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“La traviata” en el Teatro Avenida : Cuando los protagonistas son el director y la orquesta...
Con la sólida dirección musical de Carlos Vieu y momentos de gran intensidad, se presentó el primer título de la temporada 2009 de Buenos Aires Lírica. Por Ernesto Castagnino
 

Ivanna Speranza (Violetta Valéry) en el primer acto de
La traviata, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2009

LA TRAVIATA, ópera en tres actos de Giuseppe Verdi. Función del viernes 27 de marzo de 2009 en el Teatro Avenida, organizada por Buenos Aires Lírica. Dirección musical: Carlos Vieu. Puesta en escena: Pablo Maritano. Escenografía: Diego Siliano. Vestuario: Sofía di Nunzio. Iluminación: Gonzalo Córdova. Coreografía: Cecilia Elías. Elenco: Ivanna Speranza (Violetta Valéry), Arnaldo Quiroga (Alfredo Germont), Omar Carrión (Giorgio Germont), Vanina Guillado (Flora Bervoix), Gustavo De Gennaro (Gastone), Claudio Rotella (Marqués d’Obigny), Ernesto Bauer (Barón Douphol), Walter Schwarz (Doctor Grenvil), Rocío Arbizu (Annina), Fermín Prieto (Giuseppe), Enzo Romano (Mensajero/Sirviente de Flora). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica, dirección: Juan Casasbellas. 

Podemos imaginar el desconcierto que produjo en el público veneciano la historia de una cortesana que lucha tanto contra el estigma social como contra la tuberculosis que la matará inevitablemente. El público operístico de mediados del siglo XIX, acostumbrado a seguir desde la butaca las vicisitudes de héroes mitológicos, épicos o caballerescos, tiene ante sus ojos a una heroína diferente. Lejos de las lamentosas Ariadna o Dido, de las lánguidas Elvira o Lucia di Lammermoor, de las guerreras Abigaile o Giovanna d’Arco, Violeta (o, en versión de Alexander Dumas, Margarita Gautier) es víctima del prejuicio de la sociedad y eso la aniquila tanto o más que su tuberculosis. La “revolución Verdi” ya estaba en marcha e involucró tanto aspectos musicales como dramáticos: la creación de personajes “de carne y hueso” con los que el público podía identificarse en forma inmediata. ¿Incipiente verismo? Tal vez, pero sin duda puro “verdismo”.

La universalidad y la atemporalidad de esta historia de amor marcada por la tragedia, permitió, sobre todo en estas últimas décadas, que se la contextualizara en distintos momentos del siglo XX. Esto llevó a los régisseurs a poner a prueba su ingenio y sorprender al público con sus visiones, a veces de manera muy efectiva. En esta senda se concibe la última realización de Buenos Aires Lírica donde, con un despliegue visual diferente, se buscó dejar de lado la forma tradicional. La propuesta de Pablo Maritano resultó eficaz en ciertos niveles, pero problemática en otros. Esto se debe a una falta de unidad en el criterio para trasladar temporalmente la ópera, lo cual lleva a preguntarse cuál es el sentido de hacerlo, si es algo que incorpora sentido a la obra o simplemente tiene que ver con el ego de quien lo imagina.  Si bien la mayor cantidad de indicios conducen a pensar que nos encontramos a principios del siglo XX, la inclusión de peinados, vestidos y sillones, más cercanos al ochenta, y una sala que parece flotar en las profundidades del océano, más cercana a las tecnologías del siglo XXI, conforman un pastiche atractivo para el espectáculo, pero difícil de conectar con la profundidad de la obra.

