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“La favorite” en Santiago de Chile: Delicia de reyes
El Teatro Municipal ofreció una excelente versión de la ópera de Donizetti con una cuidada puesta en escena de Hugo de Ana y excelente doble elenco, encabezado por la mezzosoprano Dolora Zajick. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Santiago de Chile)
 

Delicia de reyes
Teatro Municipal, Santiago de Chile
Lunes 25, martes 26* y jueves 28 de agosto de 2008

 

 Stefano Antonucci (Alfonso XI) y Dolora Zajick (Leonora) en el segundo acto de La favorite, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2008

LA FAVORITE, ópera en cuatro actos de Gaetano Donizetti. Dirección musical: Roberto Rizzi-Brignoli / José Luis Domínguez*. Dirección de escena, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana. Reparto: Dolora Zajick / Adriana Mastrángelo* (Leonora), Tito Beltrán / Mario Zeffiri* (Fernando), Stefano Antonucci / Omar Carrión* (Alfonso XI), Giovanni Furlanetto / Felipe Bou* (Baltazar), Gonzalo Araya / Iván Rodríguez* (don Gaspar), Patricia Cifuentes / Paola Rodríguez* (Inés). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, director: Jorge Klastornick.

La ópera parece ser el género más apropiado para la proliferación de versiones. El cine ha llegado a compartir ese carácter multiplicativo con el surgimiento de las “ediciones del director”, remasterizaciones y el siempre prolífico “material extra”. Pero la ópera, además, posee la multiplicación de cada una de las posibles versiones a manos de los intérpretes. Esto a veces es desesperante, como cualquiera que desee familiarizarse con Les contes d’Hoffmann o Don Carlos puede constatar. El caso de La favorite, la quincuagésima novena ópera de Donizetti, no es menos extraordinario.

El período francés de Donizetti, desarrollado desde su llegada a París en octubre de 1838, contempla un repertorio cuyo renacer no ha sido tan explosivo como el del resto de su producción. Fuera de La fille du régiment (1840), solo Don Pasquale, estrenada en el Théâtre-Italien de París en 1843, goza de un lugar fijo en el canon operático, pero, es obvio, se trata de una ópera que mal podríamos considerar francesa. La favorite fue hecha a partir de Adelaide y L’ange de Nisida, dos proyectos truncos de Donizetti para el público francés, sumado a un trabajo adicional para proveer de material nuevo a la naciente ópera. La última aria del tenor, “Ange si pur”, más conocida en su versión italiana “Spirto gentil”, fue de hecho originalmente pensada para Le Duc d’Albe. El estreno de La favorite, un 2 de diciembre de 1840 en la Opéra de París, fue un éxito, pero la ópera se popularizó en su versión italiana. Esa es la versión que Alfredo Kraus representara para placer de todos. La edición crítica de Rebecca Harris-Warrick logró reconstruir la versión original y es la que este año el Teatro Municipal estrenó en Chile.

La favorite se desarrolla a mediados del siglo XIV y narra en cuatro actos, el primero con dos cuadros, la aventura de un joven novicio, Fernando, que decide abandonar sus hábitos para perseguir la gloria mundana y el amor de una mujer, Leonora. Ella es la amante del rey, Alfonso XI de Castilla, y como suele ocurrir en la ópera, el conocimiento de este hecho es manejado de forma tal que Fernando solo llega a saber de él poco antes de su boda. Fernando retoma los hábitos y Leonora, integrando una larga tradición de cortesanas arrepentidas, acude a morir a sus brazos. La pieza está poblada de hermosos fragmentos, en particular la primera y tercera arias de Fernando, “Un ange, une femme inconnue” y “Ange si pur” respectivamente. La escena del acto tercero para Leonora, compuesta del aria “O mon Fernand” y su cabaletta “Mon arrêt descend du ciel”, fácilmente paraliza una función. Pero hay también una enorme exigencia para el barítono, Alfonso, una de las más nobles creaciones de Donizetti para esta cuerda. Su escena de ingreso en el acto segundo, iniciada con el sensual recitativo “Jardins de l’Alcazar”, y la extraordinaria aria del tercero, “Pour tant d’amour”, coloreada por las intervenciones de Fernando y Leonora, hacen difícil no dudar de quién es la verdadera joya de la corona.

Dolora Zajick era, con justicia, la expectativa más alta del primer elenco. Desde su primera intervención, en el dúo del primer acto, su voz resalta y da carácter al conjunto. El voluptuoso grave sigue estando allí, y logra momentos de sentida intimidad en su “O mon Fernand”, como también de marcada elegancia estilística en la segunda estrofa de la cabaletta. Domina, sin egoísmo, los finales de los actos segundo y tercero, y amenaza con eficiencia, aunque no demasiado carisma, a Alfonso en su dúo. Se trata de una artista diestra, pese a que su acto final resulta un tanto débil y, en general, sus dotes dramáticas no siempre acompañan al más que generoso caudal vocal. Tito Beltrán está en casa en Donizetti, lo que ya había demostrado en su Lucia di Lammermoor pasada. Abusa, sin embargo, de su arrojo y energía, haciendo algo exageradas algunas expresiones. Todo ello se agradece en la segunda aria, “Oui, ta voix m’inspire”, intoxicada de marcialidad, pero incluso en el final del tercer acto, donde la deshonra enmarca todas sus acciones, hay una imprudencia algo grosera. Esto hace que un fragmento tan contemplativo como “Ange si pur” suene como un lamento, en particular por los cortes abruptos en la respiración. Vuelve a funcionar en la cabaletta del dúo final, “Viens! Je cède éperdu”, donde Beltrán explota al máximo esa pulsión de muerte que hace de su interpretación algo estimulante, aunque extremo.

