Miércoles 23 de Agosto de 2017
Una agenda
con toda la música


Miércoles 23
Jueves 24
Viernes 25

Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“La viuda alegre” en el Teatro Avenida : El discreto encanto de la burguesía
El despreocupado y alegre mundo de la opereta vienesa se hizo presente gracias a una buena labor de conjunto, una acertada dirección musical y la calidad vocal de Soledad de la Rosa y Armando Noguera. Por Ernesto Castagnino
 

Norberto Lara (Njegus), Armando Noguera (Conde Danilo) y
Soledad de la Rosa (Hanna) en el segundo acto de La viuda alegre,
Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2009

LA VIUDA ALEGRE, opereta en tres actos de Franz Lehár. Función del jueves 3 de septiembre de 2009 en el Teatro Avenida, organizada por Juventus Lyrica. Dirección musical: Carlos Calleja. Puesta en escena: Anna D'Anna y Gui Gallardo. Escenografía: Anna D'Anna. Vestuario: Ponchi Morpurgo. Iluminación: Anna D'Anna y Fernando Micucci. Coreógrafo: Igor Gopkalo. Reparto: Carlos Rivas (Barón Mirko Zeta), Sonia Stelman (Valencienne), Armando Noguera (Conde Danilo Danilowitsch), Soledad de la Rosa (Hanna Glawari), Sebastián Russo (Camille de Rosillon), Santiago Tiscornia (Vicomte Cascada), Hernán Sánchez Arteaga (Raoul de Saint Brioche), Norberto Lara (Njegus), Santiago Ballerini (Kromow), Juan Feico (Bogdanowitsch). Orquesta. Coro de Juventus Lyrica, director: Miguel Pesce. Ballet.

La opereta tiene su propia estirpe nobiliaria, y el compositor húngaro Franz Lehár se cuenta indudablemente entre la más alta realeza, junto al vienés Johann Strauss y al francés Jacques Offenbach. La viuda alegre (Die lustige Witwe), estrenada en Viena en 1905, es uno de los títulos más populares de un género que ha dado a la música melodías imborrables y pegadizas. La opereta posee sus propias convenciones (que comparte con la zarzuela, su pariente ibérica): los argumentos son, por lo general, de temática sentimental con final feliz (comedia de enredos, infidelidad conyugal, amores con diferencia de clase, etc.) salpicadas de temas secundarios más bien prosaicos y picarescos (exaltación de los placeres mundanos: la danza, la bebida, la sensualidad); las melodías poseen una estructura simple, son ligeras, amables y presentan elementos folclóricos europeos (czardas, polcas, boleros, etc.); posee diálogos hablados en lugar de recitativos y sus exigencias vocales suelen ser menores que las de la ópera.

El argumento de La viuda alegre podría definirse como una comedia romántica: en París, la millonaria viuda Hanna Glavari es asediada por pretendientes, aunque ella sólo busca la atención del libertino Conde Danilo Danilowitsch, más amigo del Maxim’s y sus grisetas que de su trabajo como secretario de la embajada de Pontevedro en París. Por su parte, el Embajador está menos preocupado por los flirteos de su mujer que de asegurarse de que la millonaria viuda contraiga matrimonio con un compatriota y de esa manera su fortuna permanezca en el principado. La tensión erótica entre Hanna y Danilo se mantiene hasta el final en el que ambos cantan el famoso dueto “Lippen schweigen, s'flüstern Geigen” (Callen los labios, susurran los violines), abandonándose a los movimientos de uno de los valses más famosos del género (1).

 Soledad de la Rosa (Hanna) y Armando Noguera (Conde Danilo) en el
segundo acto de La viuda alegre, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2009

La régie de Ana D’Anna y Gui Gallardo se mantuvo en una línea tradicional, con marcaciones mayormente previsibles, algunas simpáticas, pero carentes de la audacia y sensualidad que la opereta debe transmitir como brillante y frívola celebración de la prosperidad burguesa de comienzos del siglo XX. La austera escenografía y sobria iluminación no ayudaron a crear la atmósfera glamorosa y aristocráticamente decadente de la Belle Époque, aunque tuvieron el mérito de no obstaculizar el desarrollo dramático. En el aspecto visual, se destacaron más el vestuario diseñado por Ponchi Morpurgo y los peinados diseñados por Ricardo Fasán. El ballet, con coreografía de Igor Gopkalo, aportó un elemento visual dinámico e interesante. Un verdadero mérito fue la decisión de realizar la versión con los diálogos originales en alemán en lugar de traducidos al español, lo que ayudó a recrear el ambiente vienés.

