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Susana Rinaldi : La constante afirmación de las convicciones
Por Javier Villa
 

2. La interpretación escénica

Susana Rinaldi en el Hotel Hermitage de Mar del Plata, década de 1970

Recién estuvimos conversando acerca de los inicios en el canto y de su acercamiento circunstancial a la actuación. ¿Cuáles fueron los aspectos de la cantante nutrieron a la actriz y viceversa?
Es infinito porque son dos mundos completamente diferenciados. Quizá son necesarios, en algún momento se unen circunstancialmente. En el teatro lo total y lo absoluto es el pensamiento. El canto es no sólo el lucimiento de una voz —si es que uno la tiene—, el canto es la expresión de determinadas obras que pueden abarcar lo cómico, lo serio, lo dramático, sea dentro de la grandiosidad de las grandes voces, lo que pasa habitualmente en la ópera, sea dentro de la recepción especial que uno encuentra en cada una de las obras de cámara, sobre todo cantar Brahms que es un placer y es un goce que no sé si tiene alguna otra. Son tan diferentes los juegos en el mundo de la música, hasta lo popular es otra historia totalmente distinta que nos obliga no a un ejercicio diario de concentrarnos de diferente modo para establecer contacto con la voz propia y la lanzarla, sino que la gran diferencia con el teatro es que el teatro nos compromete desde un texto dramático y que es historia de la vida universal o un extracto de eso; en cambio la música es una continuidad, es una permanencia dentro de uno, sobre todo si se la toma en serio.

Cuando uno piensa en usted como artista es innegable que una de las características principales que se imponen es su personalidad en escena.
Puede ser…no me veo yo ¿eh? (risas)

Somos varios a los que nos parece…
De todas maneras es cierto que cada vez que subo a un escenario por más pequeño que sea, la que sube al escenario es la actriz. Para cantar y para interpretar. Pero es la actriz la que sube porque si cada tema lo cantara como Susana Rinaldi terminaría en el loquero, eso es así. Porque interpreto las palabras de una manera muy particular y si yo no fuera la actriz que me está comandando por dentro me arruinaría el cerebro.

Algo similar decía Maria Callas: hay que tener una parte del cerebro completamente enfocada en la emoción y otra parte fría para controlar lo que se está haciendo…
Es lo que se guarda uno, porque si no es espantoso. Eso lo enseñaba muy bien Stanislavski en teatro. A partir de él gente como Bertold Brecht también interpretaba eso. Porque hay veces que uno va a ver una obra de teatro en alemán por ejemplo y la expresividad de los actores no es la que nosotros imaginamos que podríamos aportar a ese mismo texto, porque todo depende de cómo uno y ve la obra —o ve la vida— o donde haya nacido ¿no? Siento como que el canto popular es muy fuerte y a veces los cantantes no saben lo que están interpretando. Por ejemplo a mi hija no le gustaba que yo le marcara determinada cosa porque lloraba y si hay algo que no se permite ella, como mucha gente joven y de su edad, es llorar. A mí me parece que la emoción es una de las cosas más hermosas, pero como la emoción te arruina aparentemente la voz… nada que ver, no arruina nada. Paraliza un poco, uno no quiere llegar a ese extremo. Esa es la verdad.

Susana Rinaldi en El patio de la morocha, Circo Criollo, Vicente López, 2011

¿Cuáles cree que son las cuestiones por las que necesariamente debe transitar un artista?
Si quiere ser profesional de verdad y no entretenedor de momento, si uno quiere ser verdaderamente un artista tiene que estudiar, incluso diferentes conductas. No hay una sola porque nadie tiene la verdad sobre determinado tema. Hay ciertas normas que llevo adelante al pisar un escenario que creo que hoy no se enseñan. El escenario es un cuadrado muy especial donde uno se para, no es donde se camina todos los días. Entonces si eso no lo siente, si no lo toma en cuenta, se nota. Pero si lo siente no necesita que se lo digan todo el tiempo, porque también se nota. Hay gente que se para delante del micrófono y empieza a bambolearse porque está demostrado la falta de estabilidad que tiene para expresar lo que va a cantar y tiene que tener ciertas ayudas que lo establezcan lo suficiente como para primero y fundamental no tener miedo, e inmediatamente después decir con lo que sea, ni mejor ni peor, es decir ser uno mismo. A partir de ahí digo y canto de esta manera. Y ese sinceramiento el público, lo agradece. Ha habido casos de gente joven que se ha equivocado dentro del escenario, en vez de decir la última página dice la primera —por decir algo— y sale al ruedo pero sale con la convicción de que es el personaje y entonces trata de equilibrar la pérdida y el triunfo lo convierte en un ganador para siempre. Es muy bello eso. Se ha dado y por lo tanto se seguirá danto, sin dudas.

