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1813/Verdi/2013 : Verdi-Shakespeare, nada es lo que parece
Las óperas de Verdi basadas en obras de Shakespeare ponen de manifiesto las preocupaciones del compositor acerca de la relación entre texto y música. Algunos aspectos de este fecundo encuentro entre un italiano del siglo XIX y un inglés del siglo XVI. Por Carlos Rossi Elgue
 

Portada de la primera edición de Macbeth de Giuseppe Verdi

Amor, acceso al poder, traición y venganza sangrienta podrían formar una de las secuencias argumentales más elegidas por la tragedia de todos los tiempos. La rabia destructiva que moviliza al cornudo desengañado o el sentimiento de omnipotencia que despierta el poder, cuando es acechado por la posible traición, conduce el drama a su clímax y a su inevitable final funesto. La complejidad de estos sentimientos tuvo en William Shakespeare (1564-1616) un artesano genial para moldearlos y transformarlos en personajes como los que intervienen tanto en sus tragedias como en sus comedias. Sin duda, las situaciones a las que son expuestos personajes de psicologías tan intensas atrajeron a Giuseppe Verdi (1813-1901) y lo impulsaron a adaptar Otelo, Macbeth, y Las alegres comadres de Windsor.

En 1846 Verdi escribía al libretista Francesco Maria Piave (1810-1876) un resumen del argumento de Macbeth, la primera de sus adaptaciones, y afirmaba: “Esta tragedia es una de las más grandes creaciones del hombre […] Si no podemos hacer con ella algo grande, por lo menos podemos intentar hacer algo fuera de lo común” (1). Con esta certeza presionó a Piave para que lo acompañara en el proyecto pero quedó disconforme con el resultado, al punto de borrar su propio nombre del cartel del estreno. Él buscaba esa originalidad que, en consonancia con la escritura de Shakespeare, expresara la ambición, la furia, la desmesura de las personalidades de Macbeth y, sobre todo, de su mujer, a quien reservaba arias casi imposibles para cualquier soprano. Inspirado por el espíritu de la tragedia, Verdi exploraba nuevas relaciones entre el texto y la música, por lo que recomendaba a Piave síntesis y concisión: “Te ruego que los versos sean breves: cuanto más breves sean, más efecto tendrán […] En los versos recuerda bien que no debe haber ni una palabra de más: todo debe decir algo”. De esta manera el compositor buscaba evitar la superficialidad y los ornamentos innecesarios, tan preciados en la producción operística hasta ese momento.

Zeljko Lucic (Macbeth) junto a Nadja Michael (Lady Macbeth) en una escena
de Macbeth, producción de Martin Kusej, Ópera Estatal de Munich, 2008

El estreno de Macbeth, el 14 de marzo de 1847, resultó un éxito absoluto y significó su mejor ópera escrita hasta el momento, aunque dieciocho años más tarde la revisaría casi por completo. La influencia de Shakespeare en la producción verdiana merece un análisis profundo, que va más allá de las obras efectivamente adaptadas, ya que no parece casual que sobre el final de su carrera, cuando logró dar forma a las viejas inquietudes sobre el teatro musical, la elección haya recaído nuevamente sobre el dramaturgo inglés. Casi cuarenta años después del estreno de Macbeth, en 1884, y  mediando un silencio de casi catorce desde su ópera anterior, Aida, Verdi comenzaba a componer Otello y sus preocupaciones sobre la correspondencia entre música y texto en el fluir del drama parecían encontrar la forma deseada (2).

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Notas
(1) Las referencias a la correspondencia de Verdi están tomadas de: Franco Abbiati, Verdi, Milano, Ricordi, 1959. La traducción es mía.
(2) Es interesante señalar que, en ese momento, la impronta de dramas musicales como los de Richard Wagner (1813-1833) que empezaban a conocerse en Italia seguramente no dejaba indiferente al compositor italiano.

 
     
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