Soledad de la Rosa, en el rol titular de Hanna, sedujo con su brillante vocalidad, consagrándose, nuevamente, como una de las figuras más relevantes de la lírica nacional. La encantadora música de Lehár permitió a la soprano cordobesa lucir su timbre cristalino, componiendo una viuda femenina y romántica a la que, no obstante, le faltó un poco de malicia y sensualidad. Su aria “Vilja, oh Vilja” produjo un efecto hipnótico y conmovedor por su belleza tímbrica y la calidad de su fraseo. El barítono Armando Noguera fue la otra figura de la noche, en el rol del Conde Danilo. Su entrega y compromiso sumados a la solidez técnica en lo vocal lograron cautivar en cada una de sus apariciones. Noguera supo transmitir con su personaje el característico taedium vitae tan propio de la decadente aristocracia europea de principios de siglo. Su Conde fue a la vez libertino, enamorado y varonil, demostrando las capacidades actorales de este barítono argentino residente en París. Vocalmente impecable, sus notas agudas bien timbradas, dicción germana contundente y perfecta afinación hacen lamentar no poder disfrutar de su talento más a menudo.

La pareja secundaria estuvo conformada por la soprano ligera Sonia Stelman como Valencienne y el tenor Sebastián Russo como Camille de Rosillon. Stelman estuvo vocalmente muy bien aunque su idea del personaje resultó desdibujada: la seductora y pícara Valencienne se transformó en manos de Stelman en una inocente y algo ñoña damisela. La voz ligera de Russo fue suficiente para el personaje de Rosillon, verdadero homenaje de Lehár al Cherubino mozartiano de Le nozze di Figaro. Las voces de ambos cantantes se fusionaron con eficacia en los lucidos dúos que comparten. Los restantes personajes no tienen partes solistas pero cumplen un rol importante en el desarrollo dramático, como Carlos Rivas como el Barón Mirko Zeta, embajador y marido de Valencienne, Norberto Lara como Njegus, su valet, Santiago Tiscornia y Hernán Sánchez Arteaga como los pretendientes Cascada y Saint Brioche, Santiago Ballerini y Juan Feico como Kromow y Bogdanowitsch, funcionarios de la embajada. Todos ellos aportaron la gracia y voz suficiente para desarrollar la comedia con éxito.

Soledad de la Rosa (Hanna) en el primer acto de
La viuda alegre, Juventus Lyrica, Teatro Avenida, 2009

El director Carlos Calleja llevó adelante la partitura con elegancia y agilidad, acertando con el espíritu de entretenimiento que da sentido a este género. Se evidenció un trabajo minucioso y pulido para obtener de sus músicos lo mejor, dejando en claro que la opereta no es un género “menor” y merece ser tratada con el mismo cuidado y esmero que la ópera. La orquesta estuvo conformada en esta oportunidad por un ochenta por ciento de jóvenes que han formado parte de la Orquesta Académica del Teatro Colón y el resto integrado por profesores de las principales orquestas de Buenos Aires. El resultado fue óptimo ya que Carlos Calleja supo transmitir su concepción musical de la obra con claridad y entusiasmo, logrando delicados matices en los números románticos y verdaderas explosiones de alegría en los números cómicos. El Coro Juventus Lyrica, dirigido por Miguel Pesce, aportó bellos momentos, como el coro que da comienzo al segundo acto “Mi velimo dase dase Heiaho!”.

A pesar de que el marco escénico-visual no estuvo a la altura de los aciertos musicales, el resultado final de esta opereta vienesa presentada por Juventus Lyrica fue ampliamente satisfactorio. El público pudo gozar del talento musical de la pareja protagonista y un equipo de solistas, coro y orquesta inspirados y conducidos por la acertada batuta de Carlos Calleja.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Septiembre 2009

Nota
(1) Alfred Hitchock utilizó, de un modo magistral e inquietante, la melodía del vals de La viuda alegre en su film La sombra de una duda (1943), en la que un hombre es acusado de asesinar viudas millonarias.

Fotografías gentileza Juventus Lyrica
__________

Espacio de Opinión y Debate
¿Estuviste en esta ópera y no coincidís? ¿Qué te pareció este comentario? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 12/09/2009
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados