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“Orfeo ed Euridice” en el Teatro Coliseo : Serena belleza neoclásica
Con la presencia del director sueco Arnold Östman, el Teatro Colón presentó una refinada versión de la más célebre ópera de Gluck. Por Ernesto Castagnino
 

Franco Fagioli (Orfeo) en el centro de una escena del primer acto
de Orfeo ed Euridice, el Teatro Colón en el Teatro Coliseo, 2009

ORFEO ED EURIDICE, ópera en tres actos de Christoph Willibald Gluck. Función del martes 25 de agosto de 2009 en el Teatro Coliseo, presentada por el Teatro Colón. Dirección musical: Arnold Östman. Puesta en escena, escenografía, iluminación y diseño de pantomimas: Roberto Oswald. Coreografía: Lidia Segni. Vestuario: Aníbal Lapiz. Escenógrafo adjunto: Christian Prego. Elenco: Franco Fagioli (Orfeo), Virginia Tola (Euridice), Paula Almerares (Amore). Bailarines solistas, Ballet Estable del Teatro Colón, dirección: Lidia Segni. Coro Estable del Teatro Colón, dirección: Salvatore Caputo. Orquesta Estable del Teatro Colón.

La reunión de Christoph Willibald Gluck con el libretista Raniero de’ Calzabigi dio lugar a una reforma estética que pretendió arrasar con el exceso de la superflua ornamentación propia del barroco y que, a mediados del siglo XVIII, había llegado a su punto de saturación. La ópera que abre el camino de esta reforma gluckiana es precisamente Orfeo ed Euridice, estrenada en la corte de Viena en 1762, a la que luego siguieron Alceste (1767), Paride ed Elena (1770), Iphigénie en Aulide (1774), Armide (1777) e Iphigénie en Tauride (1779), entre las más importantes. El rol de Orfeo, escrito originalmente para castrato, tuvo su versión para tenor en la revisión francesa que el compositor realizó en 1774; actualmente es abordado tanto por contraltos como por contratenores, como sucedió en esta ocasión.

La puesta de Roberto Oswald resultó en un conjunto armónica, de pulcra y fría línea neoclásica. El talento del régisseur para componer verdaderos “cuadros” en escena, se adentró en esta ocasión en la estética de Giovanni Battista PiranesiJacques-Louis David y Jean Auguste Dominique Ingres. El estatismo esta vez jugó a favor ya que acompañaba muy bien la sobriedad buscada por Gluck en su reforma. El planteo escenográfico consistió en una gran escalinata y columnas de inspiración griega rodeadas de nubes. El cambio de color de las nubes y los efectos de iluminación hacían que nos trasladáramos de las alturas olímpicas a las profundidades del Hades. Con una paleta que iba del blanco al negro, pero con predominancia del blanco, el vestuario diseñado por Aníbal Lapiz, se prestaba perfectamente al juego de texturas y claroscuros buscado por el diseño de iluminación. Si bien el resultado visual era refinado, Oswald y Lapiz transitaron por momentos una delgada línea que separaba el refinamiento de la afectación y el amaneramiento: el excesivo número de bailarines y figurantes en complejas y estáticas composiciones, intercaladas o superpuestas a coreografías, resultó, por momentos, empalagoso. Las coreografías ideadas por Lidia Segni, de línea clásica, se acoplaron perfectamente al planteo visual aunque no depararon sorpresa alguna.

Virginia Tola (Euridice) y Franco Fagioli (Orfeo) en el centro de la escena final
de Orfeo ed Euridice, el Teatro Colón en el Teatro Coliseo, 2009

El contratenor Franco Fagioli tuvo a su cargo el rol titular con auspiciosos resultados. El cantante nacido en Tucumán posee una voz de importante volumen y buena proyección, que recientemente puso al servicio de Telémaco en Il ritorno d’Ulisse in patria de Monteverdi. A diferencia de algunos cantantes que siguen un criterio más rigurosamente clásico y contenido, el de Fagioli fue un Orfeo alla barocca, igualmente válido teniendo en cuenta que esta primera obra de la reforma contiene aún muchos elementos de la tradición barroca que Gluck había heredado. Su gran facilidad para la coloratura le permitió incluir el aria de bravura “Addio, o miei sospiri” que pertenece a la revisión francesa de 1774.

El rol de Euridice estuvo a cargo de la soprano Virginia Tola quien, a pesar de poseer una bella voz de soprano lírica, se mantuvo, lamentablemente, alejada del estilo. Paula Almerares fue un verdadero lujo en el breve rol de Amore, brindando, en sus breves intervenciones, una interpretación excelente por vocalidad y estilo. De Almerares existe un registro en DVD de 1998 interpretando el rol de Euridice en el Teatro San Carlo di Napoli.

Paula Almerares (Amore) en el primer acto de Orfeo ed Euridice,
el Teatro Colón en el Teatro Coliseo, 2009

El director sueco Arnold Östman, verdadero especialista en los períodos barroco y clásico, logró aligerar el sonido de la orquesta para poder ofrecer una versión equilibrada de la pureza melódica buscada por Gluck. El tempo podría haber sido algo más ágil pero, con todo, Östman obtuvo una excelente respuesta de la Orquesta Estable del Teatro Colón en cuanto a homogeneidad y equilibrio. Gluck compuso para esta ópera números corales de gran relieve y el Coro Estable cumplió con discreción debido a algunas irregularidades en el manejo de las intensidades y la dificultad por lograr un sonido más etéreo y pulcro.

Se trató, en resumen, de una muy correcta versión de esta bella ópera de Gluck, en la que se conjugaron una refinada puesta escénica, una dirección musical experimentada y un equipo de solistas de primer nivel, que garantizaron un momento de auténtico disfrute.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2009

Fotografías gentileza Teatro Colón
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Espacio de Opinión y Debate
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Publicado el 27/08/2009
     
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