mientras la danza moderna fue una reacción al ballet clásico, siendo Martha Graham una de sus figuras más conocidas, la danza posmoderna es una suerte de desarrollo y reacción a la danza moderna. Incorporando movimientos cotidianos e improvisación, los posmodernos se reunieron en torno a un colectivo, el Judson Dance Theater. Las ramificaciones e impacto de este movimiento son una historia cultural en sí misma. Por ejemplo, recientemente el coreógrafo Trajal Harrell en su obra Twenty Looks or Paris is Burning at the Judson Church ha imaginado un encuentro entre los posmodernos y los practicantes de voguing, el estilo de baile inspirado en los movimientos de modelos de pasarela y practicado por la comunidad gay.

Helga Davis, Kate Moran y el coro en la "Knee Play 3" de Einstein on the Beach / Foto de Lucie Jansch

Childs en el proyecto original no era la coreógrafa principal, pero sí creó creó un número propio: el “solo para un personaje en tres diagonales” en la primera escena del tren. Cuando la obra fue revivida casi una década después, Childs reemplazó a de Groat en los dos grandes números de danza, las Field Dances (todos los demás movimientos, ritualizados y estáticos, fueron creados por Wilson y los propios intérpretes).

Einstein se estrenó el 25 de julio de 1976 en el Festival de Avignon. Itineró por Europa y recaló finalmente en el Metropolitan de Nueva York a finales de ese año, un día domingo porque era el único día libre para poder agregar la obra. La historia de Einstein es también la historia de la vanguardia neoyorquina de 1970. Quizá lo más llamativo de su creación es la convicción con que los artistas involucrados practicamente autogestionaron la obra. Esto incluyó recolectar fondos, hacer audiciones, y por cierto... ensayar e interpretar la obra. Autores e intérpretes se confunden en esta pieza única de teatro de música. Por ejemplo, para dos personajes, el juez viejo y el conductor de bus que cierra la pieza, se hizo una audición. El rol fue para Mr. Samuel M. Johnson, un hombre de unos setenta años que simplemente se presentó y obtuvo los papeles. Mr. Johnson, porque así es como todos lo llamaban debido a la autoridad que inspiraba, proporcionó a pedido de Wilson dos textos para la obra: el discurso del viejo juez (en realidad, dos textos diferentes) y el poema “Dos amantes en un banco del parque”. En palabras de Glass: “No puedo imaginar un mejor final para la función que las palabras que él nos dio.”

Hasta ahora solo disponíamos de un par de grabaciones de la obra, una experiencia que en mi primera audición en 1998 fue reveladora. ¿Cómo podía ser esto una ópera? Recuerdo haber luchado con esos tres discos del sello Nonesuch. Pero la verdad es que no hay mucho que comprender. El propio Wilson caracteriza a la pieza como un lugar al que uno va a perderse. Pero para ello se necesita ante todo que exista ese lugar. En ese sentido, la grabación en disco es insuficiente. El registro audiovisual que ahora ofrece Opus Arte de la reposición de la pieza en el Théâtre du Châtelet de París en 2014 es lo más cerca que quizá estemos de poder experimentarla.

Este blu-ray —que también fue editado en DVD— nos permite aproximarnos a la obra de una manera más equitativa: contribuye a redondear una experiencia que no es solo auditiva, sino también visual. Ahí están los dos recitantes unos quince minutos antes que empiece oficialmente la función: mientras el público llega y se acomoda, Kate Moran y Helga Davis recitan números al azar y un texto escrito por Christopher Knowles, un joven poeta autista que Wilson incorporó como libretista. Ahí están los miembros del Philip Glass Ensemble ingresando ceremoniosamente al foso vestidos con unos pantalones anchos, una camisa blanca, suspensores y zapatillas... al igual que prácticamente todo el elenco. Un look inspirado en el propio Alfred Einstein, interpretado aquí por el infatigable violinista Antoine Silverman. Y ahí está finalmente esa primera escena, de un tren que llega y no para de llegar.

Sería cliché escribir “es difícil decir de qué trata todo esto”. Y probablemente esta obra no sea el Verdi o Puccini que un amante de la ópera espera oír (y por cierto, ver). Pero hay algo simplemente hermoso y cautivador en toda la obra que debería al menos despertar la curiosidad de un operático. Después de todo, la sola discusión de si Einstein es o no una ópera ya es valiosa de por sí. ¿Es una ópera porque se representa en un teatro de ópera? ¿Son los teatros de ópera entonces como un rey Midas que transforman todo lo que tocan? Esas son preguntas estimulantes que pueden ser puestas a prueba con obras desafiantes como esta. Y no creo que esta obra sea más problemática que, digamos, West Side Story o algunos oratorios de Handel. ¡Si hasta tiene un aria compuesta a pedido del intérprete! (y acá ejecutada con un rigor espartano por Hai-Ting Chinn).

Cuando se estrenó en el Metropolitan, dos funciones completamente vendidas, uno de los altos funcionarios del recinto le preguntó a Glass: “¿Quién es toda esta gente? Nunca la había visto aquí”. La respuesta de Glass fue “Bueno, mejor lo averiguas, porque si este lugar pretende seguir funcionando de aquí a veinticinco años, eso que tienes ahí es tu público”. Parafraseando a otro personaje de una ópera minimalista, eso fue profético. Amén.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Marzo 2017, Santiago de Chile

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Publicado el 15/03/2017
     
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