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“La flauta mágica” en el Teatro Municipal de Santiago de Chile: Cuando la simpleza funciona
La última obra escénica del Mozart fue repuesta en Santiago con dirección musical de Jan Latham-Koenig y una cuidada puesta en escena de Michael Hampe. Por Cristóbal Astorga Sepúlveda (corresponsal en Santiago de Chile)
 

Cuando la simpleza funciona
Teatro Municipal de Santiago de Chile
Miércoles 31 de octubre de 2007

Xavier Mas (Tamino) en el primer acto de La flauta mágica,
Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2007

LA FLAUTA MÁGICA (DIE ZAUBERFLÖTE), singspiel en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección musical: Jan Latham-Koenig. Dirección de escena: Michael Hampe. Escenografía: Michael Hampe y Germán Droghetti. Vestuario: Germán Droghetti. Iluminación: Ramón López. Reparto: Kristinn Sigmundsson (Sarastro), Xavier Mas (Tamino), Aline Kutan (La Reina de la Noche), Valentina Farcas (Pamina), Jenny Muñoz (Papagena), Rodion Pogossov (Papageno), Gonzalo Araya (Monostatos), Sergio Gómez (Orador y Segundo sacerdote), José Castro (Primer sacerdote), Daniela Ezquerra (Primera dama), Miriam Caparotta (Segunda dama), Evelyn Ramírez (Tercera dama), Andrea Betancour (Primer genio), Viviana Mazuela (Segundo genio), Nurys Olivares (Tercer genio), Pedro Espinoza (Primer hombre armado), Homero Pérez-Miranda (Segundo hombre armado). Orquesta Filarmónica de Santiago. Coro del Teatro Municipal, Jorge Klastornick (maestro del coro).

Michael Hampe es un conocido nuestro. A pesar que algunos de sus más recientes trabajos para el escenario capitalino hayan sido algo flojos (en especial su desolado Don Giovanni), la versión que montara de La flauta mágica en 2002, y que se repuso este año como cierre de temporada, posee innumerables méritos. Ante todo, el aprovechamiento cabal del escenario, todo impregnado de azul y que dio albergue a múltiples cambios, ejecutados con toda la rapidez posible. La puesta de Hampe se inscribe en las lecturas ingenuas de La flauta, y por lo mismo se ocupa de resaltar el juego y dinamismo de la trama, logrando escenarios particularmente plenos, como el árbol rebosante de vida para el Papageno suicida del segundo acto o el mismo final de la ópera, quizá mejor ejecutado en 2002, pero todavía cumpliendo su objetivo: su Flauta está llena de esperanza en las generaciones futuras. De gusto cuestionable el vestuario de los dos hombres armados y el excesivo recubrimiento ornamental de las tres damas (¿no sería mejor uniformarlas?), pero también un meticuloso trabajo de iluminación por parte de Ramon López, tan preciso como siempre.

Kristinn Sigmundsson fue un Sarastro con autoridad, de voz plena e incluso con algo de chispa, algo inusual para un rol regularmente enfrentado siempre con tanta severidad. Aline Kutan es una Reina de la Noche solvente, algo nerviosa en su primera aria (¿sería por estar suspendida a unos cinco  metros de altura?) y más precisa en la segunda, fue de todas formas correcta. La rumana Valentina Farcas es una soprano de voz delicada, algo ligera para un rol que podría sonar más sustantivo; su aria fue rendida con excesiva concentración, y es de esperar que gane experiencia en su incipiente carrera. Xavier Mas posee un timbre realmente interesante; visualmente es, además, un atractivo Tamino. Sin embargo, su aria del primer acto adoleció de varios problemas en la ejecución, en particular en el control del fiato que varias veces le obligó a cortar la línea de canto. Es un elegante solista y rindió muy buenos frutos en los conjuntos, por lo que sería de desear volver a oírlo en el futuro, cuando su técnica se encuentre más madura.

Papageno es siempre la estrella del espectáculo y esta vez no fue la excepción. Rodion Pogossov no tiene ni la firmeza vocal ni el cálido color baritonal de Johannes Mannov, nuestro anterior Papageno, pero sí posee muchos más méritos que él en la parte dramática. Fue un pajarero inocente, enamorado de la vida simple y con una sonrisa constante. Quizá se extrañó un poco el carácter melancólico que puede extraérsele al personaje, pero fue de todas formas una interpretación cabal. Sergio Gómez como Orador es una elección arriesgada dado el deterioro de su voz y la actuación más bien modesta. Algo descoordinadas las tres damas en su intervención de apertura, fueron en lo demás correctas al igual que el resto del reparto. Llama la atención la elección de tres mujeres para el rol de los tres genios, de ordinario interpretados por niños solistas.

Aline Kutan (La Reina de la Noche) en el primer acto de La flauta mágica,
Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2007

Jan Latham-Koenig es una batuta diestra, pero ligeramente deslucida aquí. Dirige con la acostumbrada agilidad y fluidez, pero uno esperaría un poco más de contraste en una partitura tan variada. En algún sentido su lectura es superficial, lo cual puede verse acentuado por una puesta en escena que no aprovecha momentos como el dúo entre Pamina y Papageno, una pieza de extraña profundidad ideológica. Por supuesto que Latham-Koenig no ha perdido profesionalismo, y se notan las exigencias en la orquesta, pero se añora también algo más de tensión y peso. El resultado podría haber sido más interesante, en particular si se tiene en cuenta que se trataba de una reposición y que, por lo mismo, no era necesario volver a convocar tanta armonía entre el foso y la escena.

Cristóbal Astorga Sepúlveda
kastorgas@tiempodemusica.com.ar
Santiago de Chile, Diciembre de 2007

Imágenes gentileza Prensa Teatro Municipal de Santiago de Chile / Fotografías de Juan Millán T.

Imagen central: Rodion Pogossov (Papageno) en el segundo acto de La flauta mágica, Teatro Municipal, Santiago de Chile, 2007

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Publicado el 26/12/2007
     
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