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“Il trovatore” en el Teatro Argentino de La Plata : Lejos del ideal
El segundo título de la temporada lírica platense, a pesar de ofrecer una lectura orquestal de calidad, padeció una puesta rutinaria y un cuarteto de cantantes entre los cuales sólo se destacó la mezzosoprano Alejandra Malvino. Por Ernesto Castagnino
 

Alejandra Malvino (Azucena) en el segundo acto
de Il trovatore, Teatro Argentino, La Plata, 2009

IL TROVATORE, ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi. Función del domingo 31 de mayo de 2009 en la Sala “Alberto Ginastera” del Teatro Argentino, La Plata. Producción escénica 2006. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena, escenografía e iluminación: Marcelo Perusso. Vestuario: Stella Maris Müller. Elenco: Luis Gaeta (Conde de Luna), Haydée Dabusti (Leonora), Gustavo López Manzitti (Manrico), Alejandra Malvino (Azucena), Ricardo Ortale (Ferrando), Vanesa Thomas (Inés), Sergio Spina (Ruiz), Claudio Rotella (Un gitano), Francisco Bugallo (Un mensajero). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino. Director de coro: Miguel Martínez.

Uno de los títulos más populares de Giuseppe Verdi y de la ópera universal es Il trovatore. Pertenece al período medio del compositor y, junto a La traviata y Rigoletto, forma el trío de obras que lo llevó a la consagración. De estos tres títulos, Il trovatore es el menos favorecido en cuanto a solidez dramática y un libreto inspirado. El argumento fue tomado de El trovador de Antonio García Gutiérrez –autor también de Simón Bocanegra–, un drama caballeresco de capa y espada estrenado en 1836 que narra la historia intrincada de un triángulo amoroso situado en el siglo XV, que comienza con un filicidio y termina con un fratricidio. Salvatore Cammarano era un libretista de la “vieja guardia”, habituado a los melodramas caballerescos de comienzos del siglo XIX, que adaptó para Gaetano Donizetti (Lucia di Lammermoor), Giovanni Pacini y el mismo Giuseppe Verdi (La battaglia di Legnano). En 1851, Rigoletto significó una ruptura con las historias de capa y espada, ya que llevó al teatro de ópera un drama íntimo y de dimensiones humanas.  Dejando atrás personajes más unidimensionales –la oposición héroes y villanos–, Verdi crea, con Rigoletto, un nuevo tipo personaje, contradictorio y complejo, que experimenta cambios a lo largo de la obra y con el cual el espectador siente una nutrida gama de emociones.

En este sentido, Il trovatore –estrenada en 1853– significa una suerte de “retroceso” en sentido dramático a un tipo de relato con el que Verdi ya no se sentía cómodo y del que se alejará definitivamente en su siguiente ópera, La traviata, también de 1853. No obstante, Verdi compuso para esta obra melodías inolvidables y de una belleza irresistible, lo que le garantiza un lugar privilegiado entre los títulos más requeridos por el público y en el cual midieron fuerzas cantantes de todas las épocas y lugares.

Alejandra Malvino (Azucena) y Gustavo López Manzitti (Manrico) en el
segundo acto de Il trovatore, Teatro Argentino, La Plata, 2009

La propuesta escénica de Marcelo Perusso, responsable de la régie, escenografía e iluminación resultó poco atractiva y con elementos discordantes. Se trató de una reposición de la puesta de 2006 que combinaba una escenografía fija –escaleras en ruinas– con paneles, elementos y proyecciones que diferenciaban una escena de otra. Con una concepción escenográfica realista, las proyecciones de imágenes simbólicas –más propias de una puesta en escena “conceptual”– resultaban discordantes en una superposición de lenguajes, estilos y niveles de lectura que no conformaban un conjunto armónico y homogéneo desde el punto de vista visual. El diseño de iluminación colaboró escasamente en la creación de diferentes climas y efectos dramáticos. El diseño de vestuario de Stella Maris Müller, siguiendo una línea tradicional, no se destacó por su originalidad y creatividad.

Para comprender la envergadura musical que tiene esta ópera, citemos la anécdota en la que a Arturo Toscanini se le solicitó su opinión sobre la posibilidad de montarla: “es fácil –dijo– basta con reunir a los cuatro mejores cantantes del mundo”. El rol de Leonora posee, como el de Violetta en La traviata, dificultades en cuanto a extensión, coloratura e intensidad dramática. La soprano Haydée Dabusti salió airosa del desafío aunque su registro agudo no sea suficientemente sólido para afrontar este rol. Su voz posee un bello timbre en la zona media que se va perdiendo conforme asciende a la zona aguda, por lo que en los pasajes líricos pudo lucirse más que en las difíciles coloraturas. El tenor lirico-spinto Gustavo López Manzitti como Manrico ofreció una interpretación vocal de tipo verista que no se aviene en absoluto al estilo y al fraseo verdiano: un excesivo vibrato, portamenti, finales sollozantes en las frases, fueron algunos de los elementos que restaron a su interpretación. Sus notas agudas en el aria “Di quella pira” resultaron estentóreas.

Luis Gaeta (Conde de Luna), Haydée Dabusti (Leonora) y Gustavo López Manzitti (Manrico) en la escena final del segundo acto de Il trovatore, Teatro Argentino, La Plata, 2009

La mezzosoprano Alejandra Malvino afrontó uno de los roles verdianos más difíciles para esa cuerda, el de la filicida Azucena. Verdi exige en esta ópera a la mezzosoprano alcanzar el Do6, vale decir una extensión vocal de soprano. Malvino posee una bella voz con un registro agudo suficiente pero su punto débil fueron sus notas graves. No obstante, la intensidad de su interpretación y su entrega resultaron conmovedoras. El barítono Luis Gaeta se encontró en dificultades para hacer frente a la demoledora tessitura del villano Conde de Luna pese a ser un artista de gran experiencia y musicalidad. De escaso relieve resultó el Ferrando de Ricardo Ortale.

La dirección orquestal a cargo de Carlos Vieu tuvo momentos de gran calidad, con un cuidado en el detalle que merece destacarse. La Orquesta Estable tuvo una actuación inmejorable, como así también el Coro que mostró solvencia en una partitura de mucha exigencia.

En síntesis, una producción lejana al ideal de una obra que posee, a pesar de sus inconsistencias argumentales, una superioridad musical indiscutida. La innegable calidad de la orquesta, el coro y un talentoso director no lograron evitar que el resultado final fuera soporífero.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Junio 2009

Sobre los trabajadores del Argentino y el Colón
Antes de comenzar la función, dos miembros del coro leyeron un comunicado explicando su situación salarial y solidarizándose con la situación de los 400 trabajadores del Teatro Colón que han sido recientemente trasladados a otras dependencias del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ajenas al ámbito cultural –como el Ministerio de Salud, por ejemplo–. El público escuchó en respetuoso silencio y luego aplaudió largamente indicando que afortunadamente estamos tomando conciencia del menosprecio por la cultura que muestran nuestros gobernantes.

Fotografías gentileza Teatro Argentino de La Plata

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Publicado el 08/06/2009
     
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