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La Orquesta Sinfónica de Lahti en el Teatro Colón : Desde los márgenes sinfónicos
En su primera visita a Buenos Aires para el ciclo del Mozarteum, la agrupación finlandesa, dirigida por Okko Kamu, demostró por qué tiene ganada su fama en la interpretación de Jean Sibelius. Junto a la orquesta, la violinista Elina Vähälä pudo demostrar su talento. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Okko Kamu dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Lahti, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2013

ORQUESTA SINFÓNICA DE LAHTI, FINLANDIA. Concierto del viernes 11 de octubre de 2013 en el Teatro Colón, organizado por el Mozarteum Argentino. Dirección: Okko Kamu. Solista: Elina Vähälä, violín. Schumann: Obertura de Manfred, Op. 115. Bruch: Concierto para violín y orquesta N° 1 en Sol menor, Op. 26. Sibelius: Sinfonía N° 5 en Mi bemol mayor, Op. 82.

El Mozarteum Argentino continuó su temporada 2013 con la presentación por primera vez en nuestro país de la Orquesta Sinfónica de Lahti. Esta agrupación sinfónica, oriunda de esa pequeña ciudad que se encuentra a cien kilómetros de la capital finlandesa Helsinki, llegó a hacer conocida mundialmente gracias a una serie de grabaciones multipremiadas, editadas desde la década de 1990 por el sello sueco BIS, bajo la dirección Osmo Vänskä. Este director, que fue su titular durante veinte años hasta 2008, le dio a la orquesta una identidad con fuertes raíces en la interpretación de Jean Sibelius, pero también en otros compositores finlandeses como Kalevi Aho (compositor residente desde 1992) o Joonas Kokkonen.

La orquesta, en su debut porteño, se presentó bajo la batuta de Okko Kamu, su nuevo titular desde 2011. El primero de los dos conciertos ofrecidos en el Teatro Colón fue un recorrido a través del sinfonismo romántico y post-romántico: desde el sinfonismo alemán de Robert Schumann, pasando por el lirismo y virtuosismo de un concierto para solista de Max Bruch, hasta culminar con una de las sinfonías emblemáticas de Jean Sibelius.

La Obertura de Manfred, Op. 115 (1852) de Schumann mostró una primera impresión de la agrupación sinfónica finlandesa: un nivel de concentración alto para los cambios de tempi y ánimos que recorre la partitura, una sección de trompetas y trombones tal vez un poco chirriantes en el ataque, una sección de cornos precisa y afinada, más una expresiva sección de cuerdas y maderas. Quizá el final enigmático y pausado de la Obertura —pensar que esta pieza forma parte de una serie compuesta para acompañar una representación teatral sobre la obra de Byron y funciona como tal: generar expectativa— no fue el propio de una pieza para el aplauso fácil, sin embargo dio un breve anticipo de lo que estaba por venir.

Okko Kamu y Elina Vähälä, junto a la Orquesta Sinfónica de Lahti,
Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2013

El tutti sinfónico del Concierto para violín y orquesta N° 1 (1866/8) de Bruch, que conservó esas características aparecidas en Schumann, se acopló de una manera estupenda a la solista Elina Vähälä. La violinista norteamericana, de padres finlandeses, ya desde la primera cadencia con la cual comienza la obra expuso un sonido redondo, seguro y de una atractiva belleza. En el transcurso de los dos primeros movimientos (que se ejecutan sin solución de continuidad), demostró combinar su virtuosismo técnico con una sensibilidad sin desbordes, sobre todo en esas frases de largo aliento que caracterizan al “Adagio”. En el movimiento final, Vähälä dio rienda suelta a su virtuosismo complementada por el ajustado acompañamiento de la orquesta, bajo las precisas indicaciones del director Kamu. Más allá de una ovación sostenida, la excelente violinista se despidió del escenario sin realizar ninguna obra fuera de programa.

Perteneciente a la generación siguiente de Schumann y Bruch, Jean Sibelius tomó esa tradición sinfónica de sus antecesores y la transformó de una manera personal desde los márgenes en los que se situaba, tanto geográficos como estéticos. La vasta obra orquestal del finlandés, que comprende siete sinfonías y diez poemas sinfónicos, le da un lugar particular entre los compositores de su generación como Richard Strauss o Gustav Mahler. La Sinfonía N° 5 —que fue objeto de varias revisiones tras su estreno en 1915— puede ser considerada como una bisagra dentro de su producción, al ofrecer una manera de encarar el género sinfónico con una libertad absoluta en cuanto forma, tratamiento temático y sonoridad. La interpretación de Okko Kamu y la Orquesta Sinfónica de Lahti hizo plena justicia con ese planteo.

Okko Kamu dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Lahti, Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 2013

El comienzo del primer movimiento mostró la delicadeza de los cornos y las maderas de la orquesta al exponer ese tema que recorre toda la obra, en tanto la sección de las cuerdas se lució en el virtuoso y ajustado accelerando final. Tanto en este movimiento como en el final, la sonoridad del tutti orquestal dejó traslucir esas inquietantes texturas características de Sibelius. En el segundo movimiento, la orquesta exhibió un cuidado control de las dinámicas, en tanto que en el tercer y último movimiento fue maravilloso escuchar de manera clara y precisa la entrada de los contrabajos y violoncellos que anuncian el tema del himno triunfante (llamado muchas veces como el “tema de los cisnes”), seguido por la magnífica interpretación de la sección de cornos. El crescendo dramático alcanzado en este movimiento fue de una perfección absoluta, demostrando el por qué esta agrupación sinfónica de una pequeña ciudad de Finlandia obtuvo el prestigio que la precede.

El aplauso precipitado sobre los contundentes acordes finales de Sibelius, bien marcados por silencios (que no se pudieron escuchar), preludiaron anticipadamente una larga ovación, que lamentablemente, como con Vähälä, no obtuvo una obra fuera de programa. Algo similar ocurrió en la reciente actuación de la Orquesta del Royal Concertgebouw de Amsterdam, dirigida por Mariss Jansons, también para el ciclo de Mozarteum Argentino: estas dos orquestas ofrecieron lo mejor de sí en lo que verdaderamente son especialistas —Mahler y Sibelius, respectivamente—, después de eso lo que queda es el silencio.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2013

Imágenes gentileza Mozarteum Argentino / Fotografías de Liliana Morsia
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Publicado el 22/10/2013
     
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