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Debussy 100 : La música como sensibilidad
Por Ernesto Castagnino
 

La ópera en los pliegues de la realidad

Escena 4 del cuarto acto en la producción original de Pelléas et Mélisande,
Opéra Comique de París, 1902, tal como lo publicaba el periódico Le Théâtre

A pesar del interés que el teatro musical despertaba en el compositor francés, Pelléas y Mélisande es la única ópera que dejó completa. Antes y después de ella, experimentó con la fantasmagoría gótica de Edgar Allan Poe en dos proyectos inconclusos (El diablo en el campanario y La caída de la Casa Usher), quiso incursionar en la figura del héroe medieval con Rodrigo y Jimena e Historia de Tristán, fantaseó con zambullirse en el orientalismo de Salambó de Gustav Flaubert o el budismo de Siddhartha de Victor Segalen y barajó musicalizar grandes obras clásicas como La Orestíada de Esquilo o Como gustéis de William Shakespeare, por nombrar solo algunos de los numerosos proyectos abandonados o nunca empezados. Resulta entonces significativo que el drama simbolista de Maurice Maeterlinck haya sido el único de todos esos proyectos que llegó a concluirse y cuyo autor vio estrenado en la sala de la Opéra-Comique el 30 de abril de 1902.

Fue en 1892 cuando llegó a manos de Claude Debussy el drama Pelléas y Mélisande de Maurice Maeterlinck, recién publicado en París. Apenas lo hubo leído, tuvo la intuición inmediata de haber encontrado finalmente el libreto que buscaba hacía años y comenzó la composición de la obra, proceso que llevaría prácticamente una década. La historia de estos seres que se mueven entre los velos de una realidad que nunca se muestra tal cual es, una atmósfera angustiosa, profundamente melancólica y por momentos decadente, ofreció un terreno fértil donde germinarían sus ideas musicales y, exceptuando algunos cortes necesarios, el texto original se convirtió en libreto de la ópera prácticamente inmodificado.

Un músico sin fórmulas

Debussy fue contemporáneo del movimiento de poetas que hacia 1885 comenzaron a agruparse en torno a Stéphane Mallarmé, figura emblemática del simbolismo literario. Rodeado de escritores como Pierre Louÿs, Rainer Maria Rilke, Paul Valéry, André Gide y ocasionalmente Paul Verlaine, Debussy era el único músico en aquellas veladas de los martes en casa de Mallarmé, donde imperaba el culto wagneriano. Pero ya entonces nuestro compositor —en sus años de estudiante un ferviente wagneriano— se había propuesto liberar a la música francesa del yugo germano (“Detestaba a Wagner, luego de haberlo adorado”, recordará en una entrevista la soprano Mary Garden, la primera Mélisande). Fue aquel ideario simbolista el que indudablemente le brindó una clave decisiva para emprender el camino que se proponía. Enemigo del naturalismo, el simbolismo literario despoja a las ideas de su referente objetivo, arrojándolas al abismo de una inagotable interpretación. El arte, así concebido, no define ni describe, tampoco pretende captar en las cosas su sentido último, sino presentarlas como apariencias siempre fugaces y nunca asibles del todo.

Nadja Mchantaf (Mélisande) y Dominik Köninger (Pelléas) en la escena 1 del tercer acto de Pelléas et Mélisande, dirección musical de Jordan de Souza y puesta en escena de Barrie Kosky, Komische Oper Berlin, 2017 / Video cortesía OperaVision

En Pelléas y Mélisande, Debussy intentó traducir musicalmente ese mundo de onírica melancolía que atraviesa la obra de Maeterlinck. Así como los personajes del drama transitan su fantasmal existencia, desprovistos de pasado, en la música debussyana el sonido se antepone a su contexto melódico, la armonía pierde contornos y previsibilidad, los elementos no están ligados por las reglas formales. Mientras el poeta crea verdaderas metáforas de lo humano, el músico, con asombrosa economía sonora, evita la ilustración y la narración, sumergiéndonos en un clima de reflejos e iridiscencias más que de imágenes y figuras delineadas. En esta atmósfera, el canto no se presenta ya bajo la forma de una exhibición de virtuosismo, sino que su función es servir a la palabra, transformándose en una declamación muy cercana a la forma clásica del arioso.

Louis Laloy, el prestigioso musicólogo francés y primer biógrafo del compositor, sintetiza de este modo su visión: “Un músico sin fórmulas, en quien todo viene del alma; una música sin desarrollos ociosos, modelada sobre el drama, o, mejor dicho, sobre la vida misma, de la cual las palabras del drama no son más que un pálido reflejo: una declamación sencilla y justa, una orquesta clara y contenida, una potencia de emoción irresistible”.

Pelléas en Buenos Aires

Si bien el estreno argentino de Pelléas y Mélisande tuvo lugar en 1911 en el Teatro de la Ópera, fue en la temporada de 1931 cuando el Teatro Colón la programó por primera vez, con dirección de Ernest Ansermet y la gran Ninon Vallin en el rol protagónico. Desde entonces, la trágica historia del triángulo amoroso de Pelléas, Mélisande y Golaud ha vuelto a su escenario prácticamente una vez en cada década. Esta nueva producción tendrá como director musical a Enrique Arturo Diemecke, en tanto la puesta escénica —ideada por Gustavo Tambascio— será llevada a cabo por Susana Gómez, una estrecha colaboradora del lamentablemente desaparecido régisseur argentino. La escenografía de Nicolás Boni, el vestuario diseñado por el español Jesús Ruiz y la iluminación de José Luis Fiorruccio completan el equipo creativo encargado de materializar la concepción escénica.

Esta obra, alejada del virtuosismo vocal del repertorio romántico, requiere un elenco de cantantes actores que sean capaces de transmitir con su voz y su gestualidad las imágenes poético-musicales creadas por Debussy y Maeterlinck. Una nota de particular interés es que, en esta ocasión, la pareja protagónica será interpretada por dos prestigiosos cantantes cuyas carreras no están ligadas al repertorio del siglo XX, sino que se han destacado en otros estilos.

Susana Gómez ensaya una escena de Pelléas et Mélisande con Verónica Cangemi
y Giuseppe Filianoti / Fotografía gentileza Teatro Colón, 2018

La soprano mendocina Verónica Cangemi, que triunfa en teatros de todo el mundo cantando óperas del barroco y del clasicismo, se pondrá en la piel de la frágil y enigmática Mélisande. Pelléas —en esta oportunidad un tenor y no un barítono— será Giuseppe Filianoti, uno de los tenores líricos italianos más requeridos actualmente en el repertorio italiano y francés del siglo diecinueve, que hace tres años debutó con éxito este rol. El elenco de esta producción, que reúne extraordinarios intérpretes tanto locales como extranjeros, se completa con el barítono estadounidense David Maze como Golaud, el argentino Lucas Debevec Mayer como el rey Arkel y Adriana Mastrángelo —versátil mezzosoprano uruguaya— asumiendo el papel de Geneviève, la madre de los hermanos enfrentados por el amor a la misma mujer.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2018

Para agendar
Pelléas et Mélisande subirá a escena en el Teatro Colón el próximo viernes 31 de agosto al Teatro Colón y las siguientes funciones serán el domingo 2, martes 4 y viernes 7 de septiembre. Más info: www.teatrocolon.org.ar

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Este artículo se basa y amplía escritos previos del autor: las notas de un programa de mano del concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y un artículo publicado en la Revista Teatro Colón, N° 133, mayo-junio 2018. 

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Publicado el 31/08/2018
     
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