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"Wozzeck" por el Teatro Colón: La excelencia, entre la angustia y la opresión
Inicio de la temporada lírica del Colón en el Teatro Coliseo con una de las obras más importantes del siglo XX, en una interpretación con excelentes resultados. Por Margarita Zelarayán
 

La excelencia, entre la angustia y la opresión
El Teatro Colón en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125
Martes 27 de marzo de 2007, 20.30 / Sábado 31 de marzo de 2007, 20.30

Cuadro final de Wozzeck, el Teatro Colón en el Coliseo, 2007

WOZZECK, ópera en tres actos de Alban Berg. Dirección musical: Stefan Lano. Puesta en escena: Marcelo Lombardero. Escenografía: Diego Silano. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Principales intérpretes: Hernán Iturralde/Luciano Garay (Wozzeck), Adriana Mastrángelo/Alejandra Malvino (Marie), Gabriel Renaud/Ricardo Cassinelli (Capitán), Gustavo Gibert (Doctor), Carlos Bengolea/Fernando Chalabe (Tambor Mayor), Eduardo Ayas (Andrés), Vera Cirkovic (Margret). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director de coro: Salvatore Caputo. Coro de Niños del Teatro Colón, director: Valdo Sciammarella.

Con Wozzeck, la genial creación de Alban Berg, el Teatro Colón inició su temporada lírica 2007, que durante este año tendrá como sede al Teatro Coliseo, debido a las obras de refacción que se están llevando a cabo en el edificio de la principal sala lírica argentina.

Basada en una pieza teatral de Georg Büchner, la ópera de Berg es una obra atípica del género operístico. Su protagonista no tiene nada que ver con los héroes convencionales: es un hombre desgraciado, víctima de los abusos de sus superiores. Los personajes principales son miserables y atraviesan profundas tribulaciones, mientras los poderosos no pierden las oportunidades para manipular al infeliz protagonista.

Un argumento tan sórdido no podía recibir una partitura más adecuada que la de Alban Berg. Al emplear un lenguaje predominantemente atonal para Wozzeck, este discípulo de Arnold Schönberg parecía alejarse de las convenciones. Pero, al mismo tiempo, guardaba un estrecho vínculo con la tradición: incluyó en su obra algunos pasajes tonales, como el bellísimo interludio en re menor antes del cuadro final, y concibió cada escena en base a formas clásicas, como la suite, el scherzo, el rondó o la passacaglia. Berg parecía oscilar entre la innovación y la tradición. La realidad es que han pasado más de ochenta años desde su estreno, en 1925, y ya nadie puede negar que se trata de una obra maestra.

Tras doce años de ausencia en el Teatro Colón, Wozzeck regresó en una versión memorable. Stefan Lano tuvo a su cargo la dirección musical, tarea que también desempeñó en la anterior presentación de esta obra en 1995, y en el estreno en Buenos Aires de la versión completa de Lulu del mismo compositor en 1993. El rol de la orquesta en esta ópera es sumamente complejo. Lano lo resaltó con mano firme y sensibilidad, alcanzando momentos de gran intensidad. Logró que los metales de la Orquesta Estable, de desempeño deficiente en otras oportunidades, sonaran de manera impactante, destacando el protagonismo que tienen en varios pasajes de la obra.

Gustavo Gibert (Doctor) y Hernán Iturralde (Wozzeck) en el cuadro 4
del primer acto de Wozzeck, el Teatro Colón en el Coliseo, 2007

La puesta en escena de Marcelo Lombardero es una muestra más de su enorme talento como régisseur. En varias escenas incorporó algunos detalles sumamente elocuentes, que aportaron una notable dosis de dramatismo a la obra. Un ejemplo es el primer cuadro, que muestra el extremo de la humillación a la que Wozzeck es sometido: además de afeitar al Capitán, en la puesta de Lombardero el soldado debe bañarlo y refregarle la espalda. Otro ejemplo es la escena final, en la que el Doctor y el Capitán se llevan al hijo de Marie, tal vez para prolongar el sometimiento en él, tras la muerte de Wozzeck. Mediante estos aspectos, Lombardero delineó un detallado perfil de las miserias humanas planteadas en la ópera de Berg. La sutil y despojada escenografía de Diego Siliano y la magnífica iluminación de José Luis Fiorruccio ofrecieron un marco angustiante. Empleando telones traslúcidos y proyecciones, se  logró una minuciosa ambientación, apoyada en acertados cambios de luces.

En el plano vocal, conviene esta vez, más que nunca, hablar de cantantes-actores, ya que los dos elencos que se alternaron en estas funciones presentaron personajes creíbles, gracias a su profunda entrega no sólo musical, sino también escénica. El Wozzeck de Hernán Iturralde fue sencillamente estupendo. De la mano de su sólida técnica y de su voz bien timbrada, logró transmitir toda la angustia del personaje, incluso a través de sus gestos y movimientos. Luciano Garay, que encarnó al protagonista en las dos últimas funciones, afrontó el plano vocal con decisión e ímpetu, aunque se percibieron ciertas debilidades en su registro grave. Compuso a un Wozzeck atormentado, tal vez más pasional que el de Iturralde, pero igualmente conmovedor.

Como Marie, la mezzo Adriana Mastrángelo exhibió su bella voz y un adecuado physique du rôle. Abordó con aplomo los escollos de su parte, que muestra una permanente alternancia entre el sprechgesang (recitado cantado) y el canto pleno. Sin embargo, sus agudos resultaron un tanto estridentes en algunos momentos. En las últimas funciones, Alejandra Malvino compuso a una sensible Marie, correcta en el plano vocal, con un control mesurado de todo su registro.

Hernán Iturralde (Wozzeck) y Adriana Mastrángelo (Marie) en el cuadro 2
del tercer acto de Wozzeck, el Teatro Colón en el Coliseo, 2007

Fueron notables las actuaciones de Ricardo Cassinelli como el Capitán y Gustavo Gibert como el Doctor, vocal y escénicamente impecables en sus roles de victimarios del desdichado Wozzeck. Como el Tambor Mayor, Carlos Bengolea mostró agudos un tanto forzados, mientras que Fernando Chalabe tuvo un desempeño correcto en el mismo rol. Vera Cirkovic fue una acertada Margret, y Nahuel Di Pierro se destacó en su breve intervención como el Primer Artesano. El Coro Estable y el Coro de Niños tuvieron discretas actuaciones.

El resultado general de las funciones se vio beneficiado con la decisión de presentar la obra sin intervalos, favoreciendo así la continuidad dramática natural de la obra. Una de las lecciones que esta notable versión de Wozzeck deja, para los melómanos y para los directivos del teatro, es que definitivamente se puede llevar a escena una de las obras más importantes del repertorio del siglo XX con elencos casi íntegramente nacionales y con excelentes resultados. Una verdadera lección, para tener en cuenta.

Margarita Zelarayán
Abril 2007

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Miguel Micciche.

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Publicado el 04/04/2007
     
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