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“L’amico Fritz” y “Cavalleria rusticana” en el Teatro Avenida : Parejas que se rompen, parejas que se unen
Dos obras de Mascagni abrieron la temporada de Juventus Lyrica, permitiendo disfrutar, junto a una favorita de todos los tiempos, de otra obra poco representada del compositor. Por Ernesto Castagnino
 

Una escena de L'amico Fritz, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2012

L’AMICO FRITZ, ópera en tres actos de Pietro Mascagni / CAVALLERIA RUSTICANA, ópera en un acto de Pietro Mascagni. Función del domingo 27 de marzo de 2012 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: Antonio María Russo. Puesta en escena, escenografía e iluminación: Ana D’Anna. Vestuario: Lizy Tarasewicz. Títeres: Claudio Rodrigo. Elenco: Mariano Spagnolo (Fritz Kobus), Sonia Stelman (Suzel), Santiago Tiscornia (David), Verónica Cánaves (Beppe), Iván Maier (Federico), Juan Feico (Hanezó), Laura Benítez (Caterina) / Darío Sayegh (Turiddu), Juan Salvador Trupía y Rodríguez (Alfio), Sabrina Cirera (Santuzza), Verónica Canaves (Mamma Lucia), Sabrina Contestabile (Lola). Orquesta y Coro de Juventus Lyrica.

Bien dispares son las dos óperas de Pietro Mascagni elegidas para abrir la temporada de Juventus Lyrica: una tragedia y una comedia compuestas por quien fuera uno de los rivales más serios que tenía Giacomo Puccini en la Italia de finales del siglo XIX. Para darse una idea de lo que sucedía en el ámbito musical italiano basta con verificar los estrenos operísticos en cualquiera de esos años, y comprobar que, por ejemplo en 1892 podía darse el estreno casi simultáneo de I Rantzau (Pietro Mascagni), Edgar (Giacomo Puccini), La Tilda (Francesco Cilea), I pagliacci (Ruggero Leoncavallo) y La wally (Alfredo Catalani). La competencia era despiadada y las acusaciones de plagio y robo de libretos o ideas eran frecuentes; lejos habían quedado los tiempos en que los compositores compartían el mismo libreto de Pietro Metastasio sin importarles quién lo había utilizado antes ni quien lo haría después.

Así, resulta poco probable que a Gaetano Donizetti le quitara el sueño, cuando en 1817 intentó poner música a La olimpiada, que Giovanni Paisiello hubiera usado el mismo libreto 31 años antes, y antes que él Domenico Cimarosa (1784), Luigi Cherubini (1783), Giovanni Battista Pergolesi (1742) y Antonio Vivaldi (1734), entre otros. Pero en la Italia de los jóvenes scapigliati las cosas habían cambiado considerablemente y la virtud más preciada en el teatro musical era lo novedoso u original, por lo que la búsqueda de fuentes de donde extraer nuevas historias se había transformado en el centro de una competencia feroz por la primacía.

En este contexto, Cavalleria rusticana y L’amico Fritz —tercera y cuarta óperas de Mascagni, estrenadas en 1890 y 1891 respectivamente— proponen universos y temáticas bien diferentes: la venganza y el adulterio en un ámbito rural siciliano la primera, la bondad y los pequeños placeres de la vida cotidiana la segunda. La ópera verista basada en el relato de Giovanni Verga, en su breve duración, nos muestra la tragedia que se desencadena un domingo de Pascua cuando la joven Santuzza, por despecho, revela al carretiere Alfio la infidelidad de su mujer con el joven Turiddu, de quien ella sigue enamorada. En el polo opuesto, L’amico Fritz cuenta en tono de comedia, los esfuerzos del rabino David por casar al millonario y benefactor Fritz, objetivo que finalmente logra sin demasiados obstáculos, dando lugar a un final feliz.

Sabrina Cirera (Santuzza) y Darío Sayegh (Turiddu) en una escena
de Cavalleria rusticana, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2012

Si Cavalleria posee una potencia dramática indiscutible, que la convirtió en una favorita del repertorio de todos los tiempos, L’amico Fritz, en cambio, es una comedia sentimental algo anodina que indudablemente se beneficia cuando la puesta escénica resignifica la trama sentimental a partir de un contexto dramáticamente poderoso. Así sucedió en 2008 cuando la propuesta escénica del régisseur Boris en el Teatro Roma de Avellaneda enmarcó el desencuentro y reencuentro amoroso de Fritz y Suzel en el difícil momento de la dictadura argentina de 1976.

La puestista Ana D’Anna utilizó para ambas óperas el mismo marco escénico: una escalinata que evocaba la piazza de alguna ciudad italiana con la silueta de una cúpula lejana y un cilindro al costado usado como fuente, todo en el mismo color arena. Un telón de fondo cambiaba de color para indicar las horas del día o el clima emocional, hasta alcanzar un algo obvio rojo sangre en Cavalleria. Si bien el espacio era funcional y los desplazamientos del coro resultaron beneficiados, su fijeza llevó a una ineludible monotonía visual. El recurso utilizado en L’amico Fritz, unas marionetas que doblaban a los personajes, si bien en un principio tuvo encanto, terminó acentuando el aspecto más naïve y simplón de la obra, además de impedir al espectador ubicarse espacial y temporalmente en los varios cambios de escena que transita la ópera.

En el apartado vocal, el elenco de Cavalleria se vio beneficiado por las vigorosas y bien timbradas voces de Darío Sayegh (Turiddu) y Sabrina Cirera (Santuzza), una pareja de sicilianos que logró sacarse chispas en el duetto “Tu qui, Santuzza?”. La brillante pareja protagónica estuvo acompañada por la sonora voz baritonal de Juan Salvador Trupía y Rodríguez, bien plantado en escena como Alfio, el marido cornudo. Completaron el elenco la mezzosoprano Sabrina Contestabile, correcta en el rol de la sensual Lola, y Verónica Canaves, una hosca Mamma Lucia.

Sabrina Cirera (Santuzza) y Verónica Canaves (Mamma Lucia) en una
escena de Cavalleria rusticana, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2012

En el reparto de L’amico Fritz pudo disfrutarse de la voz de soprano cristalina y lírica de Sonia Stelman en el rol de Suzel, acompañada por la discreta voz de Mariano Spagnolo como Fritz, algo impreciso en la afinación. Completaban Santiago Tiscornia como David, el rabino casamentero, Verónica Canaves como Beppe —ambos habían cantado estos personajes en la producción del Teatro Roma hace tres años—, Iván Maier y Juan Feico como Federico y Hanezò, los amigos de Fritz, y Laura Benítez como Caterina, la madre de Suzel y asistenta del millonario Fritz.

El director Antonio María Russo, al frente de la orquesta, supo extraer el profundo y maravilloso lirismo de L’amico Fritz, para luego sumergirnos en el mundo pasional y violento de Cavalleria rusticana, marcando dos climas antagónicos.

Un curioso emparejamiento fue la propuesta de Juventus Lyrica como apertura de su temporada actual, al reunir dos óperas de climas bien contrastantes pero que ofrecen una interesante muestra de la calidad musical de uno de los compositores italianos más asociados al verismo.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2012


Imágenes gentileza Juventus Lyrica / Fotografías de Liliana Morsia
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www.facebook.com/tiempodemusica.argentina

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Publicado el 07/04/2012
     
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