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“Oedipe” en el Teatro Colón : Una verdad imposible de tolerar
El estreno argentino de la única ópera de George Enescu se produjo de la mano de una impactante propuesta escénica de La Fura dels Baus y la irreprochable dirección musical de Ira Levin. Por Ernesto Castagnino
 

Escena inicial del primer acto de Oedipe, Teatro Colón, 2012

OEDIPE, tragedia lírica en cuatro actos de George Enescu. Estreno argentino. Función del martes 29 de mayo de 2012 en el Teatro Colón. Dirección musical: Ira Levin. Concepto: Alex Ollé (La Fura dels Baus). Dirección de escena: Alex Ollé y Valentina Carrasco. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Lluc Castells. Iluminación: Peter Van Praet. Elenco: Andrew Schroeder (Edipo), Esa Ruutunen (Tiresias), Robert Bork (Creonte), Gustavo López Manzitti (Pastor), Fabián Veloz (El Sumo Sacerdote), Alejandro Meerapfel (Forbante),  Lucas Debevec Mayer (Centinela), Gustavo Zahnstecher (Teseo), Enrique Folger (Layo), Natasha Petrinsky (Yocasta), Guadalupe Barrientos (Esfinge), Victoria Gaeta (Antígona), Alejandra Malvino (Mérope), Cintia Velázquez (Mujer tebana). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director de coro: Peter Burian. Coro de Niños del Teatro Colón, director: César Bustamante.

Inspirado por una representación del drama de Sófocles que presenció a sus 28 años en la Comédie Française, George Enescu decidió emprender la tarea de componer una ópera sobre el mito griego, tarea que recién pudo comenzar doce años después, en 1921, y ponerle fin en 1931. Nacido en Rumania pero formado en París —donde tuvo de maestros a Jules Massenet y Gabriel Fauré—, Enescu forma parte de ese grupo de compositores que desarrollaron su actividad entre dos siglos, período que más allá de un cambio de centuria, supone la transición entre dos modos bien diferentes de concebir la función del artista y la obra de arte. Mientras en el siglo XIX los compositores quedaban cautivos de los contratos que firmaban con los teatros o editores musicales —quienes les imponían sus exigencias, plazos, números de obras y hasta los temas o libretos que serían abordados—, en el siglo XX el músico planteó una relación diferente con su obra, ahora nacida exclusivamente de su propio impulso creativo  y sin ninguna contemplación por el canon dominante o por el gusto establecido.

Enescu se asoció con el poeta Edmund Fleg para encarar una composición musical que narrara el mito del héroe Edipo en su totalidad. Los dramas de Sófocles que abordan el tema son Edipo rey, que relata las vicisitudes del héroe buscando dilucidar el motivo de la peste que se abate sobre el pueblo tebano y esa investigación lo lleva a la verdad acerca de sí mismo y la expulsión de Tebas. En Edipo en Colono, encontramos al héroe ya ciego y guiado por su hija Antígona a las puertas de la ciudad de Colono donde Edipo sabe que morirá según le ha revelado el oráculo. Con la protección de Teseo, rey de Atenas, Edipo se dirige a la muerte luego de haber maldecido a sus dos hijos varones, embarcados en una guerra fratricida por el trono de Tebas, episodio que Esquilo abordó en su drama Los siete contra Tebas. Fleg, con pretensión épica, emprende la tarea de relatar el mito en su totalidad, desde el nacimiento del héroe hasta su muerte, dando por resultado una ópera de cuatro actos en la que la presencia del protagonista es constante y su extenso monólogo se interrumpe sólo por las intervenciones del coro o por las conversaciones con los demás personajes del drama.

El director de escena Alex Ollé, al frente del grupo La Fura dels Baus, propone una visión conceptual del mito, haciendo de Edipo una metáfora de la existencia humana, de su fragilidad y su dolorosa reflexión acerca de sí misma. Concepto sin tiempo ni lugar determinados, atemporal como el inconciente freudiano, que la puesta refleja en la multiplicidad y superposición de referencias temporales o espaciales pero sin detenerse en ninguna. El planteo visual capta la sobredeterminación simbólica del relato mítico en tanto matriz de significación ávida por capturar algo de aquello que rehúye —eternamente, incesantemente— la posibilidad de ser significado.

