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“Porgy and Bess” de George Gershwin : El camino a Catfish Row
El Teatro Colón concluye su temporada a partir del martes 6 de diciembre, con esta genial ópera, donde el talento melódico del compositor se funde con su instinto teatral en una forma a gran escala. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Escena del primer acto de Porgy and Bess, producción del estreno mundial
dirigida por Rouben Mamoulian, Colonial Theatre de Boston, septiembre 1935

“Las operetas que representan la vida y el espíritu de este país”, declaraba George Gershwin en 1920, “son decididamente mi objetivo. Después de eso podría venir la ópera, pero quiero que todo mi trabajo tenga el elemento único de apelar a la gran mayoría de nuestra gente”. Hasta ese entonces, este compositor y destacado pianista de veintidós años había escrito una partitura completa para Broadway, más algunas canciones para otros tres espectáculos en ese ámbito teatral. A sus quince años había sido contratado por la editorial musical Jerome H. Remick & Co. como song plugger, un vendedor que promovía las canciones de la editorial —Gershwin también vendía las propias—, tocando el piano y cantando para los posibles intérpretes compradores. También en 1920 el popular cantante Al Jolson grabó “Swanee”, que sería el primero de los hits de Gershwin.

Desde allí, la carrera de este joven compositor, nacido en Brooklyn en el seno de una familia judía emigrada de Rusia, fue siempre en ascenso. Nuevas partituras para revistas y comedias musicales fueron el vehículo de lucimiento de grandes estrellas de la época —Fred y Adele Astaire, Ethel Merman— a través de canciones memorables, muchas de ellas con letras de su hermano Ira, que trascendieron el contexto dramático como lo son “Oh, Lady be good!”, “Fascinating rhythm”, “Someone to watch over me” o “I got rhythm”.

Paralelamente al éxito que tuvo con las canciones para espectáculos teatrales, Gershwin forjó una carrera en la creación de música académica destinada a las salas de concierto, donde introdujo el jazz en dimensiones sinfónicas, desde la emblemática Rhapsody in Blue (1924) hasta lo que será su máxima obra, Porgy and Bess (1935), pasando por el Concierto en Fa mayor para piano y orquesta (1924), el poema sinfónico An American in Paris (1928), la Segunda Rapsodia para piano y orquesta (1931), la Obertura Cubana (1932) y las Variaciones para piano y orquesta sobre “I got rhythm” (1934).

La posibilidad de una gran ópera

Escena final del segundo acto de Porgy and Bess, producción de Dominique Hervieu
y José Montalvo, Ópera de Lyon, 2010 / Foto de Andy Phillipson

La idea de componer una “ópera jazz” siempre estuvo presente en Gershwin desde que comenzó a triunfar en Broadway. Su primera aproximación fue con Blue Monday (1922), una breve ópera de unos veinte minutos para ser interpretada como un número de la revista Scandals. Ambientada en Harlem, narra una historia melodramática de celos y violencia con expresivas baladas y al ritmo de rítmicas danzas y blues. Tal vez su temática era demasiado triste para una revista musical de Broadway, razón por la cual el empresario la suprimió luego de su estreno.

Fue en 1926 cuando leyó la novela Porgy de DuBose Heyward, publicada un año antes, y, ni bien terminó de leerla, le escribió a su autor pidiéndole la posibilidad de transformarla en ópera. Sin embargo, por cuestiones laborales tanto de Gershwin —estaba realizando varias giras como pianista y seguía componiendo partituras para musicales— como de Heyward —estaba preparando con su mujer Dorothy la adaptación teatral de esa novela—, tuvieron que pasar ocho años hasta que la composición de esa ópera comenzara. También Gershwin fue postergando el proyecto porque quería estudiar más, antes de embarcarse en semejante desafío.

En 1929 la Metropolitan Opera firmó un contrato con el compositor para escribir una ópera a ser representada en 1931, y que estaría basada en la obra teatral El Dybbuk de Szymon Ansky, un proyecto que no se llegó a concretar por no contar con los derechos de la pieza. También el Met estuvo interesado cuando se enteró de la composición de Porgy, aunque Gershwin rechazó la propuesta porque le pareció poco práctico que esa compañía contratara un elenco enteramente afroamericano sólo para seis u ocho funciones (fue recién en 1985 cuando la obra se representó en ese escenario). Esta necesidad interpretativa era fundamental porque los afroamericanos eran ideales para cantar, con su prosodia y modismos, esa historia marginal de los habitantes de Catfish Row, una comunidad de la ciudad de Charleston de Carolina del Sur.

Eric Owens y Adina Aaron, protagonistas de Porgy and Bess, producción de
Francesca Zambello, Lyric Opera de Chicago, 2014 / Foto de Todd Rosenberg

Este aspecto de representar la música y cultura negra, desde el estreno de la obra —primero en el Teatro Colonial de Boston y luego en el Teatro Alvin de Nueva York—, siempre fue controversial, porque se consideró que los autores crearon estereotipos y tenían una visión sesgada de la realidad de la comunidad afroamericana. Si bien Gershwin pasó cinco semanas en Folly Island, a veinte kilómetros de Charleston, tratando de investigar y vivenciando la música de la región, lo que hizo en su partitura fue, tal como indica el estudioso Joseph Swain, lo que cualquier compositor de ópera hace: fundir esa materia prima en un idioma dramático-musical unificado.

Otro de los aspectos que generaron discusiones, no tan complejas y sensibles políticamente como con lo anterior, es la pregunta de si Porgy and Bess es una ópera o un musical. Se le han criticado lo populares que resultaron algunas de sus canciones —“Summertime”, “I got plenty o’ nuttin”— o el uso de largos recitativos —que incluso se han suprimido en algunas reposiciones—. El mismo Gershwin, en un artículo aparecido en el New York Times, se defendió: “Casi la totalidad de las óperas de Verdi contienen lo que se conocen como hits. Carmen es casi una colección de hits. […] Por supuesto que las canciones en Porgy and Bess son sólo una parte del todo”. Y sobre los recitativos: “He tratado de hacer lo más cercano posible a las inflexiones en el habla de los negros. […] He usado música sinfónica sostenida para unificar escenas enteras”.

Más allá de estas disquisiciones, Porgy and Bess se constituye en una ópera única en el repertorio por presentar situaciones y personajes complejos, bastante diferentes a los que hasta ese entonces habitaban los escenarios operísticos. El indudable talento de Gershwin por crear bellas melodías se unió a una escritura un poco más elaborada, que hace uso de un sistema de motivos recurrentes, para forjar un crescendo dramático a lo largo de los tres actos de la obra.

Kevin Short (Porgy) y Morenike Fadayomi (Bess), rodeados de la Compañía del New York Harlem Theatre, en el segundo acto de Porgy and Bess, producción de Baayork Lee y Larry Marshall, Teatro de San Carlo de Nápoles, 2012 / Foto de Luciano Romano

El mendigo lisiado Porgy puede expresar, por ejemplo, su alegría en la sencilla melodía de “I got plenty o’ nuttin”, su romanticismo en frases de enorme aliento lírico alla Puccini en el dúo “Bess, you is my woman” o la extrema angustia ante la ausencia de Bess en el dramático arioso final “Oh, Bess, oh where’s my Bess”. La adicta y sensual Bess se adapta a sus dos amantes, tanto en el dúo con Porgy como en el enfrentamiento violento con su anterior amante, el estibador y asesino Crown, pero tiene personalidad propia cuando le pide a Porgy que la proteja de Crown en “I loves you, Porgy”. El vendedor de droga Sportin’Life es identificado con canciones más ligeras —“It ain’t necessarily so” o “There’s a boat dat’s leavin’ soon for New York”—, muy similares a las de los musicales de Broadway.

Y el coro que personifica la comunidad de Catfish Row se transforma en pleno protagonista de toda la obra, no sólo comentando las acciones o acompañando en las canciones principales, sino en imponer su dramatismo en brillantes escenas corales y concertantes, con aires festivos y de spiritual. Es ese colectivo el que, ante todas las dificultades que se presentan en la obra, se puede sobreponer, al igual que el sufrido protagonista, cantando el himno “Oh Lawd, I’m on my way”. Ese camino que la propia ópera Porgy and Bess, quizá la obra maestra del genial George Gershwin, ha atravesado desde su estreno hasta nuestros días. 

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Diciembre 2016

Este artículo se publicó originalmente en la revista Cantabile N° 86, noviembre/diciembre 2016.

Para agendar
El Teatro Colón ofrecerá cinco funciones de Porgy and Bess como cierre de su temporada lírica 2016 a partir del martes 6 de diciembre. Bajo la dirección musical de Tim Murray, la producción proviene de la Ópera de Ciudad del Cabo, con puesta en escena de Christine Crouse, escenografía y vestuario de Michael Mitchell, iluminación de Kobus Rossouw y diseño coreográfico de Sibonakaliso Ndaba. El elenco estará encabezado por Xolela Sixaba (Porgy), Nonhlanhla Yende / Philisa Sibeko (Bess), Mandisinde Mbuyazwe (Crown), Siphamandla Yakupa / Noluvuyiso Mpofu (Clara), Goitsemang Lehobye (Serena) y LifeLukhanyo Moyake (Sportin’ Life). Participa la Orquesta Estable del Teatro Colón y el Coro de la Opera de Ciudad del Cabo, dirigido por Marvin Kernelle. Habrá funciones el miércoles 7, el sábado 10, el domingo 11 y martes 13 de diciembre. Las localidades se encuentran a la venta en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábado de 10.00 a 20.00 y domingos de 10.00 a 17.00. También se pueden adquirir vía telefónica al 5254-9100 o por internet ingresando a www.teatrocolon.org.ar Entradas desde $140.

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Publicado el 05/12/2016
     
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