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Nicolás Boni : La escenografía como espacio de significación
Por Ernesto Castagnino
 

Crear (en) el espacio

El montaje de una ópera es un hecho colectivo. La tarea del escenógrafo, como la del vestuarista y el iluminador, se desarrollan siempre en equipo. Por eso, abordamos en la charla este aspecto de su trabajo, preguntándole como se inicia su proceso creativo. “Mi primer encuentro es siempre con la música afirma y después se va plasmando en imágenes a medida que el director de escena me da un lineamiento con el cual trabajar. También difieren los directores de escena en la libertad que dan para trabajar, pero nunca tuve conflicto con eso”.

¿En cuáles producciones sentís que estás más vos?
Es difícil decirlo, porque uno parte de una idea propuesta por el director de escena, pero esa idea se va construyendo y deconstruyendo de acuerdo a los aportes del equipo. Siento más mi impronta en las producciones donde el significado está más abierto, como este Pelléas y Mélisande, Werther [Producción de Alejandro Chacón, 2015] o Elektra [Producción de Livia Sabag, 2016].

Ya mencionaste antes el tema del significado en relación a la escenografía, me interesa saber tu postura sobre ese tema.
Como escenógrafo, en los espacios que genero, me propongo no ilustrar sino siempre dejar un espacio de significación para el espectador. Siempre intento que haya varias capas de lectura también, en consonancia con la concepción del director de escena que aporta el hilo conductor. Como decía Tito Egurza, “así como el director de orquesta interpreta la partitura, el escenógrafo interpreta espacialmente la partitura”. De eso se trata, de una interpretación.

Es un poco tu sello, las referencias e intertextos que usas a veces con escrituras.
Exacto, como en Werther, que me basé en la novela epistolar, entonces todo transcurría sobre las propias cartas del personaje.

Escena de Lucia di Lammermoor, puesta en escena de Rita Cosentino y escenografía de Nicolás Boni, Teatro Argentino de La Plata, 2017 / Fotografía de Guillermo Genitti

Hay también una cierta predilección por los claroscuros, incluso lo gótico, pienso en tu Lucia di Lammermoor, por ejemplo.
Si, es algo inconsciente, hay un uso simbólico de la luz en mis bocetos, yo diagramo la luz con mucho detalle. (Pensativo) Y sí… en general no son muy claras y luminosas mis escenografías (risas). Pero no son abstractas, no hay un plano del color…

Salvo el Don Giovanni de La Plata.
Sí, justamente, eso fue lo mas sintético que hice, ajustándome a lo que Daniel Suarez Marzal quería. Creé un espacio completamente limpio, pero tenía su carga simbólica, porque hice una caja quebrada, que iba en dos direcciones, con algunas miniaturas arquitectónicas que ayudaban a localizar algunos lugares y, al mismo tiempo, traían referencias. A pesar de que era un espacio limpio y abstracto, también tenía esa carga simbólica de la que no se salva ninguno de mis diseños (se ríe). O el Tannhäuser que hice en Bogotá, era una enorme grieta que atravesaba el escenario y de allí brotaban todos los seres de la caverna de Venus. Me gusta también usar en mis diseños obras de arte consagradas.

Como las obras de Tamara de Lempicka en Lucrezia Borgia
¡Claro! O Judit decapitando a Holofernes de Artemisia Gentileschi para el acto segundo de Tosca en Montevideo. Ahora para Pelléas la escultura de Henri Vidal…

¿Cómo te llevás con las nuevas tecnologías?
Nunca usé pantallas de led y ese tipo de tecnología, sí proyecciones. Las he usado para fondos: cielos, mares, nubes, pero no me gusta proyectar escenarios, arquitectura… Prefiero que lo que está en el escenario sea lo más real que se pueda. A veces recurro a telas impresas que se tensan sobre bastidores y, si se imprimen con altísima definición, realmente no te das cuenta, desde la platea, si está construido o impreso. En I due Foscari en Chile con [Pablo] Maritano, todo el gabinete de Foscari era tela impresa, pero esa técnica de sublimación tampoco es nueva.

¿A quiénes consideras referentes en la escenografía?
En la vertiente italiana, Ezio Frigerio o Luciano Damiani, también otros más contemporáneos a quienes admiro profundamente son George Tsypin o Michael Levine. Sin olvidar mis referentes nacionales, que me deslumbraron con sus escenarios desde muy joven, como Hugo de Ana, Daniel Bianco, Quique Bordolini, Tito Egurza —un pionero en el uso de nuevas tecnologías— o Diego Siliano. 

La tradición, lo nuevo y el futuro

Nicolás Boni en el Teatro El Círculo de Rosario

Abordamos entonces el complejo tema de la recepción del público. “El público de ópera tiene reticencia a la innovación, es cierto, pero cuando algo funciona, funciona”, afirma con convicción. “Cuando algo está bien hecho, trasciende los prejuicios, cuando se logra comunicar y conmueve, yo creo que es unánime la aceptación. Si hay un fundamento, una base sólida, es aceptado. Al menos, en eso confío”, concluye.

Debe ser frustrante no recibir del público la respuesta esperada.
Hay genios que hacen algo que en su momento no es interpretado y con el tiempo el público se da cuenta de la genialidad que había. Por ejemplo, el Julio César [de G. F. Handel] de Gustavo Tambascio en La Plata, fue una de las cosas más conmovedoras que yo vi en el teatro. No fue bien recibido por la crítica, pero sí por el público y, con el tiempo, esa puesta terminó siendo antológica por lo menos para Latinoamérica. Fue un hito. Gustavo Tambascio era un genio, y estoy orgulloso de haberlo conocido y haber compartido cierta intimidad con él.

¿Como estás viviendo tu debut en el Teatro Colón?
Tengo un vértigo que no tuve con ninguna otra sala, porque, si bien he estrenado en salas importantes, me faltaba tener esta experiencia en el teatro más legendario de Latinoamérica. Estar en este escenario donde han pasado tantos grandes escenógrafos, es realmente un orgullo.

Venís de hacer La traviata en San Pablo, ¿cómo sigue el año?
Ahora tengo que presentar la ópera innombrable de Verdi, para el Municipal de Santiago que va a abrir la temporada del año próximo [nota del editor: se refiere a La forza del destino], tenemos La belle Hélène de Jacques Offenbach con Mario Pontiggia para el Teatro Argentino, aunque no hay fecha aún, es posible que se posponga para el año que viene. Después de Pelléas y Mélisande viene el Werther de Montevideo y El sueño de una noche de verano de Benjamin Britten en San Pablo, y después me voy a Madrid para hacer otro Sueño de una noche de verano, el de Joaquín Gaztambide.

Entrevista de Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2018

Para agendar
Pelléas et Mélisande subirá a escena en el Teatro Colón el próximo viernes 31 de agosto al Teatro Colón y las siguientes funciones serán el domingo 2, martes 4 y viernes 7 de septiembre. Más info: www.teatrocolon.org.ar

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Esta entrevista apareció publicada, en forma más breve, en la Revista Teatro Colón, N° 133, mayo-junio 2018. 

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Publicado el 31/08/2018
     
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