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“Bebe Dom o la ciudad planeta” en el Teatro Colón : Contrastes grandilocuentes
Un solvente elenco fue el protagonista de la nueva ópera de Mario Perusso, compositor residente del Teatro Colón. La imaginación descomunal de Horacio Ferrer le ofreció un excesivo libreto para retratar una ciudad-sociedad futura, anclada en músicas y personajes del pasado. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Una escena del primer acto de Bebe Dom o la ciudad planeta, Teatro Colón, 2013

BEBE DOM O LA CIUDAD PLANETA, ópera en dos actos con música de Mario Perusso y libreto de Horacio Ferrer. Estreno mundial. Función del domingo 20 de octubre de 2013 en el Teatro Colón. Dirección musical: Mario Perusso. Dirección escénica, escenografía, vestuario e iluminación: Marcelo Perusso. Realización de luces: Rubén Conde. Realización audiovisual: Ricardo Carrasquet. Elenco: Gustavo López Manzitti (Bebe Dom), Florencia Machado (Gea), Víctor Torres (Fargas), Victoria Gaeta (Lili), Myriam Toker (Alma Ciudad), Marina Silva, Soledad Espona y María Luján Mirabelli (Mendigas), Julián Mardirosian, Germán Crivos, Natalia Giardinieri y Malena Bernardi (Hormucurats), Pablo Sánchez (Diariero), Juan Borja, Sebastián Sorarrain, Gustavo Gibert y Sebastiano De Filippi (Calaveras), Ignacio La Rosa Grasso (Bim) y solistas. Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante.

Imágenes de gente apurada, caminando entre el acuciante tráfico de la gran ciudad, sobre murmullos y sonidos de sirenas y frenadas, con un latido de corazón cada vez más presente. Luego, oscuridad y silencio anteceden a la aparición de una dama de blanco con galera al estilo Marlene Dietrich. Con el golpe de su bastón, pone en marcha una fanfarria de los bronces que introducen a una ciudad teatralizada en la aparecen superpuestos un diariero, vendedores y mendigas, más una masa gris que canta “Trabajar, trasladarse, dormirse y ahorrar”. Se congela la escena y la dama que se llama Alma Ciudad habla al público: “Acá en la gran ciudad teje la trama de mi ser, de soledad y laberinto”…

El vértigo del video inicial —con escenas porteñas que incluían al flamante Metrobus de la Avenida 9 de Julio— frente a los tiempos teatrales y musicales de la introducción produjeron un contraste muy fuerte en esos primeros cinco minutos de Bebe Dom o la ciudad planeta, la nueva ópera de Mario Perusso sobre libreto de Horacio Ferrer, estrenada la semana pasada en el Teatro Colón. Esos contrastes continuaron a lo largo de las dos horas y media que dura la obra, esta vez ante la poesía característica de Ferrer frente al lenguaje anclado en estéticas del comienzo del siglo XX de Perusso. En una escena, por ejemplo, Bebe Dom sueña con una mujer que no conoce, Gea, quien a su vez sueña a ese hombre desconocido: la música, con frases líricas amplias y una orquestación que privilegia el sonido agudo de las cuerdas, genera un dúo apasionado que comienza con la frase “Lo que estoy sintiendo no nace del vino”.

El libreto, lleno de metáforas y adjetivaciones características de Ferrer, posee un clima opresivo y negativo que impera durante toda la obra —tocando temas como la corrupción, la polución ambiental, la violencia y la soledad, entre tantos otros—, y recién se corta con el abrupto final, esperanzador y positivo. “El smog fue vencido. ¡Aleluya!”, canta el coro. Pareciera que el desarrollo dramático de las acciones está en desventaja con respecto a una caracterización sobreabundante de los personajes: cada uno es una historia en sí mismo.

Victoria Gaeta (Lili), Gustavo López Manzitti (Bebe Dom) y Myriam Toker (Alma Ciudad)
en el segundo acto de Bebe Dom o la ciudad planeta, Teatro Colón, 2013

Bebe Dom es un arquitecto “soñador”, frustrado porque nadie entiende la gran torre que corona la ciudad: aparece siempre en escena tomando vino, tratando de ahuyentar las penas. Fargas es un banquero de malas intenciones y está enamorado de su secretaria Gea, quien tiene un hijo autista, Bim. Lili Cara de Feria es la hija bohemia de Fargas que canta en un cabaret: no tiene relación con su padre pero sí con Bebe Dom del cual está enamorado. Hay dos grupos contrapuestos: los Hormucurats —una especie de grupo punk que obedecen a Fargas— y los Calaveras —cuatro compadritos típicos porteños, aunque enmascarados (¿?)—. A esto hay que sumarle, entre escenas, a tres mendigas que junto al coro que muestran la rutina de la ciudad, una presentadora de noticias con su traductora de señas (con intenciones cómicas) y Alma Ciudad que va encarnando a una vendedora de palomas, una actriz afamada, una vendedora de globos, etc.