¿Cuáles han sido sus líneas rectoras en cuanto a la selección del repertorio? Porque usted ha sido una artista a lo largo de su carrera que ofrecido un contenido muy rotundo.
Siempre hay un contenido. El artista que canta porque no sabe hacer mejor cosa que cantar y lucirse el mismo, no sirve para nada. Siempre para un artista, no solamente para un cantante, tiene que tener un contenido que pueda expresarlo de distintas formas y maneras, según el repertorio que abarque. Es así. Hay gente que de pronto puede llegar a cantar todo igual. Entonces da la sensación de que no tiene sentimientos, que no sabe qué le pasa. Si el público descubre eso pierde interés inmediatamente, porque se da cuenta que no tiene ningún valor lo que está haciendo. Pero bueno eso cada uno lo maneja como quiere. Yo no lo he podido hacer de otra manera, ni mejor, ni peor; distinto sí. Y creo profundamente que mi actividad teatral, radial, televisiva, cinematográfica, ha hecho muchísimo para que el canto desde mí sea otra cosa. Sin duda.

Hay algunas generaciones que a usted la relacionan fuertemente con la actuación…
Sí, es verdad. Por eso te dije al principio que la que sale es la actriz que canta. No estoy desmereciendo a la cantante. Es muy importante para mí haberme formado en el Conservatorio Nacional. Mirá, nosotros entramos por eliminación cada año, cuatro años. Éramos un grupo de 30 y nos recibimos 8 solamente. Yo me recibí con honores además, un compañero y yo, Héctor Giovine. Se decía en ese momento que nos recibíamos con la medalla de oro, no era de oro porque no estaría acá (risas), pero era importante para el lanzamiento. Creo que fue muy significativa la diferencia de los maestros que fuimos teniendo. En el primer año lo tuvimos a Néstor Nocera, en el segundo año a Osvaldo Bonet, en el tercer año a Camilo Da Passano. Uno iba creciendo porque además eran directores formidables. Finalmente llegar al viejo maestro, el creador del teatro nacional que fue Don Antonio Cunill Cabanellas. Ahí venía lo más bravo. Uno sentía que estaba preparado pero que le faltaba tanto y cada vez que reflexionábamos con él, más nos dábamos cuenta que nos faltaba tanto para realmente considerarnos profesionales de esta historia del teatro.

Susana Rinaldi junto a María Elena Walsh y María Herminia Avellaneda

Hemos estado conversando acerca de los maestros que tuvo en las instituciones donde se formó, ahora bien dentro del ejercicio profesional también hay un aprendizaje ¿verdad?
¡Y cómo! Sí. Pero no únicamente. Había una base muy grande. Yo agradezco todo a lo que he aprendido y uno sigue aprendiendo. Quiero decir con esto que la historia en el teatro universal empieza casi siempre por pedirnos el conocimiento de determinadas obras de teatro, que demos nuestro parecer sobre cada una de esas obras y que también nos ubica en distintos tiempos del espacio teatral. Se nota muchísimo cuando el actor que sube al escenario no tiene la menor idea de eso, o porque no había leído nada o porque no le había interesado. Eso en mis tiempos era ser bochado. Al mismo tiempo cuando se dice que en nuestra época el aprendizaje era tan duro, con maestros aparentemente intransigentes, no es verdad porque uno quedaba como amigo del maestro. Cada uno de los que hablan de la dureza y de la intransigencia y de la falta de libertad para crear… es un macanazo para evitar decir que nunca se acercaron a la propuesta del maestro. El maestro está para proponer y de esa propuesta extrae del alumno lo mejor que puede extraer y sabe que lo puede extraer.

Con gran tino Susana pone de manifiesto no sólo su idoneidad escénica sino que también da cuenta del profundo conocimiento que expone sobre cuestiones vinculadas a la enseñanza artística, que tiene sus particularidades bien definidas.

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Publicado el 02/05/2017
     
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