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“La Creación” por la OFBA y el Orfeón de Buenos Aires : El clasicismo contra las cuerdas
Conmemorando los 200 años de la muerte de Haydn, se presentó este oratorio con la destacada dirección de Helmuth Rilling y las excelentes voces de Soledad de la Rosa y Hernán Iturralde. Por Ernesto Castagnino
 

Helmuth Rilling, dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, junto
al Coro Orfeón de Buenos Aires, Soledad de la Rosa, Carlos Ullán
y, de pie, Hernán Iturralde, Teatro Coliseo, 2009

LA CREACIÓN (Die Schöpfung), oratorio en tres partes de Franz Joseph Haydn. Concierto del jueves 1° de octubre de 2009 en el Teatro Coliseo, organizado por el Teatro Colón en coproducción con Festivales Musicales de Buenos Aires. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Coro Orfeón de Buenos Aires. Director de orquesta: Helmuth Rilling. Directores de coro: Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni. Solistas: Soledad de la Rosa, soprano; Carlos Ullán, tenor; Hernán Iturralde, barítono.

El oratorio es un género que tuvo su apogeo en la Europa de los siglos XVII y XVIII, con Johann Sebastian Bach, George Frideric Handel y Georg Philipp Telemann como máximos exponentes. Se trata de obras religiosas con un texto generalmente extraído de la Biblia, que se representaban en salas de concierto sin puesta escénica. Se componen de una obertura o sinfonía inicial, arias, recitativos y coros y, a pesar del tema sacro, pueden tener —desde el punto de vista musical— tanto o más intensidad dramática que una ópera.

La Creación, estrenada en Viena en 1798, sigue los siete días de la creación divina según el libro del Génesis, desde el caos original a la formación del paraíso terrenal y sus habitantes. Haydn se aventura en esta obra a armonías y contrastes musicales de gran efecto y muy modernas para los cánones del clasicismo. Como ejemplo, podemos señalar el pasaje inicial en el cual la descripción del caos originario desemboca en un fortissimo en el que el coro exclama “Und es ward Licht” (Y se hizo la luz) de efecto estremecedor. Estas innovaciones crean un clima dramático por momentos casi beethoveniano y nos indican la declinación de las formas clásicas en su transición al primer romanticismo. Haydn explora en sus obras de madurez las posibilidades musicales de amplios contrastes y variaciones dinámicas que comienzan a resquebrajar los cánones del clasicismo musical del siglo XVIII.

Helmuth Rilling, dirigiendo La Creación, Teatro Coliseo, 2009

El director alemán Helmuth Rilling, un especialista en la música de Bach mundialmente reconocido, ofreció una versión de esta obra de gran intensidad dramática. La variedad expresiva conseguida por Rilling, logró extraer todos los matices de la partitura, desde los pasajes más sutiles y líricos a aquellos más cargados y densos. Una clara visión de conjunto y el cuidado puesto en cada detalle conformaron un notable trabajo de concertación en el que las fuerzas presentes se ensamblaron en un todo, sin perder por eso su identidad. Rilling demostró en esta ocasión el hecho evidente, pero no siempre confirmado, del resultado que se obtiene cuando el director posee una idea clara de la obra, cuando sabe qué quiere decirnos con su interpretación. Bajo su batuta, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires tuvo un desempeño muy superior al del malogrado Mesías de Handel en agosto pasado.

En la sección de solistas encontramos a la soprano Soledad de la Rosa, de hermosa voz lírica, tersa y bien timbrada. La soprano cordobesa da muestras, en cada ocasión, de un enorme crecimiento como intérprete tanto en el repertorio camarístico, la ópera o la música sacra. Su abordaje de las arias fue impecable en estilo y musicalidad, con emisión natural, expresiva utilización del vibrato y cada vez mayor afianzamiento en la zona aguda. Al tenor Carlos Ullán no le faltaron intención y entrega pero se lo vio un tanto forzado. A pesar de que la calidad de sus notas en falsete fue muy buena, el abordaje de los recitativos presentó afectaciones vocales alejadas del estilo y el ascenso al agudo mostró sonidos abiertos y tirantes. De los tres solistas, el bajo-barítono Hernán Iturralde fue quien mejor logró transmitir la profundidad religiosa de la obra. Iturralde posee una voz de centro sonoro y consistente en todo el registro, con variados matices que van de la calidez y delicadeza de sus notas en piano a los corpóreos y poderosos graves plenos de autoridad. Estas características sumadas al pleno control de sus recursos expresivos lo convierten en uno de los más interesantes intérpretes de la escena nacional actual. Si a su innegable gusto y refinamiento sumara una paleta vocal más coloreada, se vería librado de cierta monotonía que a veces empaña su interpretación.

El Coro Orfeón de Buenos Aires tuvo una actuación destacada en los complejos y protagónicos pasajes corales que Haydn creó en esta obra. Sus directores, Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni, consiguieron resaltar los contrastes, aunque siempre dentro de la contención propia del clasicismo musical, sin apelar a efectos espectaculares ni a un volumen apabullante.

En síntesis, asistimos a una excelente versión de esta obra de madurez de Haydn, en la que una clara visión de conjunto de la prestigiosa batuta de Helmuth Rilling y los bellos momentos vocales debidos a la soprano Soledad de la Rosa y al bajo-barítono Hernán Iturralde, hicieron que el interés no decayera en ningún momento.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2009

Fotografías gentileza Teatro Colón
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Publicado el 05/10/2009
     
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