Omar Carrión (Giorgio Germont) e Ivanna Speranza (Violetta Valéry) en el segundo acto de La traviata, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2009

La escenografía de Diego Siliano consistió en proyecciones en distintos planos y algunos objetos con volumen en el centro de la escena. El planteo visual tuvo momentos interesantes como el traveling por las calles de Paris durante el preludio al tercer acto o el progresivo “lavado” de las paredes del segundo, y momentos de dudoso gusto como la postal de Paris (con torre Eiffel incluida) proyectada como fondo durante el “Sempre libera!” o el acuario (con manta raya incluida) que dominaba la escena de la fiesta de Flora. Sofía Di Nunzio diseñó un vestuario atractivo y de buen efecto. Muy prolijo el trabajo de Gonzalo Córdova en la iluminación. El problema es que cada elemento de la puesta parecería perder fuerza debido a una concepción más bien superficial.

El rango dramático y vocal de Violetta presenta un desafío para la soprano, ya que debe poseer una sólida técnica vocal que le permita transitar el arco que va desde la infernal coloratura del primer acto a los dramáticos estertores del último. A esto agréguese que el personaje está en escena casi toda la ópera y obtenemos como resultado uno de los roles más complejos del repertorio de soprano. Ivanna Speranza, nacida en Córdoba pero radicada en Italia hace diez años, debutó en Buenos Aires este rol con aciertos y fallos. Algunos problemas en la zona del passaggio (1), uso de portamenti y el escaso conocimiento del fraseo verdiano hicieron que la actuación vocal de Speranza resultara decepcionante. El segundo acto fue el que le presentó menos dificultades y nos brindó allí una interpretación memorable en el dúo con Germont: exquisitas filature, suaves pianissimi, lograron una conmovedora intimidad haciendo de este acto lo mejor de la noche.

Ivanna Speranza (Violetta), Arnaldo Quiroga (Alfredo) y Omar Carrión (Germont) en el cuadro segundo del segundo acto de La traviata, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2009

El tenor Arnaldo Quiroga, quien ya abordó un rol verdiano el año pasado (Foresto en Attila), no parece estar técnicamente preparado aún para este repertorio. Si en los momentos más reposados su voz corría con naturalidad, en los momentos más dramáticos Quiroga adquiría un timbre inadecuadamente heroico que no convenía a este personaje. Omar Carrión dio nuevamente muestras de su timbre de barítono verdiano en el rol de Giorgio Germont, logrando en el dúo con Violetta y su aria “Di Provenza il mar” el momento más alto de la velada. Su presencia escénica, su refinado fraseo, el abanico de matices dinámicos (se permitió cantar en piano y pianissimo una estrofa completa del aria) son sus principales aportes a esta Traviata. De los roles comprimarios cabe destacar el perfecto Doctor Grenvil del bajo Walter Schwarz, una voz que merece mejores oportunidades.

La dirección orquestal de Carlos Vieu fue intensa, clara y llena de matices. Vieu extrajo lo mejor de la orquesta de Buenos Aires Lírica, logrando un sonido auténticamente verdiano, de respiraciones largas y profundo lirismo. El coro tuvo una actuación sencillamente estupenda.

Ivanna Speranza (Violetta Valéry) en el final de
La traviata, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2009

En síntesis, con resultados desparejos comienza esta temporada de Buenos Aires Lírica, en la que se vivieron momentos de gran lucimiento vocal y coherencia visual, como en el segundo acto, y otros en los que ni lo uno ni lo otro estuvieron presentes. Lo que estuvo presente en todo momento es la música de Verdi gracias a la batuta de Carlos Vieu y una orquesta que le respondió con muy buen nivel. El desafío que implica una ópera tan popular como La traviata necesita de un gran conocimiento del drama que se manifieste en todos los planos que componen la realización. El gran despliegue visual permitió disfrutar del espectáculo que acompañó, de manera despareja, al drama íntimo que provoca la emoción, el suspiro y el aplauso del público de todas las épocas.
 
Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2009

Nota
(1) Notas que se encuentran entre los registros de cabeza y de pecho.

Imágenes gentileza Buenos Aires Lírica / Fotografías de Liliana Morsia.
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Espacio de Opinión y Debate
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Publicado el 03/04/2009
     
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