Andrew Schroeder (Edipo) y Lucas Debevec Mayer (Centinela) en
el tercer cuadro del segundo acto de Oedipe, Teatro Colón, 2012

Contrariamente a otras experiencias con La Fura dels Baus, en que la sobrestimulación visual y la búsqueda de impacto eran el eje de una propuesta que naufragaba en la saturación tecnológica, en esta oportunidad Ollé y su agrupación demostraron —no sólo su ya comprobada habilidad para crear imágenes de gran belleza— sino además capacidad para crear un concepto visual poderoso a partir del cual la obra puede ofrecer al público todo su potencial. La peste de Tebas se convierte en una metáfora de las catástrofes y la devastación de las guerras, la Esfinge habita dentro de un avión de la Segunda Guerra Mundial y el barro lo invade todo, cubriendo cualquier referencia que pudiera indicarnos el lugar o el tiempo que habitamos, podría ser un pasado inmemorial o un futuro inconcebible, da igual. Edipo es el hombre enfrentado a la insoportable Verdad, tan insoportable que, cuando se presenta ante sus ojos, no puede más que arrancárselos.

La espectacular escenografía de Alfons Flores propuso unas estructuras de tres niveles donde se ubicaban al comienzo solistas y coro, quedando luego pobladas solamente por maniquíes que observaban inmóviles el desarrollo del drama. Manteniendo el monocromatismo, el vestuario diseñado por Lluc Castells mantuvo esa ambigua indeterminación que permitía evocar tanto un pasado inmemorial, un presente desolador o un fututo posnuclear. La iluminación diseñada por Peter Van Praet aportó mucho dramatismo con contrastes e intensidades bien reguladas.

El barítono Andrew Schroeder realizó un verdadero tour de force en el rol protagónico, con una presencia casi permanente interpretó los extensos monólogos con buenos recursos expresivos, redondeando una actuación matizada que se hubiera beneficiado con un mayor volumen vocal. Del resto del elenco merece destacarse en primer lugar a la mezzosoprano Guadalupe Barrientos como la Esfinge, quien logró transmitir con enorme potencia la naturaleza demencial de este personaje y alcanzar un efectivo y catártico clímax. También la Yocasta de Natasha Petrinsky aportó, con su timbre metálico y buena proyección, dramatismo en su escena.

Excelentes también Robert Bork como Creonte, el tío-cuñado de Edipo, quien posee una potente voz de bajo-barítono, como así el Tiresias de Esa Ruuttunen —en producciones anteriores a cargo del rol titular. La mezzosoprano Alejandra Malvino como Mérope, la madre adoptiva de Edipo, tuvo a su cargo una dramática escena en la que Edipo habla con ella de sus dudas y temores, dúo en el que el director de escena evocó una sesión de psicoanálisis.

Natasha Petrinsky (Yocasta) y Andrew Schroeder (Edipo), junto al Coro Estable y al Coro de Niños del Teatro Colón, en la escena final del segundo acto de Oedipe, Teatro Colón, 2012

Completaron el elenco las muy buenas interpretaciones de  Fabián Veloz como el Gran Sacerdote, Alejandro Meerapfel como Forbante, Enrique Folger como Layo, Victoria Gaeta como Antígona, Gustavo López Manzitti como el Pastor, Lucas Debevec Mayer como el Centinela y Gustavo Zahnstecher como Teseo.

El director Ira Levin en el podio consiguió una muy teatral y vibrante versión orquestal, en la que abundaron contrastes y transiciones muy bien logradas. Pero lo más decisivo en el éxito de esta versión musical de la partitura de Enescu fue la contundencia lograda en los momentos concertantes, donde Levin se entregó al vértigo de la abrumadora masa sonora sin perder nunca el sentido del equilibrio y la claridad en la exposición. La obra requiere un coro de gran envergadura y el Coro Estable del Teatro Colón tuvo una actuación ciertamente destacada en los momentos antes mencionados.

La atractiva lectura y el notable sentido teatral de la puesta dirigida por Alex Ollé y Valentina Carrasco, junto a una versión musical irreprochable debido a Ira Levin, alcanzaron el altísimo nivel que muchos estábamos todavía esperando desde la reapertura del Teatro Colón hace dos años. No queda más que darle una calurosa bienvenida a este Oedipe de Enescu que ocupará seguramente un puesto difícilmente superable en la presente temporada.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2012


Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 06/06/2012
     
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