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“L’italiana in Algeri” en Santiago de Chile : El harem invertido
Marianna Pizzolato, Kenneth Tarver y Pietro Spagnoli se movieron como peces en el agua rossiniana de esta ópera, que, con puesta de Emilio Sagi, cerró la temporada 2009 del Teatro Municipal. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

 

José Fardilha (Taddeo), junto al coro, en el segundo acto de
L’italiana in Algeri, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

L’ITALIANA IN ALGERI (La italiana en Argel), ópera bufa en dos actos de Gioachino Rossini. Funciones del sábado 31 de octubre y martes 3 de noviembre* de 2009 en el Teatro Municipal de Santiago de Chile. Dirección musical: Rani Calderón / Pedro-Pablo Prudencio*. Dirección de escena: Emilio Sagi. Escenografía: Enrique Bordolini. Vestuario: Renata Schussheim. Iluminación: Eduardo Bravo. Intérpretes: Marianna Pizzolato / Evelyn Ramírez* (Isabella), Patricia Cifuentes / Claudia Pereira* (Elvira), Claudia Godoy / Miriam Caparotta* (Zulma), Kenneth Tarver / Javier Abreu* (Lindoro), Pietro Spagnoli / Ricardo Seguel* (Mustafá), José Fardilha / Sergio Gallardo* (Taddeo), Patricio Sabaté / Pablo Jiménez* (Haly). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick (director).

Argelia obtuvo su independencia de Francia en 1962 tras una cruenta guerra que hasta el día de hoy repercute en el imaginario francés (L’ennemi intime de 2007 es una de las últimas contribuciones al cine sobre ese tema). Por la época en que Rossini compuso L’italiana in Algeri, Argelia era todavía parte del Imperio Otomano, y conocida para Europa principalmente por su actividad corsaria, que le llevaba a convertir a sus prisioneros en esclavos. Un hecho notable de la ópera de Rossini, y que dice bastante acerca de la particular personalidad del compositor, es cómo trivializa ese elemento, de suyo repulsivo para la conciencia europea posterior a las primeras declaraciones de derechos del hombre. Lindoro, el europeo devenido en esclavo, sufre más de melancolía amorosa que de frustración por su condición de no-libre.

El cierre de la temporada 2009 del Teatro Municipal fue entregado al director de escena Emilio Sagi, quien ofreció una Italiana de humor blanco, aunque visualmente llena de colores. El trabajo tiene el sello que el régisseur ya ha mostrado en sus espectáculos anteriores para Santiago: atención a los detalles del libreto, soluciones novedosas para momentos conocidos, y un trabajo visual de líneas limpias y claras. Utilizando el blanco y el bermellón para el primer acto, y el turquesa para el segundo, la escenografía funcional de Enrique Bordolini brindaba amplio espacio para el movimiento de los intérpretes. Junto al hermoso vestuario de Renata Schussheim y la iluminación de Eduardo Bravo, el escenario brilló por sí solo.

La Isabella de Sagi se viste como una estrella de cine, incluso con un peinado tipo panal, que también recuerda a mujeres más atrevidas como Amy Winehouse. Sagi logra momentos de hilaridad rossiniana al vestir al coro de eunucos con sostenes, pero también intimidad en un “Per lui che adoro” menos voyerista que la regla. Pura celebración fue el primer encuentro entre la italiana y el bey, lleno de globos y chayas, pero opacado por la extraña traducción en los sobretítulos, aunque consistente a lo largo de la velada, de la palabra “muso” como “boca”. Lo único que luce un tanto improvisado es el final de la ópera, algo pobre en ideas y recursos.

Pietro Spagnoli (Mustafá) y Marianna Pizzolato (Isabella) en el segundo
acto de L’italiana in Algeri, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

Marianna Pizzolato ya ha hecho de Isabella en el Festival de Pesaro, y es una artista de grandes méritos. Con una voz de bello timbre y excelente técnica, su caudal se acomodó a la perfección a una sala como la del Municipal. Es detallista con la coloratura, en particular para la cabaletta de “Pensa alla patria”, adornada con un gusto exquisito. Y si esto fuera poco, sus dotes mímicas son relajadas y naturales, algo que Sagi ciertamente explotó con éxito, en particular al intercalar un par de frases en castellano en el acto primero. Kenneth Tarver fue un solvente Almaviva hace algunos años y ahora no fue menos como Lindoro. La voz es segura, y la elección del aria alternativa “Concedi amor pietoso” para el segundo acto no hace sino lucir sus mejores atributos: fraseo de aliento largo, diestra ornamentación, y agudos templados.

