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Maria Callas : La personificación de lo sublime
Por Javier Villa
 

3. El profesionalismo

Todos los artistas que trabajaron con Maria Callas, y que pudieron expresarlo públicamente, marcaron el enorme profesionalismo con el que se desenvolvía en su actividad. En mayo de 2013, durante una entrevista, Teresa Berganza relató la experiencia que significó para ella el haber cantado Medea con Callas en Dallas en 1958. Allí la mezzosoprano española narró una anécdota que pinta cabalmente la posición de la soprano griega en relación con lo profesional. Tal era la miopía que tenía Callas que para poder descender con velocidad de la gran escalinata que formaba parte de la escenografía de esa puesta, iba todos los días temprano al teatro para poder calcular la distancia entre escalón y escalón y así poder bajar esa escalera con absoluta seguridad durante las representaciones. Este es un claro ejemplo no sólo del profesionalismo, sino también del profundo respeto que tenía para ofrecer al público una interpretación de calidad, sustentada en la veracidad.

Pero no sólo el profesionalismo era una cualidad que definía a Callas, también la generosidad que demostraba con sus colegas. Aquí conviene hacer un breve paréntesis para señalar el injusto trato que tuvo de la prensa. Más allá de las dificultades que cualquier artista lírico puede tener durante su carrera profesional, el periodismo se encargó de estigmatizar a la figura de la cantante, muchas veces maltratándola, en lo que hoy podríamos llamar un claro ejemplo de misoginia mediática. La soprano sería hostigada en reiteradas oportunidades, y no sólo en referencia a su faceta profesional, también en el tratamiento que recibió de su vida privada.

Maria Callas con el director Gianandrea Gavazzeni y Nicola Rossi-Lemeni,
antes de salir a escena en Anna Bolena. Teatro alla Scala, 1957

Pero volvamos a aquella Medea de 1958. Diría Teresa Berganza: “Terminé de cantar apoyada en ella [Berganza de espaldas al público] y me dieron pues, un gran aplauso. Entonces [Callas] me decía muy bajito ‘date la vuelta que te están aplaudiendo a ti’ y yo decía ‘no delante de ti no’… yo no osaba, cómo me iba a dar la vuelta delante de Maria Callas y hacer así [gesto de saludo]. Imposible. ¿Sabes lo que hizo? Me agarró por los hombros y me plantó delante de ella para que recibiera los aplausos. Claro, la gente se volvió loca, la ovación fue enorme no solamente para mí, para su generosidad.”

Evidentemente el enorme respeto de Callas por la música iba más allá de la fidelidad en reproducir la idea del compositor, sino que también se manifestaba en valorar y apreciar a aquellos colegas que desde su lugar particular, aportaran su honestidad interpretativa a la representación.

4. La Callas

Posiblemente la figura de la diva haya sido uno de los lugares comunes para referirse a una cantante de cualidades extraordinarias. Esa adjetivación tuvo, en algunos casos, una asociación con la cantante orgullosa y caprichosa. Sin embargo, esta mirada simplista y un tanto injusta soslayó el elemento principal de la categorización de diva; y es que donde hay divismo —no olvidemos que diva en italiano significa diosa— hay algo del orden de lo excelso. El caso de Maria Callas se inserta en este paradigma, de hecho los italianos la habían apodado como La Divina, e incluso lo trasciende. Es necesario aquí pensar a “La Callas” no sólo como una cantante excepcional.

Maria Callas en 1958

Durante el principio de su carrera su físico respondía a los cánones estéticos de la época: la cantante algo pasada en kilos con una voz extraordinaria. Es posible que una de las motivaciones por las cuales Callas gestara una notable transformación, estuviera ligada a ofrecer una lectura más genuina de las heroínas que interpretaba. El modelo a seguir que se propuso fue nada menos que la bellísima actriz Audrey Hepburn, una de las figuras más deliciosas del cine hollywoodense. La velocidad de la pérdida de peso convirtió a Maria Callas en una mujer absolutamente diferente, y no sólo por la estilización de su figura sino porque esa transformación inauguró un atractivo particular que se sintetizó en la potencia de su presencia escénica. 

Mucho se ha mencionado acerca de las cualidades actorales que poseía la soprano griega. Es así que el encuentro profesional que tuviera, a principios de la década del ’50, con Luchino Visconti significaría el desarrollo y la consolidación de su faceta actoral. No hay forma de eludir esta cualidad en Maria Callas, porque su prodigiosa manera de cantar estaba acompañada por la actriz formidable que era. Los registros fílmicos que afortunadamente quedan dan cuenta de ello. Numerosas actrices han manifestado su admiración por la impronta de Callas, como por ejemplo las actrices estadounidenses Meryl Streep y Faye Dunaway, o las argentinas Norma Aleandro y Alicia Bruzzo, por nombrar algunos de los artistas que se han sentido movilizados por el arte de Callas.

El prematuro retiro de los escenarios, a los 42 años de edad quizá haya estado relacionado con la aparición de algunos problemas vocales que comenzaron a evidenciarse hacia finales de la década del ’50. Encontrar las razones sería un ejercicio de extrema osadía, pero quizá podría decirse que la intensa actividad artística que tuvo —que significaba cantar un repertorio sumamente exigido—, unido a algunos cambios de hábito en su vida —el inicio de su relación afectiva con Aristóteles Onassis—, hicieron que tal vez no haya advertido —o bien corregido— algunos pequeños problemas que habían comenzado a manifestarse. Pero también hay que decir que existe una estrecha relación entre el universo de lo afectivo y la voz. La trunca relación con Onassis, no sólo sería una frustración amorosa sino que pondría en evidencia que la pérdida también estaba dada en el canto.

Algunos artistas destacados despiertan admiración y cosechan el reconocimiento masivo debido al manejo de sus cualidades técnicas o interpretativas; sin embargo hay unos pocos que además de todo aquello, trazan una perspectiva artística cuya significación parece no tener límites temporales, dado que su vigencia sigue intacta. A cuarenta años de su fallecimiento Maria Callas mantiene inalterable su impronta.

El mundo de la lírica en particular y el mundo de la música en general siempre tendrán que manifestar gratitud con esta artista cuya entrega y dedicación era absoluta. El convencimiento profundo con que abordaba cada personaje, la manera en que interpelaba el sentido de cada palabra, la musicalidad inigualable, el virtuosismo de su voz, y sobre todo la potencia de su presencia en el escenario, son algunas de las virtudes que legó y que la convirtieron en un ícono. Por todas esas razones La Callas siempre será un emblema de lo sublime.

Javier Villa
Diciembre 2017

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Publicado el 29/12/2017
     
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