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“Werther” en el Teatro Argentino : Consumidos por la pasión
Con estupendas actuaciones de dos jóvenes cantantes en los roles protagónicos y una efectiva puesta escénica de Paul-Émile Fourny, la asombrosa música que Massenet puso al drama de Goethe cobró vida en el escenario platense. Por Ernesto Castagnino
 

Oriana Favaro (Sophie), Andeka Gorratxategui (Werther), Luis Gaeta (El Alcalde) y el Coro de Niños, en el primer acto de Werther, Teatro Argentino, La Plata, 2012

WERTHER, drama lírico en cuatro actos de Jules Massenet. Función del viernes 25 de julio de 2012 en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata. Nueva producción escénica. Dirección musical: Benjamin Pionner. Dirección escénica: Paul-Émile Fourny. Escenografía: Benoit Dugardyn. Vestuario: Stella Maris Müller. Iluminación: Horacio Efron. Elenco: Andeka Gorratxategui (Werther), Guadalupe Barrientos (Charlotte), Oriana Favaro (Sophie), Gustavo Gibert (Albert), Luis Gaeta (El Alcalde), Federico de Michelis (Johann), Maximiliano Agatiello (Schmidt), Mauricio Thibaud (Brülmann), Constanza Poj (Kätchen). Coro de Niños del Teatro Argentino, directora: Mónica Dagorret. Orquesta Estable del Teatro Argentino.

En Los sufrimientos del joven Werther (1774) de Johann Wolfgang von Goethe, el tormento del amor no correspondido y la sensibilidad excesiva dieron origen a un nuevo estilo internacional de sufrimiento: el del suicidio romántico. El efecto de contagio que produjo la obra de Goethe en toda Europa, la Werther-Fieber, haciendo que miles de jóvenes identificados con el personaje buscaran vestirse, hablar, sentir e incluso en muchos casos morir como él, es quizás uno de los primeros ejemplos de un fenómeno bien conocido en nuestros días: el adolescente que eleva, con alienante fanatismo, cierta figura al nivel de ídolo intocable, interesándose con pasión fetichista en los mínimos pormenores de su estilo de vida, sus dichos y su forma de vestirse. La escritora Madame de Staël, una aguda observadora del mundo que le tocó vivir, describía el fenómeno de esta manera: “De ahí ese entusiasmo obligado por la luna, los bosques, el campo y al soledad; de ahí esas dolencias a los nervios, esos sonidos de voces amaneradas, esas miradas que ansían ser vistas, todo ese aparato, en fin de la sensibilidad, que desdeñan a las almas fuertes y sinceras”.

Aunque hubo algunos antecedentes musicales como los de Rodolphe Kreutzer (1792), Vincenzo Puccita (1804), Carlo Coccia (1814), Raffaele Gentili (1862) y también algunas versiones posteriores como las de Alberto Randegger (1899) y posiblemente la del valenciano Eduardo Ximénez Cos (sin fecha), es el Werther de Jules Massenet (1892) el único que forma parte del repertorio de los teatros líricos de cualquier parte del mundo y el rol protagónico se ha convertido en sinónimo de consagración para todo tenor lírico que atraviese con éxito la prueba de cantarlo. La prodigiosa capacidad del compositor francés para traducir musicalmente el torbellino de emociones que atraviesan a los dos protagonistas convirtió a esta ópera no sólo en la más frecuentada de Massenet sino en una de las mayores expresiones musicales del tardo-romanticismo francés.

Guadalupe Barrientos (Charlotte) y Oriana Favaro (Sophie) en
el tercer acto de Werther, Teatro Argentino, La Plata, 2012

La visión escénica de Paul-Émile Fourny fue interesante y original. Un dispositivo escenográfico ideado por Benoit Dugardyn, que consistía en un enorme marco, dividía el escenario en dos: fuera del marco estaban Werther y otro personaje mudo que, sobre el final, nos enteraríamos que se trataba de Sophie ya anciana. Ellos circulan y observan el “cuadro” de un museo con el que parecen estar obsesionados. Dentro del “cuadro” transcurre la apacible y burguesa vida de la familia del Alcalde de la ciudad de Wetzlar. A medida que el drama avanza y se desata la pasión de Werther por Charlotte, la hija mayor del Alcalde, los personajes de dentro y fuera del marco van interactuando hasta quedar invertidos: Charlotte fuera y Werther dentro. El final encontrará a los amantes arrastrándose por los bordes del marco que al desplomarse ha borrado el límite entre un afuera y un adentro.

