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“Ciro in Babilonia” e “Il signor Bruschino” en Pésaro : Bienvenidos a Rossiniland
Dos nuevas producciones de las primeras obras de Rossini fueron presentadas en el último Festival de la ciudad natal del compositor, con imaginativas propuestas escénicas y destacados cantantes. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Escena de Ciro in Babilonia, Teatro Rossini, Pésaro, 2012

CIRO IN BABILONIA, dramma con cori de Gioacchino Rossini. Función del jueves 16 de agosto de 2012 en el Teatro Rossini, organizada por el Festival de Ópera Rossini, Pésaro. Nueva producción escénica. Dirección musical: Will Crutchfield. Puesta en escena: Davide Livermore. Escenografía e iluminación: Nicolas Bovey. Diseño de video: D-Wok. Vestuario: Gianluca Falaschi. Elenco: Michael Spyres (Baldassare), Ewa Podles (Ciro), Jessica Pratt (Amira), Carmen Romeu (Argene), Mirco Palazzi (Zambri), Robert McPherson (Arbace), Raffaele Costantini (Daniello). Orquesta y Coro del Teatro Comunale di Bologna. Director de coro: Lorenzo Fratini.
IL SIGNOR BRUSCHINO, farsa giocosa de Gioacchino Rossini. Función del miércoles 15 de agosto de 2012 en el Teatro Rossini, organizada por el Festival de Ópera Rossini, Pésaro. Nueva producción escénica. Dirección musical: Daniele Rustioni. Puesta en escena: Teatro Sotterraneo. Escenografía y vestuario: Academia de Bellas Artes de Urbino. Iluminación: Roberto Cafaggini. Elenco: Carlo Lepore (Gaudenzio), Maria Aleida (Sofia), Roberto de Candia (Bruschino padre), Francisco Brito (Bruschino hijo / Comisario), David Alegret (Florville), Andrea Vincenzo Bonsignore (Filiberto), Chiara Amarù (Marianna). Orquesta Sinfónica G. Rossini.

Este año el Festival de Ópera Rossini de Pésaro presentó dos nuevas producciones  —Ciro in Babilonia e Il Signor Bruschino—, una reposición —Matilde di Shabran— y el ya conocido Viaggio a Reims a cargo de la Academia Rossiniana. Ciro in Babilonia, que en efecto llegó por primera vez al escenario del Festival, es una ópera de tema bíblico, dramatúrgicamente tal vez un poco obvia, pero musicalmente muy interesante. Compuesta en el periodo de las farsas juveniles, tuvo su estreno en Ferrara durante la Cuaresma de 1812 sin lograr entrar nunca de manera estable al repertorio, incluso las representaciones modernas son raras. La responsabilidad del Festival de Ópera Rossini fue, por lo tanto, más que evidente.

El director escénico Davide Livermore, evocando a los primeros kolossal  (filmes monumentales) de comienzos del siglo XX, situó al público del Teatro Rossini en una verdadera sala cinematográfica. Los personajes, con barbas postizas y vestidos con los espléndidos vestuarios diseñados por Gianluca Falaschi —caracterizados por amplias túnicas con motivos geométricos en blanco y negro—, enfatizaban así su actuación en el estilo del cine mudo, mientras que en el fondo del escenario la proyección de imágenes descoloridas y parpadeantes, alternándose con las leyendas características de esas películas, completaban la escena. El imaginativo director de Turín dispuso también de la presencia de figurantes en escena representando al público de un cine, que comentaba, emocionándose, el transcurso del “film” que se llevaba a cabo bajo sus propios ojos. En suma, una gran idea desarrollada con la máxima coherencia y un poco de ironía.

Ewa Podles (Ciro), Jessica Pratt (Amira) y Michael Spyres (Baldassarre) en una escena de Ciro in Babilonia, Teatro Rossini, Pésaro, 2012

Muy apreciada fue también la parte musical del espectáculo, encabezada por Ewa Podles en el papel principal, que aún puede entusiasmar al público con su timbre “antiguo”, de gruesa consistencia, pero cálido y combativo no obstante su carencia de homogeneidad en el registro más grave —de cualquier manera fue electrizante— y de algunas dificultades en el fiati. Jessica Pratt en el papel de la esposa Amira, realizó un capolavoro de técnica y finura. La pureza de la emisión, el manejo de la coloratura y la indudable madurez interpretativa la colocan en la cúspide del panorama belcantista internacional. 

El ardiente Michael Spyres prestó su gran voz de baritenor al malo de la ópera, el cruel Baldassarre, con una emisión homogénea en toda la gama y una manifiesta facilidad para afrontar el canto más virtuoso sin perder peso vocal. Las partes secundarias estuvieron bien a cargo de Mirco Palazzi como Zambri, Carmen Romeu como Argene, Robert Mcpherson como Arbace y Raffaele Costantini como un sonoro Daniello.

El Coro y la Orquesta del Teatro Comunale de Bologna, dirigidos con precisión y propiedad estilística por William Crutchfield, dieron, finalmente, su valiosa contribución al notable éxito de la velada.

Un parque un tanto previsible

Una escena de Il signor Bruschino, Teatro Rossini, Pésaro, 2012

Musicalmente, el nuevo Bruschino fue soportado casi completamente sobre los hombros de Carlo Lepore y Roberto De Candia, dos viejos lobos del canto rossiniano. El primero le dio su voz rotunda y bien timbrada —con buena resonancia en el grave— al bufo Gaudenzio, mientras que el segundo, en escena con una ridícula pierna enyesada, caracterizó con perfecta dicción de la mejor manera el nerviosismo y la excentricidad de Bruschino padre. 

Más uniforme, aunque correcta, fue la actuación de David Alegret en el papel del enamorado Florville, en tanto que Sofia fue personificada por una imprecisa Maria Aleida, dotada de muy interesantes sobreagudos, pero un poco débil en el registro medio-grave. Daniele Rustioni guío a la Orquesta Sinfónica Gioacchino Rossini con precisión pero sin mucha fantasía.

La producción escénica, creada por el Teatro Sotterraneo, ambientó la farsa en una imaginaria Rossiniland, tierra en donde los turistas llegaban acompañados para descubrir la maravillas rossinianas. Pero a pesar de  la divertida instalación escénica —sobre el escenario, además del letrero “Da Filiberto”, había una máquina automática de bebidas, un negocio de souvenirs, un mapa con indicaciones para encontrar a la Gazza Ladra, Gugliemo Tell o el Barbero de Sevilla, un baño...—, la dirección no pareció cumplir plenamente con su objetivo debido a una serie de gags de estilo viejo y un poco previsibles, en un ritmo narrativo general carente de entusiasmo.

Massimo Viazzo
Italia, septiembre 2012


Fotografías gentileza Festival Rossini de Ópera
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Publicado el 14/09/2012
     
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