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La Misa de Réquiem de Verdi en Mendoza : El sublime verdiano
El Santuario de El Challao fue el marco ideal para la interpretación de la obra del compositor bicentenario. Con destacados solistas, Guillermo Scarabino dirigió estupendamente a la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo y coros de la región. Por Daniel Arias Fuenzalida (corresponsal en Mendoza)
 


La Orquesta Sinfónica de la UNCuyo y los Coros Universitario de Mendoza y
de Cámara de la UNCuyo en el Santuario de El Challao, Mendoza, 2013

ORQUESTA SINFÓNICA DE LA UNCuyo. CORO UNIVERSITARIO DE MENDOZA. CORO DE CÁMARA DE LA UNCuyo. Concierto del viernes 15 de noviembre de 2013 en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de El Challao, Mendoza. Dirección musical: Guillermo Scarabino. Directores de coro: Silvana Vallesi y Fernando Ballesteros. Solistas: Mónica Ferracani, soprano; Gloria López, mezzosoprano; Enrique Folger, tenor; Fernando Radó, bajo. Verdi: Misa de Réquiem, para solistas, coro y orquesta.

La Misa de réquiem de Giuseppe Verdi (1813-1901) se interpretó dentro de la temporada de conciertos 2013 de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo, ocasión que sirvió para conmemorar los 200 años del nacimiento del compositor. La cita, con entrada libre y gratuita, fue en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en El Challao Con más de la mitad del gran recinto cubierto, el público disfrutó de un espectáculo de considerable valor artístico.

La historia de la composición del Réquiem comienza, como señala David Rosen, con la muerte de Gioacchino Rossini en noviembre de 1868. Su muerte apenó profundamente a Verdi, quien tuvo la idea de un homenaje colectivo, en el que cada uno de los máximos compositores de Italia aportara su música. El estreno de la Messa per Rossini se canceló y cayó en el olvido hasta su estreno en 1988. Sin embargo, Verdi había alcanzado a escribir el “Libera me”. El 22 de mayo de 1873 falleció Alessandro Manzoni, el famoso autor de Los novios, un símbolo de la unificación italiana —el llamado Risorgimento—, unificación a la que había contribuido culturalmente, creando una lengua despojada de regionalismos. La muerte del escritor causó tal conmoción en Verdi que lo llevó a querer demostrar “el afecto y la veneración” que sentía por él.

El “Libera me” anteriormente compuesto sirvió como base a la nueva Misa de réquiem. Conviene recordar que éste incluía fragmentos del “Requiem y Kyrie”y del “Dies Irae”. Mucho se especuló sobre si Verdi extrapoló esos fragmentos ya compuestos a los nuevos números o si los modificó. Hoy sabemos que los modificó parcialmente. Verdi también utilizó en el “Lacrimosa” una melodía de la versión original de Don Carlos, la del llanto de Felipe II ante la muerte de su confidente, el marqués de Posa.

Mucho se debatió también respecto al carácter operístico de la obra, pero en general provocó admiración, como la de Johannes Brahms. Si bien Verdi tenía poca experiencia en música religiosa, su partitura plasma perfectamente el sentimiento oceánico que une al cristiano con la sensación de eternidad. Además, es prudente aclarar que Verdi era abiertamente anticlerical y que su Réquiem “fue considerado más como un ritual político y público que como uno religioso” (Rosen). El estreno de su Misa de réquiem se llevó a cabo en el primer aniversario de la muerte de Manzoni, el 22 de mayo de 1874, en la Iglesia San Marcos de Milán. La nueva obra causó una fuerte impresión en la audiencia y se representó consecutivamente en otras ciudades de Italia y de Europa. La calidad de la obra abrió su camino a través del tiempo y hoy forma parte del canon, representándose asiduamente.

La Misa de réquiem de Verdi en el Santuario de El Challao, Mendoza, 2013

El lugar elegido el viernes pasado fue el del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, ubicado en El Challao y cuya estructura magnificente contribuyó a aclimatar una experiencia sublime. El recinto es considerablemente grande y el público ocupó la mayor parte. Sin embargo, tuvo sus desventajas: luces y acústica inadecuada, un ambiente propenso a dispersar (ruidos del exterior, gritos de niños, los celulares de siempre, murmullos que desconcentran).

La soprano Mónica Ferracani enfrentó la partitura con medios vocales más que vastos. Una voz nítida, afinada, de emisión clara y capaz de salir airosa de las constantes exigencias verdianas, basadas en una profusión de reguladores dinámicos que llegan por momentos a exigencias cuasi belcantistas (por ejemplo, la larga messa di voce con solo de concertino en el “Offertorium”). Ferracani, que tiene una carrera de más de veinte años, enfrentó con maestría su parte. La voz tiene un vibrato excesivo en la zona aguda, sin embargo en ningún momento es molesto. Consumó la noche con un “Libera me” lleno de sincero sentimiento y con un Do agudo pletórico. Gloria López, mezzosoprano mendocina, enfrentó la (difícil) parte con dignidad. La tesitura, sin embargo, es algo heterogénea: es demasiado evidente el contraste entre los sonoros agudos y los graves, engolados, apagados y eventualmente con la afinación crecida.

El tenor Enrique Folger ofreció una voz generosa y amplia. Coronó el “Ingemisco” con un Sib3 estentóreo y respetó, no sin cierto tambaleo en la afinación, el dolcissimo del místico “Hostias” del “Offertorium”. El punto flaco fue el estilístico, una línea descuidada y propensa a arrebatos veristas. Fernando Radó lució una voz timbrada, emisión relajada y sobre todo una línea matizada con la expresividad justa.

Guillermo Scarabino, los solistas y la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo en
la Misa de réquiem de Verdi, Santuario de El Challao, Mendoza, 2013

El Coro Universitario de Mendoza, bajo la dirección de Silvana Vallesi, y el Coro de Cámara de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigido por Fernando Ballesteros, tuvieron un excelente desempeño: sonaron afiatados y a la altura de la compleja partitura.

La Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo se desempeñó con solvencia bajo la dirección de Guillermo Scarabino. Una batuta cuidada, detallista, atenta al entramado de luces y sombras de la partitura, que evocan constantemente la paz y la ira escatológica. Una batuta conocedora, segura en los cambios de tempo y las exigencias propias de una música menos litúrgica que melodramática. Destacable toda la secuencia del “Dies Irae”, desde el Allegro agitato inicial, interpretado con especial dinamismo —cierto eco de la dirección de Igor Markevitch, probablemente el “Dies Irae” más enérgico grabado— al “Amen” final, una luminosidad que brota y desaparece. Scarabino supo comunicar lo frenético, lo tremebundo, lo desolador, lo doloroso y lo místico de esta Misa de réquiem.

En síntesis, fue un concierto con calidad y emotividad: la obra verdiana y el Santuario se unieron para ofrecer una experiencia conmovedora y para brindar tributo, no olvidemos, al mayor compositor de la ópera italiana. ¡Feliz año Verdi!

Daniel Arias Fuenzalida
Mendoza, noviembre 2013


Fotografías gentileza UNCuyo
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Publicado el 20/11/2013
     
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