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“Le nozze di Figaro” en Milán : Sólo teatro mozartiano
Un destacado elenco revivió el montaje creado hace treinta años por Giorgio Strehler para la Scala, aunque con una dirección musical que no encontró el estilo de Mozart. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

Katija Dragojevic (Cherubino), Dorothea Röschmann (Condesa) y Aleksandra Kurzak (Susanna) en el segundo acto de Le nozze di Figaro, Teatro alla Scala de Milán, 2012

LE NOZZE DI FIGARO de Wolfgang Amadeus Mozart. Función del martes 10 de abril de 2012 en el Teatro alla Scala de Milán. Dirección musical: Andrea Battistoni. Puesta en escena: Giorgio Strehler, repuesta por Marina Bianchi. Escenografía: Ezio Frigerio. Vestuario: Franca Squarcipino. Elenco: Fabio Capitanucci (Conde de Almaviva), Dorothea Röschmann (Condesa de Almaviva), Aleksandra Kurzak (Susanna), Nicola Ulivieri (Figaro), Katija Dragojevic (Cherubino), Natalia Gavrilan (Marcellina), Maurizio Muraro (Bartolo), Carlo Bosi (Basilio), Emanuele Giannino (Don Curzio), Pretty Yende (Barbarina), Davide Pelissero (Antonio). Coro y Orquesta del Teatro alla Scala de Milán. Director de coro: Bruno Casoni.

La idea de confiar la reposición de la histórica producción de Le nozze di Figaro, puesta en escena por primera vez por Giorgio Strehler hace treinta años —ahora en su novena edición—, a un joven director emergente no fue muy afortunada. De hecho, Andrea Battistoni, de veinticuatro años,  no supo captar la burbujeante vitalidad teatral de la partitura, limitándose a una realización “genéricamente” vivaz pero no muy profundizada desde el punto de vista tímbrico y dinámico.

Las modulaciones armónicas deslumbrantes de Mozart, núcleo esencial del proceso narrativo, fueron casi debilitadas en un mezzo-forte omnipresente y un poco superficial, sin mencionar los problemas que tuvo el director del Véneto para mantener coordinados al escenario y a la orquesta con las desorientaciones resultantes en las partes corales y concertati. En un contexto tan precario, la Orquesta del Teatro alla Scala se vio un poco apática.

Fue una lastima, ya que el elenco presentado por el máximo teatro italiano fue homogéneo y bien equilibrado, comenzando por el óptimo Fígaro de Nicola Ulivieri, de grata voz, sana y robusta, y de desbordante carisma escénico. En el elegante, ligero y aún muy vivo espectáculo de Strehler —repuesto en esta ocasión por Marina Bianchi—, el “siervo” Fígaro estuvo más interesado en el lado privado y amoroso de la obra que en la polémica política contenida en la pièce de Beaumarchais, de la cual Lorenzo Da Ponte delineó magníficamente en su libreto. Así fue como Ulivieri derrochó ininterrumpidamente simpatía e ingenio.

Escena del tercer acto de Le nozze di Figaro, Teatro alla Scala de Milán, 2012

Alessandra Kurzak personificó a una Susanna con vida, en carne y hueso, sin ser soubrette, pero vocalmente su realización fue no más que correcta. Cálida y emotivamente partícipe estuvo la experta Condesa de Dorothea Röschmann, una mujer más enamorada que vengativa, en tanto que el Conde de Pietro Spagnoli estuvo no tan arrogante, vocalmente preciso y de dicción perfecta.

El Cherubino de Katja Dragojevic estuvo bien proyectado y seguro, aunque no muy profundo, mientras que Maurizio Muraro como Bartolo, Natalia Gavrilan como Marcellina, Carlo Bosi como Basilio y la prometedora Pretty Yende como Barbarina fueron capaces de dar su valiosa contribución.

Massimo Viazzo
Abril 2012


Imágenes gentileza Teatro alla Scala de Milán / Fotografías de Brescia y Amisano
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Publicado el 06/05/2012
     
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