Fourny propuso así una lectura muy sugestiva en la que el drama se desarrolla en un espacio dentro (o fuera) de otro, creando planos de realidad en los que la historia podía leerse como los recuerdos, fantasías y deseos de Werther que el cuadro de un museo le hace evocar alucinadamente (1). Completaban un destacable vestuario diseñado por Stella Maris Müller y la dramática iluminación de Horacio Efron que acentuaba ese clima febril que acompaña a los personajes hasta el trágico desenlace.

Andeka Gorratxategui (Werther) en el comienzo del segundo
acto de Werther, Teatro Argentino, La Plata, 2012

El rol protagónico estuvo a cargo del tenor Andeka Gorrotxategui, de magnética presencia e impresionante caudal vocal. El tenor vasco fue un Werther impulsivo, incluso violento, entregado con viril determinación a su autodestrucción. La voz lírica, a la vez potente y bien proyectada, y sus exquisitos agudos emitidos con seguridad lo convierten en un notable intérprete de este personaje. Las virtudes vocales, unidas además a una entrega escénica franca y genuina, hacen desear escucharlo en nuevos y diferentes roles. La ovación recibida luego del impecable “Pourquoi me réveiller” confirmaron que esta impresión fue ampliamente compartida.

Guadalupe Barrientos, una mezzosoprano que está dando importantes pasos en su joven carrera, cantó admirablemente su Charlotte. En el cuarto acto sus dotes dramáticas, unidas a su magnífico volumen vocal, la encontraron más cómoda que en las ligeras y líricas líneas del primer acto, donde le costó encontrar los colores y matices adecuados para hacer eficaz la transición que experimenta en los actos siguientes. Su lectura de la carta “Je vous écris de ma petite chambre” fue conmovedora y la intensidad lograda en el gran dueto que ocupa la totalidad del cuarto acto sencillamente extraordinaria.

Oriana Favaro fue una muy convincente Sophie, con la inocencia y frescura de este personaje, un contraste necesario a la densidad emocional de los adultos que la rodean. Completaban el elenco Gustavo Gibert como Albert, Luis Gaeta como el Alcalde, Maximiliano Agatiello como Schmidt, Federico de Michelis como Johann, Mauricio Thibaud como Brühlmann y Constanza Poj como Käthchen.

Guadalupe Barrientos (Charlotte) y Andeka Gorratxategui (Werther)
en la escena final de Werther, Teatro Argentino, La Plata, 2012

La dirección de Benjamín Pionnier desplegó toda la voluptuosidad y belleza de las melodías massenetianas. Pionnier optó por los acentos enfáticos y el crescendo arrollador, haciendo que los forte y fortissimo de la orquesta se impusieran sobre las voces. La Orquesta Estable tuvo un desempeño excelente, dominando una sección de cuerdas de sonido homogéneo y gran empuje. El Coro de Niños, preparado por Mónica Dagorret, hizo un buen aporte y sus integrantes tuvieron además actuaciones muy naturales y efectivas en sus marcaciones escénicas.

Una versión escénica y musicalmente muy atractiva, tuvo a dos jóvenes y talentosos cantantes como protagonistas que, con gran compromiso, brindaron actuaciones vocal y estilísticamente impecables, entregándose al remolino de pasión que los consume.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2012


Nota
(1)  Lamentablemente Fourny se ha sumado a la moda de explicar en un artículo incluido en el programa de mano sus intenciones, explicaciones que subestiman la capacidad del espectador de comprender la puesta escénica y que además atentan contra la libre interpretación que cada uno tiene derecho a ejercer sobre un hecho artístico. Una puesta escénica —como una escultura, un film o una sinfonía— deben hablar por sí mismas y dejar al espectador la libertad para interpretarlas.


Imágenes gentileza Teatro Argentino de La Plata / Fotografías de Guillermo Genitti y Paula Pérez de Eulate
Para ver más fotos ingresá a
www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
 
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Publicado el 10/08/2012
     
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