Viernes 19 de Julio de 2019
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“ColónRing” en el Teatro Colón : Un anillo que no es anillo
Una polémica versión abreviada de la tetralogía wagneriana se presentó como cierre de la actual temporada en sólo dos funciones. Por Ernesto Castagnino
 

Jukka Rasilainen (Wotan), junto a Sonja Mühleck-Witte (Freia) y Simone Schröder (Fricka), en El oro del Rin, primera parte de ColonRing, Teatro Colón, 2012

COLÓNRING, versión para una sola función de El anillo del Nibelungo de Richard Wagner, con adaptación musical de Cord Garben. Estreno mundial. Función del viernes 30 de noviembre de 2012 en el Teatro Colón. Dirección musical: Roberto Paternostro. Dirección escénica: Valentina Carrasco. Escenografía: Carles Berga, basada en el diseño original de Frank P. Schloessmann. Vestuario: Nidia Tusal. Iluminación: Peter Van Praet. Elenco: Linda Watson (Brünnhilde), Leonid Zakhozhaev (Siegfried), Jukka Rasilainen (Wotan / Wanderer), Stefan Heibach (Loge), Andrew Shore (Alberich), Stig Andersen (Siegmund), Marion Ammann (Sieglinde), Kevin Conners (Mime), Simone Schröder (Fricka), Daniel Sumegi (Fasolt / Hunding / Hagen), Gary Jankowski (Fafner), Gerard Kim (Gunther), Sonja Mühleck-Witte (Freia / Gerhilde), Silja Schindler (Woglinde / Ortlinde / Voz del pájaro), Uta Christina Georg (Wellgunde / Grimgerde), Bernadett Fodor (Flosshilde / Schwertleite), Sabine Hogrefe (Helmwige / Gutrune), Susanne Geb (Waltraute), Manuela Bress (Rossweise), Adriana Mastrángelo (Siegrune). Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón. Director de coro: Peter Burian.

El anillo del Nibelungo, la monumental obra de Richard Wagner, se compone de cuatro partes cuya duración total es de aproximadamente dieciséis horas. De todas las originales ideas que el compositor tenía sobre su obra, ninguna indica que deban ser ejecutadas en una misma función y, aunque conformen una unidad, las cuatro partes se programan en los teatros en distintas fechas, incluso distanciadas en meses una de otra.

Desde que fue anunciada esta versión abreviada de El anillo… despertó muchos interrogantes y cuestionamientos. Tampoco sus autores, Katharina Wagner, bisnieta del compositor, y el pianista Cord Garben, ayudaron a disipar los resquemores: que los tranquilizaba el hecho de que el público del Teatro Colón ya conociera la obra, que ella está plagada de repeticiones y racconti por lo que la línea argumental no se afectaría al quitarlos, o que de los dos pilares que componen esta monumental ópera, el de la acción y el filosófico, decidieron quitar este último. Toda una declaración de principios. Lo que siguió empeoró aún más el panorama antes del estreno: primero la reducción de funciones y luego la intempestiva renuncia de la directora de escena, Katharina Wagner, antes de comenzar los ensayos, dejando al proyecto en manos del Teatro, que contrató a Valentina Carrasco como remplazo.

Jukka Rasilainen (Wotan) y Linda Watson (Brünnhilde), junto a las valquirias,
en La valquiria, segunda parte de ColonRing, Teatro Colón, 2012

Frente al “frankenstein” de Garben la primera impresión es que difícilmente deje conforme a alguien: como opción para atraer novatos o curiosos resulta demasiado larga, nadie que se espante ante las cuatro horas de La valquiria, se entregará con alegría a siete horas de ColónRing; para la mayoría de los wagnerianos y melómanos en general, la sola idea de presentar una obra mutilada es un agravio. Si el teatro no posee los medios para encarar una producción de El anillo del Nibelungo completo, pues será preferible esperar a que pueda hacerlo.

Por otro lado, Wagner más que ningún otro compositor, concibió a sus dramas musicales como unidades cerradas y construidas arquitectónicamente a partir de elementos simples, llamados leitmotiv, que identifican a los distintos personajes, sus emociones o circunstancias e incluso algunos objetos y conceptos abstractos. Alterar la secuencia de los elementos, omitir situaciones o personajes, aquí más que en ninguna obra, va contra el núcleo mismo de la estética wagneriana, el Gesamtkunstwerk (obra de arte total) como un todo que envuelve al espectador y lo arrastra en un devenir integrado por la música, la acción teatral, la poesía, las artes plásticas, la arquitectura, etc.