La acción avanza mayormente en diálogos en estilo de arioso, con una tendencia a finalizar las frases en notas agudas. Hay momentos solistas para cada uno de los personajes: es interesante el monólogo de Bebe Dom frente a los ciudadanos, hacia el final del primer acto, en cuanto línea vocal y densa orquestación (aunque en sus versos diga “Todo se salvará por la armonía en la trágica publicidad que nos concierne”). También fragmentos sinfónicos de intensiva teatralidad, como la pantomima de Bim antes de morir en el final del primer acto. Todos estos elementos —desarrollos en dúos, momentos solistas destacados, pantomima musical y cuidada orquestación— ya estaban presentes en obras anteriores de Mario Perusso, como Guayaquil (1993), El ángel de la muerte (2008) y Fedra (2011).

En Bebe Dom, el compositor nuevamente muestra con oficio ese conocimiento del repertorio operístico (y sus lugares comunes) de comienzos del siglo XX: lo extraño es que no haya habido una síntesis de lo argumental para encontrar los nudos dramáticos y hacer un desarrollo afín. Se sabe por entrevistas previas (y no por lo que figura en el programa de mano) que el compositor con su hijo Marcelo Perusso —responsable absoluto de la producción escénica— adaptaron el libreto original en cuatro actos de Horacio Ferrer a dos actos, es decir, que no hubo un trabajo mancomunado, necesario para la creación de una ópera en nuestra época, para favorecer una exposición adecuada del drama.

Una escena del primer acto de Bebe Dom o la ciudad planeta, Teatro Colón, 2013

Es loable el esfuerzo y el profesionalismo artístico de todos los artistas convocados para dar vida a esta nueva obra: desde la Orquesta Estable del Teatro Colón —dirigida por el propio compositor— el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón hasta cada uno de los intérpretes de los personajes secundarios brindaron lo mejor de sí. La producción escénica de Marcelo Perusso es fiel a su estilo y estética: peca tal vez en caer en relaciones muy directas de símbolos que trae el libreto. La oficina del banquero, por ejemplo, es toda de color verde dólar, en un marmolado donde asoma sutilmente la cara de Benjamin Franklin

Gustavo López Manzitti y Víctor Torres volvieron a demostrar, cada uno con sus características, su notable idoneidad interpretativa como Bebe Dom y Fargas, respectivamente. A su lado, las jóvenes Florencia Machado y Victoria Gaeta probaron que poseen el talento musical y escénico para estar a la altura de sus experimentados compañeros. Myriam Toker acaparó la escena con una clara voz en sus parlamentos, tanto en las varias personificaciones de Alma Ciudad como con la presentadora de noticias. Completaron efectivamente el elenco Marina Silva, Soledad Espona y María Luján Mirabelli  (Mendigas), Pablo Sánchez (Diariero), Juan Borja, Sebastián Sorarrain, Gustavo Gibert y Sebastiano De Filippi (Calaveras), y los actores Julián Mardirosian, Germán Crivos, Natalia Giardinieri y Malena Bernardi (Hormucurats) e Ignacio La Rosa Grasso (Bim).

Gustavo López Manzitti (Bebe Dom) en la escena final
de Bebe Dom o la ciudad planeta, Teatro Colón, 2013

Escribir un artículo sobre una obra nueva implica realizar aseveraciones que se basan en las primeras impresiones que se tienen frente a ese objeto artístico y en donde la historia de quien emite la opinión indudablemente está presente. El estreno mundial de Bebe Dom o la ciudad planeta de Perusso-Ferrer dejó la sensación que hubiera sido necesario encontrar una síntesis de todos los elementos creativos como para que esta nueva ópera produjera un hecho artístico contundente, más allá del enorme esfuerzo y profesionalismo que todos los artistas involucrados brindaron para esta empresa grandilocuente.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2013

De residentes, ciudades y futuro
La misma semana que se estrenó Bebe Dom o la ciudad planeta —fruto de la residencia que Mario Perusso realiza como compositor del Teatro Colón, único argentino en estrenar óperas en la sala principal desde su reapertura— se ofreció el film Metrópolis de Fritz Lang en la versión recientemente ampliada, con música original de otro argentino, Martín Matalón. Más allá de que las comparaciones resultan odiosas, es un hecho concreto desde la programación —quisiera creer que es fruto de algo pensado y no por azar— la convivencia de dos compositores argentinos, de estéticas totalmente diferentes, con obras que tratan sobre la idea de una ciudad-sociedad futura. Aunque ambas posean características del pasado y esté presente el melodrama, la “ciudad planeta” de Perusso-Ferrer se enraíza en el frondoso repertorio musical de comienzos del siglo XX, mientras que Matalón le da los sonidos del futuro mismo, una inquietante banda sonora musical que combina instrumentos y electrónica, a ese impresionante film de 1927 que aún hoy nos sigue interpelando.

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Máximo Parpagnoli
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Publicado el 28/10/2013
     
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