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Adriana Mastrángelo: Una mujer para el teatro cantado
Por Cristóbal Astorga Sepulveda
 

2. Las exigencias del escenario

Hernán Iturralde (Wozzeck) y Adriana Mastrángelo (Marie) en Wozzeck,
producción del Teatro Colón en el Teatro Coliseo, 2007.
Fotografía de Arnaldo Colombaroli.

Con Marcelo Lombardero –director escénico de Barbazul– había trabajado antes en Wozzeck. ¿Fue muy exigente la experiencia en un papel escrito para soprano?
La exigencia, más que de tesitura, es de la pieza, que es muy compleja musicalmente y dramáticamente muy exigente. Fue importante hacerlo en ese momento en Buenos Aires.

¿Y qué tal esta nueva experiencia, ahora en Bartók?
Con Marcelo somos amigos desde hace mucho tiempo, y he trabajado muchas veces con él. Me gusta la forma en que arma los equipos, de manera que todos sabemos de qué estamos hablando cuando trabajamos. Ha logrado imprimir un estilo propio que también nos ha enseñado, a mí, a Hernán Iturralde, y lo hace en equipo junto a Diego Siliano y Luciana Gutman. Todos estamos en la misma frecuencia y la obra cobra una coherencia que hace que sea un placer estar en ella. Marcelo además tiene una manera de mezclar la música y el teatro que para mí es muy sabia y que conoce con mucha intimidad. Deja que las ideas se vean claras, nos pide movimientos escénicos claros y concretos, y de verdad esos movimientos ayudan a la comprensión del personaje. El llegar hasta la forma que él pide no es una cuestión vana, sino que en ese proceso uno va entendiendo mejor, y además va jugando en conjunto. Así uno puede tener un compañero que está completamente compenetrado con lo que está pasando en ese momento, mientras la escenografía proyectada cae justo en el momento musical... la verdad es que es muy fácil dejarse llevar.

En una escena muy íntima de Barbazul, Judith se saca el vestido. Eso no se vio en el otro elenco. ¿Fue idea de Lombardero o suya?
No, para nada (ríe). Fue de Marcelo. Él trabaja con sus dos elencos y en cada grupo pide y da lo que el grupo necesita. Es un lujo trabajar con él, es uno de los pocos directores que le da lugar a cada uno y que se adapta a los cantantes.

Adriana Mastrángelo (Leonora), junto a Omar Carrión (Alfonso), en La favorita, puesta en escena de Hugo de Ana, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2008. Fotografía de Juan Millán T.

¿Cómo fue el trabajo con Hugo de Ana, régisseur de La favorita? Hacía mucho que no estaba en Chile.
Es un hombre que se preocupa por todos los detalles, desde la forma en que el maquillaje puede completar la idea de lo que él buscaba para el cuarto acto, hasta cómo hacer un análisis del texto del aria que Alfonso canta acompañado de Fernando y Leonora. Explora qué exactamente está pasando ahí, un momento en que están en juego cuestiones dramáticas fuertes. Hugo puede ser muy analítico, pero también tiene un aspecto muy plástico, que para él también es importante. Su escenario tiene escenas enormemente trabajadas, barrocas, plásticamente muy sugerentes, y el vestuario posee también un alto grado de detalle. Por ejemplo, la cruz que cuelga en medio del escenario está trabajada con detalles que no llegan a verse ni siquiera desde la platea. Genera un mundo muy mágico, pero puede que resulte un poco menos teatral. Aunque quizá también los tiempos en Donizetti son menos teatrales. Esa es otra diferencia entre Bartók y Donizetti: Donizetti deja que la música se exprese. El sentimiento pasa a través del canto. En cambio en Bartók, la relación entre lo que se dice y lo que se actúa es más teatral.


3. El canon operístico: pasado y futuro

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Publicado el 02/01/2009
     
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