Patricia Cifuentes (Inés) y Dolora Zajick (Leonora) en el tercer acto de
La favorite, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2008

El segundo elenco estuvo encabezado por Adriana Mastrángelo. Venía de mostrarnos una compleja Judith de Bartók, y el cambio de repertorio parecía, por lo menos, arriesgado. Su interpretación se concentra más en los detalles, siendo su dúo final muy elaborado y conmovedor, lo mismo que su “O mon Fernand”. Hay ciertos problemas en la cabaletta del aria, en particular con la ornamentación y el remate del agudo, lo que también le juega en contra en los conjuntos de cierre. Con todo, proyecta una Leonora psicológicamente llamativa, menos agresiva y más femenina. Mario Zeffiri es un contraste radical con Beltrán. Posee una voz más pequeña que administra con cuidado. Si bien el timbre es delgado y el vibrato a veces molesto, logra un Fernando más escéptico respecto de su éxito militar, lo que ciertamente contribuye a explicar su regreso final al monasterio. Su “Ange si pur”, más lento que su colega, flota con suavidad elegíaca, por más que el esfuerzo se traduzca en frases no del todo limpias. Se trata de una voz muy individual que, en sus mejores momentos, cautiva al auditor.

Alfonso fue alternado por Stefano Antonucci y Omar Carrión. Antonucci es un barítono de voz noble, aunque sacrifica la matización en aras de la proyección. Eso hace que algunas frases opulentas, en particular en su segunda aria, resulten algo planas y cansadas. Ofrece, de todas formas, un espectáculo altamente recompensante. Carrión tiene un timbre llamativo, el cual no luce lo suficiente por una técnica que suele dejarlo a medio camino de las frases. Uno duda si se trata de nerviosismo, pero lo cierto es que la inestabilidad de su voz conspira en contra de su desempeño. Giovanni Furlanetto y Felipe Bou son dos autoritativos Baltazar, dominantes en los conjuntos, impresionantes en escena. Patricia Cifuentes y Paola Rodríguez lucen sus muy luminosas voces en su generosa aparición, en particular Cifuentes con agudos intachables. Correctos Gonzalo Araya e Iván Rodríguez como don Gaspar.

Hugo de Ana utilizó un escenario único para los cinco cuadros. El mismo estaba dominado por un enorme crucifijo que a veces descansaba inclinado, otras era suspendido. Esto ocasionó algún desperfecto en la función del jueves (al parecer, el corte de un cable), pero el efecto era bastante impresionante. De Ana se centra así en la idea de una sociedad indisolublemente ligada a la fe cristiana, pero también realza con la figura de Cristo crucificado las ideas de sufrimiento y castigo. Es por ello que el anatema lanzado por Baltazar, el repudio de Leonora por parte de Fernando, y el final mismo, aquí con Leonora agonizando (¿la idea de la femme fatale como femme malade?) y Fernando cometiendo suicidio, resultan particularmente violentos, como si la trama explorara la continua necesidad de expiar una culpa mediante el maltrato y destrucción de seres humanos. La atmósfera sombría del monasterio de Santiago de Compostela, asombrosamente logrado en el cuadro final con los monjes cavando sus propias tumbas, era un perfecto contraste para los colores marinos de la isla de León, en el segundo cuadro, y los tonos cálidos predominantes en el Alcázar de Sevilla, en los actos segundo y tercero. De Ana utilizó algunas proyecciones, con logrados efectos para sugerir las murallas y el ornamento árabe, y otros más bien dudosos, como la roca deconstruida al inicio de la ópera. El vestuario y las pelucas, todo de confección italiana, son de una suntuosidad y detalle mesméricos. Llamó la atención que las Leonoras de los dos elencos vistieran trajes distintos: Mastrángelo con un sobrio conjunto, Zajick con dos en colores más fuertes y un pañuelo (?) alrededor de su mandíbula.

La Filarmónica de Santiago se lució en una partitura exigente. Desde la obertura, tanto Roberto Rizzi-Brignoli como José Luis Domínguez extrajeron un sonido compacto y seguro de la cuerda baja, la cual también se luce al comienzo del acto final en un solo de cello que adelanta material del dúo. Las maderas fueron todo lo juguetonas posibles en el ballet, el cual se ofreció reducido a la mitad. Algo dispareja la coreografía de Tamara Kiriyak, quizá muy determinada por el escaso y disperso espacio disponible. Como siempre, el Coro realizó un trabajo impecable, a pesar que esta temporada no ha podido lucirlo lo suficiente. Nada de esto empaña las funciones que, en conjunto, mostraron una de las producciones más ricas y profesionales de los últimos años del Teatro Municipal.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, agosto de 2008

Imágenes gentileza Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Juan Millán T.

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Publicado originalmente el 6 de septiembre de 2008

 
Publicado el 08/09/2008
     
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