Pietro Spagnoli es un conocido del público chileno, y como Mustafá puso en jaque la versión boba del personaje. Su Mustafá es un hombre atractivo, ansioso por conseguir lo que busca, por más que esto le conduzca a situaciones absurdas como las del segundo acto. Su cálida voz de barítono se acomoda bien a la línea ligera de Rossini, que incluso en su breve aria “Già d’insolito ardore” se muestra dominante. José Fardilha como Taddeo se robó buena parte de las funciones. El barítono portugués sigue la línea de los mejores buffos italianos, sin perder una gota de coquetería para su dúo con Isabella. Como siempre, correctísimo el desempeño de Patricio Sabaté como Haly, cantando su aria con el teatro iluminado y agregando melismas con seguridad. Correctas también Patricia Cifuentes y Claudia Godoy en sus roles menores.

El segundo elenco fue encabezado por Evelyn Ramírez, mezzo chilena de méritos conocidos, que como Isabella fue de menos a más. Algo insegura en su entrada, fue tomando las riendas a contar del primer final, para llegar a un acto segundo de muy buena factura. Todavía falta un poco más de atrevimiento en la ornamentación, algo discreta para “Pensa alla patria”, pero ciertamente apropiada para “Per lui che adoro”, en el tono erótico justo. El tenor puertorriqueño Javier Abreu es un grato descubrimiento. La voz es liviana y capaz de ejecutar con aplomo la escritura rossiniana. La particular ornamentación que empleó en su aria de entrada es un ejemplo de frescura, aunque se lo notó menos seguro en su aria del acto segundo. Espléndido en los conjuntos, se trata de un cantante que convendría volver a oír.

Marianna Pizzolato (Isabella), cantando “Pensa alla patria”, en el segundo
acto de L’italiana in Algeri, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

Ricardo Seguel tiene una voz algo más reducida que sus colegas, y jugó con la idea de un Mustafá más inocente que voraz. Sergio Gallardo como Taddeo me despierta alguna reticencia, en particular por lo que podría considerarse una entrega algo agresiva del personaje. Vocalmente Gallardo ha ido perdiendo el brillo barítonal con que triunfó en el Don Carlo de 2007; esto no debiera ser un gran obstáculo para un rol de carácter como Taddeo, pero la línea vocal resulta muy a menudo ensuciada por recursos excesivamente teatrales. Claudia Pereira como Elvira dominó con facilidad el finale primo, Miriam Caparotta fue una empática Zulma, y Pablo Jiménez un Haly de hermosa voz.

El coro de eunucos devino en coro de italianos para el segundo acto, ambos servidos con el profesionalismo habitual del Coro del Teatro Municipal. La propuesta musical de Rani Calderón es, por decirlo de alguna forma, un Rossini abotagado. Si bien la obertura hacía presagiar un uso relativamente pausado de tempi, Calderón tendió a ralentizar los momentos más frenéticos de la partitura, en particular dos de los más ejemplares: el final del acto primero, y la stretta del quinteto del segundo. En ambos casos, y de forma bastante descolocante, la algarabía pareció suspenderse en el tiempo. La lectura de Calderón no descuida la orquesta, de la cual saca lo mejor (en particular una madera muy disciplinada en la obertura). Pero incluso si ninguna nota se pierde, lo que es un gran mérito, hay una extraña sensación de alienación respecto a todo, como si Calderón intelectualizara excesivamente el arte de Rossini. Pedro Pablo Prudencio fue bastante fiel a esta línea, aunque algo más fuerza puso en el finale primo. Quizá habría que oírlo sin el ascendiente de Calderón en el primer elenco.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, noviembre de 2009

Imágenes gentileza Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Juan Millá T.


Recomendación del editor
Desde septiembre pasado, se puede visitar La risa de Clitemnestra, el blog personal de Cristóbal Astorga Sepúlveda, donde con su habitual profesionalismo, más una cuota de sentido del humor e ironía, aborda comentarios sobre cine, música y “otras cosas importantes”.

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Publicado el 22/11/2009
     
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