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“Stifters Dinge” en el Festival de Verano del Teatro Colón : Naturaleza artificiosa
Concluyó este Festival con el estreno argentino de esta inclasificable obra del artista alemán Heiner Goebbels, que combina un complejo mecanismo visual y sonoro con diferentes estados de la naturaleza. Por Luciano Marra de la Fuente
 

Una secuencia de Stifters Dinge, Teatro Colón, 2016

STIFTERS DINGE, instalación performática con concepción, música y dirección de Heiner Goebbels. Estreno argentino. Función del viernes 26 de febrero de 2016 a las 21.00, en el escenario de la Sala Principal del Teatro Colón, en el marco del cierre del Festival de Verano del Teatro Colón y del inicio del ciclo Colón Contemporáneo. Diseño de escena, luces y video: Klaus Grünberg. Colaboración musical, programación: Hubert Machnik. Diseño de sonido: Willi Bopp. Colaboración artística: Matthias Mohr. Voz en off: Diego Velázquez. Coproducción de Spielzeiteuropa | Berliner Festspiele, Grand Théâtre de la Ville de Luxembourg, schausspielfrankfurt, T&M – Théâtre de Genevilliers /CDN y Pour-cent culturel Migros.

A fin de febrero pasado el Teatro Colón ofreció el estreno argentino de la instalación performática Stifters Dinge (Las cosas de Stifter), concebida en 2007 por Heiner Goebbels. Las seis funciones que se brindaron, siempre con localidades agotadas, marcaron tanto el inicio del ciclo 2016 del Colón Contemporáneo —que ya va por su sexta temporada—, como el cierre del novísimo Festival de Verano del Teatro Colón.

Este festival se desarrolló en la Plaza Vaticano, al lado del edificio del Colón, presentando tres reposiciones —el Mahagonny-Songspiel de Kurt Weill y Berthold Brecht, ya visto en la Usina del Arte; La historia del soldado de Igor Stravinsky y Charles Ramuz, presentada el año pasado en Caminito; y Matinée Fantômas, la opereta radiofónica inspirada en Kurt Weill, una producción del Centro de Experimentación del Teatro Colón vista también el año pasado—, más un concierto de la Orquesta Estable con dirección de Mario Perusso. A esto se le sumó la presencia estelar de Rufus Wainwright en la sala principal del Colón, con un espectáculo que estrenó el año pasado en Grecia, Prima Donna: A Symphonic Visual Concert integrado por una primera parte dedicada a fragmentos de su primera ópera y luego otra dedicada a sus canciones.

En el medio de toda esta programación de criterio y artistas heterogéneos, sobre el escenario principal del Colón, Heiner Goebbels montó la singular maquinaria de Stifters Dinge para una pequeña platea de trescientas cincuenta personas. Toda la caja escénica se convirtió en una cámara negra, realzando la presencia casi tácita de los diferentes niveles de la parrilla escénica, y anulando toda la visión de los oropeles de la sala centenaria. Ya de por sí este es un gesto interesante por parte de este múltiple artista, del cual se pudo ver hace cinco años en el Teatro San Martín, por el Festival Internacional de Buenos Aires, Eraritjaritjaka, una obra de teatro musical con textos de Elias Canetti y música de Shostakovich, Beethoven, Crumb y Bach, entre otros.

Otro secuencia de Stifters Dinge, Teatro Colón, 2016

Si en esa obra rompía los límites del escenario haciendo que su protagonista se fuera literalmente del teatro para realizar un recorrido que era transmitido en una pantalla para el público, en Stifters Dinge prescinde de los personas en escena para su interpretación, haciendo que el protagonista absoluto sea el andamiaje integrado por cinco pianos intervenidos, tres piletas, tres tanques, agua, ramas, sales, tules, tubos, parlantes, grabaciones y proyecciones. Si bien sólo en el comienzo se ven a dos operarios tirar mecánicamente sobre un filtro sales que caen sobre las piletas vacías, esa ausencia a lo largo de la obra será inquietante.

El disparador de ese paisaje, físico y sonoro, son los textos del novelista austríaco romántico Adalbert Stifter, que hacen referencia a diferentes elementos de la naturaleza, y que están presentes en el dispositivo de Goebbels. Así, a lo largo de diez secuencias, la maquinaria toma vida creando bellas imágenes y sonidos a partir del movimiento, a veces mínimo, de algunos de sus elementos. Los pianos —instrumento romántico por excelencia— se ven despersonalizados al ser tocados de manera electrónica, mostrando sus cuerdas o siendo intervenidos por objetos exteriores que le dan un sonido diferente.

En una de las secuencias, un largo texto del propio Stifter pone en evidencia los diferentes estados de la naturaleza mientras en el dispositivo de Goebbels se proyecta sobre una pantalla al fondo un frondoso bosque que va cambiando de colores e intensidades con un repetido acorde de un piano, el frote o el golpeteo de sus cuerdas interiores, más soplidos en los tubos. Diferentes voces grabadas, que van desde cantos tribales a gritos y susurros, se acoplan a los pequeños motivos repetidos en algunas de las secuencias. Una entrevista a Claude Lévi-Strauss se entremezcla con el “Andante” del Concerto italiano de Bach, interpretado por el impersonal piano, y con el sonido de las gotas de lluvia que caen sobre las piletas, tal vez sea ese el momento más poético de la propuesta. Algo similar ocurre en el final cuando los pianos que habían llegado al frente del público con un movimiento perpetuo y endemoniado como de pianola, se retiran hacia el fondo de manera tranquila, con breves acordes, y a su paso generan olas en las piletas.

La secuencia final de Stifters Dinge, Teatro Colón, 2016

Esa ausencia que produce la no corporalidad humana en todas las transformaciones del dispositivo escénico —aunque uno percibe que son obra de “alguien”— hace que la obra tal vez pueda tomarse como un tanto fría. