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Paula Almerares : Nacida para el canto
Por Luciano Marra de la Fuente
 

 

2. La humildad de los grandes y su trabajo en escena

Antes, en 1993, habías cantando con Alfredo Kraus… ¿Cómo fue?
Eso fue una bomba también. Me pasó una cosa rarísima, yo era cover sin función y al final me tocó la primera y la tercera. La otra soprano se fue, tenía otros compromisos. Un día me llaman y me dicen que Jules Rudel –que dirigía la producción– me quería escuchar. Me escuchó, pero ¿qué paso? Yo no audicioné Los cuentos de Hoffmann porque no pensaba que tenía que audicionar esa obra, pensaba que me quería escuchar nomás. No me imaginaba que me iban a dar las funciones… entonces empiezo a cantar “Regnava nel silenzio” [el aria de entrada de Lucia di Lammermoor]… ¡Nada que ver! (risas) Los técnicos estaban en los costados porque estaban desarmando una puesta y mientras cantaba se escuchaban los martillazos, sus gritos… Había otras chicas audicionando también, pero ellas ya sabían que era para Antonia… ¡y yo no! Cuando termino me preguntaban: “¿Pero vos no sabías que esto era para Antonia?” ¡No! Así fue como el Mtro. Rudel dijo: “yo quiero esta chica para la Antonia”… (risas) Y ahí fue. No tenía nada que ver con los directivos, fue una decisión propia del maestro.

Alfredo Kraus (Hoffmann) y Paula Almerares (Antonia)
en Los cuentos de Hoffmann, Teatro Colón, 1993

Y cantaste con Alfredo Kraus, ¿cómo era él?
Una paz. Uno crece con esos artistas, por la humildad y por esa energía muy especial que tienen en el escenario. Era humilde como músico, como persona y como cantante, que él me hizo sentir a la par. ¡Mirá lo que estoy diciendo! En ningún momento dijo: “Yo con esta chiquita no canto porque recién empieza”. Supongo que debe haber visto mi seriedad y mi deseo de hacer lo mejor posible. Al finalizar el tercer acto, el público se cayó de aplausos, abren el telón, nos hacen señas desde adentro, “salgan a saludar”, y el único que me dejó sola, porque él amago con salir y me dejó sola fue Alfredo Kraus. Y yo me llené de lágrimas. Era Alfredo Kraus y él podía recibir todas esas loas de aplausos y no. Eso me mató. Todavía me emociona... Fue muy mágico. Porque generalmente puede haber celos profesionales y esas cosas, pero además yo recibí de él el mejor de los apoyos y sus consejos.

Luego en 1994 cantaste con Plácido Domingo en la reapertura del Teatro Avenida…
Sí, primero en Montevideo y luego en el Teatro Avenida. Él es otra especie de “monstruo”, totalmente diferente… Carismático. Pero a la hora de estar arriba del escenario, tiene una energía aplastante. Es esa energía del canto con un sentimiento más profundo que te hace sacar la música. Empezás a temblar de la energía y decís: “Ahora sí”.

Eso se transmite en escena…
Sí. Es un dar y recibir en el momento de cantar. Es como que se crea una cámara de cristal donde hay un diálogo de lo más profundo que se llega al público. Eso se da con los grandes y con la humildad de los grandes. No con los grandes solamente. La “humildad de los grandes” es totalmente diferente a los “grandes”, porque la música es lo más transparente: uno sabe cómo es la persona cuando hace música, en este caso, cuando canta. Uno se da cuenta de la personalidad. Yo tuve la suerte de estar junto a estos dos grandes y estoy muy agradecida. No me queda ningún grande en el tintero. Pavarotti ya no puede ser, que le vamos a hacer… Estoy más que agradecida. Sigo teniendo contacto con Plácido, aunque ahora se dedica a la dirección de teatros. Supo de mí cuando fuimos a México [con Turandot del Teatro Colón]. Siempre hay buena relación, sabe de mi carrera, me apoya y es muy correcto.

Luis Lima (Rodolfo), Mirella Freni (Mimí) y Paula Almerares (Musetta)
en el último acto de La bohème, Teatro Colón, 1999

Hablando de “grandes” también participaste como Musetta en La bohème con Mirella Freni en 1999. ¿Cómo fue trabajar con ella en los ensayos y en las funciones?
A mi me parece que es un “monstruo”. Si uno no sabe dónde poner la voz esos días por la mañana y que no se sabe dónde está, te ponés un CD de ella y ya encontraste todo. No necesitás ni vocalizar con Mirella. Es una gran profesional, una gran maestra. Conmigo fue una gran persona. Compartimos camarines y nos pasábamos las estampitas para bendecirnos mutuamente. Para mí fue muy impactante cantar el último acto junto a ella, porque era la única parte en que yo podía compartir, en el momento de la muerte, agarrarle las manos, verla de cerca en su interpretación y cómo hacía las cosas. En ese momento uno aprovecha y vale más que diez años de clases. Captás todo. También hacer el aria de Musetta [del segundo acto] con ella atrás… Ella me dijo: “La verdad qué bien! Yo esta aria no la haría nunca!” (risas) Porque es difícil: es un aria que parece simple pero Musetta entra con eso. Entre camarines, ella tenía su kimono y yo el mío, así que yo le decía: “Usted lleva el kimono e hizo Madama Buttefly, pero yo paso” (risas) Una linda experiencia, que no es común y no es con todos igual. Depende… Yo soy una persona muy respetuosa: respeto mucho la trayectoria de las personas que han estado tantos años en el escenario y eso a ella yo se lo expresé.

3. A la búsqueda de los personajes
4. Experiencias de vida / Forjar una carrera / Encontrar una misión

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Publicado el 16/08/2009
     
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