Como sea, la reducción hecha por Corben parece desconocer que la dimensión filosófica en la Tetralogía, que a él le pareció prescindible y reiterativa, posee una función muy clara desde el punto de vista dramático-musical, ya que en los pensamientos internos o monólogos de los personajes encontramos el necesario reposo entre los momentos climáticos. Al desparecer dichos pasajes el espectador quedó inmerso en un vértigo de situaciones sin las transiciones y los crescendi que las justifiquen, por no mencionar el agotamiento que produjo en los cantantes, obligados a dar todo de sí en una sucesión de escenas que los tenía siempre como protagonistas.

Leonid Zakhozhaev (Siegfried) y Jukka Rasilainen (Wanderer)
en Sigfrido, tercera parte de ColonRing, Teatro Colón, 2012

La tarea titánica de dirigir las siete horas de música fue encomendada a Roberto Paternostro —aunque originalmente estuviera anunciado Julien Salemkour— quien realizó un trabajo digno, aunque difícil de evaluar ya que, como efectivamente ocurrió difícilmente se pueda mantener la misma calidad y solidez a lo largo de siete horas. No obstante fue el más ovacionado por el público, tal vez por el hecho de haber cumplido una tarea más propia del récord Guinness que de indiscutida calidad musical. La Orquesta Estable del Teatro Colón tuvo también sus altos y sus bajos, algo inevitable, sobre todo por el hecho de estar integrada por dos grupos de músicos diferentes que se alternaron a la mitad de la obra.

Del elenco, bastante parejo en general, se destacaron la Brünnhilde estupenda de Linda Watson, una auténtica y voluminosa voz wagneriana de timbre vibrante, que llegó airosamente al final pero con algunos signos de fatiga, al igual que su compañero Leonid Zakhozhaev, un Siegfried juvenil y heroico, como lo fue su Tristan el año pasado en La Plata. Un excelente Mime fue Kevin Conners, mientras que la versatilidad de Daniel Sumegi sirvió para dar vida a Fasolt en El oro del Rin, Hunding en La valquiria y Hagen en El ocaso de los dioses. Andrew Shore cumplió como Alberich, mientras que la pareja de welsungos no descolló: Stig Andersen como Siegmund tuvo sus momentos y Marion Ammann fue una Sieglinde discutible por timbre y matización. Wotan fue quizás el personaje con mejor posibilidad de desarrollo y si bien Jukka Rasilainen posee la voz, su interpretación fue algo decepcionante.

Luego del amague de Katharina Wagner, el Teatro Colón recurrió como urgencia a Valentina Carrasco, una integrante de La Fura dels Baus que ha hecho fundamentalmente asistencia de dirección pero no posee —como quedó demostrado— la experiencia y trayectoria suficiente para un encargo de estas dimensiones. La puesta en escena de Carrasco quedó a medio camino entre varias cosas que tampoco combinaban bien entre sí, lo que dio como resultado un espectáculo visualmente pobre y conceptualmente disparatado.

Escena de El ocaso de los dioses, última parte de ColonRing, Teatro Colón, 2012

Lo que en un comienzo parece el intento de conectar la trama con aspectos de la historia argentina del siglo XX, es abandonado súbitamente, dejando al espectador desconcertado primero y frustrado después: el oro reinterpretado como los niños apropiados por la dictadura militar, convierte a las Hijas del Rin en Madres de Plaza de Mayo, pero nada explica de dónde proviene el anillo de Alberich y por qué tiene poderes mágicos… En fin, quedan tantos interrogantes que sería inútil su enumeración, sobre todo porque el mayor de todos es ¿hubiera podido salir dramáticamente airosa esta producción, cuando su punto de partida fue la mutilación consciente de uno de los pilares de la obra? Aunque algo trillada, la metáfora del edificio con sus columnas y lo que ocurre cuando se le quita alguna, es demasiado tentadora para dejarla pasar.

Lo curioso de esta propuesta es crear la ilusión de que se está presenciando El anillo del Nibelungo cuando en realidad no lo es, por la razón que un Anillo abreviado sencillamente no es El anillo... Es, en este caso, la obra de Cord Garben, un compositor ciertamente olvidable.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Diciembre 2012


Fotografías gentileza Teatro Colón
Para ver más fotos ingresá a
www.facebook.com/tiempodemusica.argentina

__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta obra, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 06/12/2012
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados