Martes 22 de Septiembre de 2020
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Tristán e Isolda” en Chile : Una Isolda para dos Tristanes
La aclamada puesta en escena de Marcelo Lombardero volvió este año al Municipal, con un entregado Jon Fredric West y Kirsi Tiihonen en los roles principales. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Chile)
 

 

Kirsi Tiihonen (Isolda) y Petra Lang (Brangania) en el primer acto
de Tristán e Isolda, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

TRISTÁN E ISOLDA de Richard Wagner. Funciones del sábado 20 y martes 30* de junio de 2009 en el Teatro Municipal de Santiago de Chile. Dirección musical: Rani Calderón. Dirección de escena: Marcelo Lombardero. Escenografía e iluminación: Ramón López. Vestuario: Luciana Gutman. Dirección de arte y multimedia: Diego Siliano. Reparto: Jon Fredric West / John Keyes* (Tristán), Kirsi Tiihonen (Isolda), James Johnson (Kurwenal), Petra Lang (Brangania), Kristinn Sigmundsson (Marke), Patricio Sabaté (Melot), José Castro (un pastor), Pedro Espinoza (un joven marinero), Juan Pablo Dupré (el timonel). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick.

En el año 1859 Darwin publicó El origen de las especies y Marx la Contribución a la crítica de la economía política. Es coincidentemente también el año en que Richard Wagner concluye la composición de Tristán e Isolda, su drama musical sobre la pareja medieval víctima de una pócima de amor. Ha pasado siglo y medio desde entonces y hay algo extraño en esa confluencia del cientificismo de los primeros, verdaderos satanes de la modernidad para muchos, y el irracionalismo del último, que borbotea regularmente por referencia al budismo, la metafísica y Schopenhauer (aunque raras veces se explica cualquiera de estos ruidos). Probablemente Wagner hoy sea percibido como un autor más domesticado y cercano al público, lo que se refleja en la enorme cantidad de devedés del Anillo que hoy circulan. En la era post Star Wars, las valquirias surcando el cielo son parte del panorama cotidiano. El Wagner nuestro de cada día resulta cada vez menos polémico, lo cual no tiene por qué ser necesariamente malo, pero no deja de ser curioso que las polémicas wagnerianas se reduzan hoy básicamente al antisemitismo y a la escasez de intérpretes aptos. Ahí donde Darwin y Marx siguen siendo resistidos, Wagner parece infiltrarse como un sistemático guía espiritual en la era del desconsuelo moral.

El Teatro Municipal no pretendía conmemorar Tristán e Isolda, pues originalmente había programado Tannhäuser. Ajustes económicos hicieron preferible revivir el montaje de hace dos años de la primera con los mismos intérpretes programados para la segunda. Solución barroca, pero efectiva, aunque quizá el poco tiempo de distancia que separó al estreno de su reposición hubieran hecho preferible el retorno del Lohengrin de Alfred Kirchner, que también resistía el reciclaje vocal. La puesta de Marcelo Lombardero está tan fresca como antes (puede leerse el comentario de hace dos años) y solo un par de cambios se han incluído, por ejemplo la animación digital del marinero al comienzo de la ópera. La atmósfera virtual de Diego Siliano es ya un sello de Lombardero, pero uno sigue esperando algo más de elocuencia en el más bien estático acto segundo. Ramón López ilumina en tonos marinos todos los actos, lo que puede provocar cierta fatiga después de tres horas. Luciana Gutman viste muy bien a sus mujeres, pero su apuesta no resulta demasiado atractiva en los hombres, en particular un Tristán apagado y plano. La comparsa con tendencia sadomasoquista sigue ahí y hasta pareció menos agresiva (lo cual... no es menor).

Kirsi Tiihonen (Isolda), Johan Fredric West (Tristán) y Petra Lang (Brangania)
en el primer acto de Tristán e Isolda, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

Jon Fredric West venía precedido de una larga carrera wagneriana. El respaldo audiovisual de su Tristán en la muy kitsch producción de Peter Konwitschny hacía difícil predecir cómo iba a resultar su desempeño hoy, diez años después y en una puesta muy diferente. Lo cierto es que West entregó un retrato vocalmente espléndido del torturado personaje. No sólo es efectivo frente a las cortantes costumbres de Isolda en el primer acto, sino que escruta con vehemencia en las preguntas que lo acechan en el tercero. Logra momentos líricos de hermosa confección en el dúo del acto segundo y raras veces se oye un monólogo final tan enérgico y entregado, en particular por las dificultades vocales que, a esas alturas de la noche, tiene que enfrentar el tenor. Es difícil saber cuánta de esa entrega puede haberle pasado la cuenta en las siguientes funciones, pues a contar de la tercera fue reemplazado por John Keyes. El tenor norteamericano posee una voz baritonal que redunda en una cierta ambigüedad vocal cuando se mueve al agudo, a ratos dando la impresión de dos voces distintas. Esto es particularmente extraño en el acto tercero, donde las diferentes alucinaciones del personaje, coronadas por exclamaciones brillantes, sonaban forzadas. Discreto desempeño, aunque es de notar que se mostró más amoroso con Isolda que su colega.

Kirsi Tiihonen (Isolda) y Petra Lang (Brangania) en el primer acto
de Tristán e Isolda, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

La soprano finesa Kirsi Tiihonen es una Isolda de cuidada factura. La voz es estable y manifiesta poco cansancio en las varias horas de función. Llega con particular elegancia a su muerte de amor, cerrando con un delicado pianissimo la última función. Es de las Isoldas elevadas, no muy dada a la venganza ni al erotismo, pero sí al desprecio y al sacrificio. Su acto segundo es parejo, pero algo más de color vocal no vendría mal, en particular en una más bien fría primera función. Petra Lang ya había cantado el mismo rol hace dos años y es siempre grato oírla. Brangania es un rol secundario, pero puede resultar dominante cuando el cantante logra imponerse a la pareja. Ese es ciertamente el caso de Lang. No solo porque derechamente la puesta la favorece al mantenerla expectante durante la primera entrevista de los amantes y hacerla cantar su primera advertencia no “invisible, desde la almena”, sino de frente al público e iluminada; sino porque la voz es de un caudal casi intimidante. Lo verdaderamente hermoso de su Brangania es que logra matizar los cambios de humor de la doncella; el ceño continuamente fruncido la hace parecer siempre enojada, pero sabemos por su voz que solo intenta proteger a su señora. Atenta al texto, hay una calidad liederística en su intepretación que sólo obliga a esperar su Venus en el futuro.

James Johnson, conocido en Chile por su Friedrich von Telramund, fue un eficaz Kurwenal. La voz es cálida, aunque el personaje resulta un tanto odioso en su relación con las mujeres en el primer acto. Kristinn Sigmundsson, nuestro último Sarastro, es todo lo que uno quiere en Marke: figura imponente, bello y profundo timbre, fraseo claro e incluso indignación en el cierre del monólogo. Patricio Sabaté tiene una voz casi demasiado hermosa para un rol tan ingrato como el de Melot, lo que no deja de despertar sentimientos encontrados. Perfecto el joven marinero de Pedro Espinoza, correcto el timonel de Juan Pablo Dupré y algo apagado el pastor de José Castro. El Coro se mostró atento en su intervención invisible, menos ahogado que hace dos años.

Kirsi Tiihonen (Isolda) y Johan Fredric West (Tristán) en el primer acto
de Tristán e Isolda, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2009

Rani Calderón, el nuevo titular de la Filarmónica de Santiago, ofreció una lectura competente de la suntuosa partitura. Los tempi elegidos por Calderón son convencionales y resulta bastante expansivo en el primer acto, cercano a los 80 minutos. Maneja con sobriedad la masa orquestal en el dúo de amor, aunque no abrió el feo corte que reduce considerablemente su primera sección. Es cuidadoso con la dinámica, bastante amistosa con los cantantes, lo que a veces desinflaba ciertos momentos, como el clímax del dúo o las alucinaciones de Tristán en el acto tercero. Hay ciertos problemas en las maderas, particularmente notorios en el preludio de la primera función, donde el episodio de los filtros resultó algo accidentado. Un enfoque más bien tradicional, pero profesional. No disgustaría una pizca de atrevimiento.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, julio de 2009

Imágenes gentileza Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Juan Millán T.

__________

Espacio de Opinión y Debate... ¡Participá!
¿Estuviste en esta obra y no coincidís? ¿Qué te pareció este comentario? Dejanos tu punto de vista en nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 09/07/2009
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados