Miércoles 18 de Septiembre de 2019
Una agenda
con toda la música






Conferencias, cursos,
seminarios y talleres

Convocatorias y concursos
para hacer música

Buscador


FacebookTwitterBlogspot
 

“Benjamin at the Barbican” en Londres : Recorrido fascinante
Por Luciano Marra de la Fuente (desde Londres)
 

Intimidad sonora

George Benjamin dialoga con Sara Mohr-Pietsch en la LSO St. Luke's, Londres, 2016 /
Fotografía de Geoffroy Schied/Mahler Chamber Orchestra

Las conexiones más cercanas de George Benjamin con Olivier Messiaen se hicieron evidentes en el Lunchtime with George, segundo concierto de Benjamin at the Barbican, que se llevó a cabo en la LSO St. Luke’s, una pequeña iglesia del siglo XVIII ahora devenida en sala de conciertos y de ensayos para la Orquesta Sinfónica de Londres, a unas pocas cuadras del Barbican Centre. Allí el compositor, en charla con Sara Mohr-Pietsch, fue reflexionando sobre las obras que los miembros de la Orquesta de Cámara Mahler y algunos invitados interpretarían en esta sesión de cámara al mediodía.

El arreglo instrumental que Benjamin realizó de la Fantasia 7 de Henry Purcell —para el tercer centenario de su muerte en 1995— toma el orgánico que Messiaen eligió para su Cuarteto para el fin de los tiempos, aunque reemplazando el piano por una celesta. Precisamente es este instrumento el que lleva la melodía de la primera sección, originando una atmósfera etérea y que contrasta con las siguientes secciones rápidas, con un sonido más llano por parte de las cuerdas y el clarinete,  interpretadas con exactitud. Las disonancias de una nueva parte lenta son remarcadas por el clarinete, mientras que en el final tranquilo la celesta invade con su sonido para disolverse, de manera muy expresiva, en el silencio.

Los pájaros de los Alpes suizos fueron la fuente de inspiración de Benjamin, a sus dieciocho años, para Flight (1979). Si bien no hay una búsqueda ornitológica como la de su maestro, Benjamin creó una pieza rapsódica de extrema dificultad para el instrumentista, generando un discurso dramático de contrastes dinámicos y de velocidad. Aquí la flautista española Júlia Gállego logró sortear con virtuosismo y expresividad todas las exigencias de la obra. Esos mismos contrastes se pudieron escuchar en la siguiente obra, Viola, Viola (1997), interpretada de manera cuidadosa por Anna Puig Torné y Béatrice Muthelet. Las dos intérpretes generaron un diálogo contrapuntístico, en donde en algunos momentos encuentran unión, pero mayormente se encuentran enfrentadas por las diferencias complementarias, ya sea de duraciones, tipo de toque, dinámica o registro. Otra vez el resultado fue un intenso arco dramático con la sonoridad particular que caracteriza a su autor.

Las dos últimas obras presentadas en este concierto —Shadowlines (2001) y el arreglo instrumental (2007) de dos piezas de El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach— se relacionaron por la adopción de una forma, también una de las constantes de Benjamin, para crear piezas de una arquitectura perfecta, sin dejar de lado esa expresividad que lo identifica. “Él es un profesional que rechaza a ser puesto en una camisa de fuerza de normas y sistemas dogmáticos”, lo definía Pierre Boulez, otro compositor que lo conoció de joven. “Hay algo razonado en él, pero sabe cómo elevarse por encima de doctrinas que pudieran cortar sus impulsos naturales”.

Aplausos finales para George Benjamin y los músicos de la Orquesta de Cámara Mahler,
LSO St. Luke's, Londres, 2016 / Foto de TdMargentina

Esto incluso está en las explicaciones que dio acerca de Shadowlines (2001), los seis preludios canónicos para piano: fue muy específico en cómo construyó ordenadamente estos cánones, pero rápidamente invitó a olvidarse todo lo explicado para dejarse llevar por la simple percepción sonora. La interpretación del pianista George King fue intensa y precisa, con una variedad de matices dinámicos que remarcaron con claridad las diferentes líneas discursivas. Algo similar ocurrió tanto con el impulsivo “Canon in Hypodiapason” como en el diáfano “Contrapunctus VII” de El arte de la fuga de Bach en la particular orquestación de Benjamin, tomando el orgánico de una pieza de BoulezMémoriale (1985) para flauta, dos cornos, tres violines, dos violas y un violoncello.

Bajo la dirección del compositor, fue increíble el rango dinámico logrado en el “Contrapunctus VII”, además de esa genialidad de orquestación al unir un corno con los armónicos de la viola simulando el registro agudo del órgano. Así finalizó este particular Lunchtime with George en la LSO St. Luke’s, un concierto que mostró no sólo su creatividad en formas camarísticas sino también cómo sus obras se relacionan entre sí y con otros compositores, más la claridad de pensamiento en sus propias palabras.

Un cuerpo dramático

La culminación de Benjamin at the Barbican se dio con la interpretación de Written on Skin, la exitosa segunda ópera de George Benjamin, estrenada en el Festival de Aix-en-Provence 2012. Aquí se ofreció en una versión semi-escenificada dirigida por Benjamin Davis e interpretada por un elenco que combinó cantantes que estuvieron en el estreno mundial con otros de otras producciones y la estupenda Orquesta de Cámara Mahler —el organismo sinfónico que la estrenó—, todos bajo la dirección musical del compositor. El triunfo de la obra —que ya ha recorrido rápidamente varios escenarios de ciudades europeas, Nueva York y en octubre próximo llegará al Teatro Argentino de La Plata— reside en haber encontrado una síntesis dramática y musical que apela a elementos de la tradición operística mirados desde una perspectiva actual, poniendo en vilo al espectador desde las primeras notas hasta el acorde final.

Barbara Hannigan (Agnès) y Christopher Purves (El Protector), junto a la Orquesta de Cámara Mahler,
en una escena de Written on Skin, 2016 / Fotografía de Javier del Real

Inspirado en la leyenda medieval del trovador Guillem de Cabestany, el libreto del dramaturgo inglés Martin Crimp posee el clásico triángulo amoroso operístico y la truculencia violenta de sus personajes: el Protector le encarga a un Muchacho que realice un libro con la historia de la familia; el Muchacho y Agnès, la mujer del Protector, se enamoran; el Protector descubre ese amor a través del manuscrito del Muchacho, a quien finalmente asesina; el Protector le da de cenar a Agnès el corazón del Muchacho; ella, cuando el Protector le revela qué es su cena, expresa desafiante que ningún acto de violencia le quitará de su boca el sabor del corazón del Muchacho; el Protector decide matar a Agnès, pero ella se suicida arrojándose desde un balcón.

Los personajes se expresan mayormente auto-relatándose en tercera persona —un recurso cada vez más usual en el teatro contemporáneo, pero poco visto en la ópera— que crea un grado más de artificialidad al género en sí mismo. Un coro de tres ángeles que introducen a los personajes y comentan sus acciones también recurre a un lenguaje actual, con algunas imágenes contemporáneas que entran en cortocircuito con la atmósfera medieval de la historia.

El trabajo que hace Benjamin con ese texto es fenomenal: en todo momento hay un cuidado extremo con la prosodia del lenguaje, haciendo inteligible cada palabra, marcando diferentes énfasis y creando una línea vocal cantabile. Esto es posible también por la exquisita orquestación que realiza el compositor, transformando a la orquesta en un personaje más: establece una relación simbiótica con el canto, utiliza algunos instrumentos que le dan un color especial —viola da gamba, mandolinas y armónica de cristal— y, finalmente, genera un arco dramático que va desde lo onírico a las situaciones de extrema violencia. Tanto la Orquesta de Cámara Mahler dirigida por el compositor como el elenco convocado para esta ocasión sirvió, sin dudas, con excelencia a todos los requerimientos de la obra, que, aunque sin un montaje escénico, pudo ser actuada frente al proscenio, con movimientos mínimos, de manera intensa.

El barítono Christopher Purves compuso a su exigente personaje del Protector, en una curva ascendente, desde la inocencia a la violencia final, con una manera de decir excepcional. En el mismo nivel estuvieron la soprano Barbara Hannigan como Agnès y el contratenor Tim Mead como el Muchacho / Ángel 1: la belleza de la línea de canto de Hannigan es súper expresiva, además de ser una muy convincente actriz, en tanto que Mead también impresionó desde el inicio —con una entrada muy similar a la que hace el solista en Dream of a Song—en pianissimo enmascarado en la textura de la orquesta hasta el elocuente monólogo final con viola da gamba y armónica de cristal. El elenco se completó con las destacadas intervenciones de la mezzosoprano Victoria Simmonds como Marie / Ángel 2 y el tenor Robert Murray como John / Ángel 3.

Aplausos finales para George Benjamin, los cantantes y la Orquesta de Cámara Mahler,
tras Written on Skin, Barbican Hall, Londres, 2016 / Foto de TdMargentina

Una inmensa ovación con público aplaudiendo de pie —una manifestación no tan común para una obra del siglo XXI— a todos los intérpretes y, en especial, a George Benjamin coronó esta brillante interpretación de Written on Skin, sin exagerar una de las mejores óperas no sólo de nuestro tiempo sino de la historia del género. Fue la manera perfecta de concluir este fascinante recorrido por las obras de este talentosísimo compositor inglés, propuesto estupendamente en el ciclo Benjamin at the Barbican.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Mayo 2016

Anterior                                                                                                                                            < 1 | 2

Seguinos en www.twitter.com/TdMargentina y www.facebook.com/tiempodemusica.argentina
__________
 
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en estos conciertos, ¿cuál es tu opinión? ¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista en nuestro facebook o nuestro blog. Hagamos de
Tiempo de Música un espacio para debatir.

 
Publicado el 06/05/2016
     
WebMind, Soluciones Web Contacto © Copyright 2006/2014 | Todos los derechos reservados