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La London Symphony Orchestra en Turín : Furia sinfónica virtuosa
Valery Gergiev dirigió a la tradicional orquesta inglesa, sacando el sonido salvaje de obras clásicas de comienzo del siglo XX como el “Bolero” de Ravel, “Juego de cartas” de Stravinsky o “Juegos” de Debussy. Por Massimo Viazzo (corresponsal en Italia)
 

La London Symphony Orchestra, dirigida por Valery Gergiev,
en el Auditórium "Giovanni Agnelli", Turín, Italia, 2009

LONDON SYMPHONY ORCHESTRA. Dirección: Valery Gergiev. Solista: Emanuel Abbühl, oboe. Concierto realizado el jueves 17 de diciembre de 2009 en el Auditórium “Giovanni Agnelli” de Turín, Italia, organizado por la Asociación Lingotto Música de Turín. Ravel: Pavana para un infanta difunta. Stravinsky: Juego de cartas. Strauss: Concierto en Re Mayor para oboe y pequeña orquesta. Debussy: Juegos. Ravel: Bolero.

Fue un brutal y feroz rugido de la sección de metales lo que selló este memorable concierto con el Bolero de Ravel. El neoclasicismo estetizante de ciertas ejecuciones —también célebres— estuvo a miles de kilómetros de distancia de aquí. Valery Gergiev logró liberar de su orquesta una energía envolvente, imparable y también violenta, sin hacer menos el peculiar efecto hipnótico de la obra. Así, el dócil tema inicial poco a poco se fue desbordando, como un caudaloso río que fue inundando hasta transformarse en materia incandescente a tal punto de hacer de este Bolero un indiscutible y cercano allegado de la Consagración stravinskiana. Los últimos movimientos de batuta fueron literalmente irresistibles y el gesto final se convirtió en liberador.

Valery Gergiev, que guió a la London Symphony Orchestra de manera deslumbrante —los metales literalmente se agigantaron—, había iniciado el concierto con una ejecución inalcanzable de la célebre Pavana de Ravel, que fue gobernada por un imperturbable destilar de colores que fue sostenido por un movidísimo tactus. En Juego de cartas, el director ruso pareció haber cambiado la ironía por el “azufre”, sonido siempre rotundo, tema muy proyectado, de afilados y sorprendentes ritmos con un “Jolly Joker” que pareció ser demasiado demoníaco. Por lo tanto, no habría por qué maravillarse de más si el espíritu de Mahler suspirara ligeramente sobre la partitura.

Valery Gergiev, dirigiendo a la London Symphony Orchestra,
Auditórium "Giovanni Agnelli", Turín, Italia, 2009

Gergiev le hizo justicia también a Juegos, obra maestra poco apreciada, de las últimas de Debussy —un poema casi sinfónico, abstracto y sin “programa”— que apunta hacia un caleidoscópico divisionismo tímbrico y con el que se valoriza de manera virtuosamente analítica cada minúscula estructura rítmica. Nada más puede decirse de esa perla que es el Concierto para oboe de Richard Strauss, que fue interpretado con melancólica elegancia y refinada técnica por el primer oboe de la orquesta, Emmanuel Abbühl

En definitiva, se ha tratado de un concierto memorable que traspasa incluso estas pocas líneas. El hecho de que el público turinés, normalmente frío, haya soltado una gran ovación al final del Bolero, persuadió a Valery Gergiev para regalar fuera de programa una pirotécnica ejecución de la “Marcha” de El amor por tres naranjas de Prokofiev.

Massimo Viazzo
Italia, enero 2010

Imágenes gentileza Asociación Lingotto Musica de Turín / Fotografías de Pasquale Juzzolino

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Publicado el 14/01/2010
     
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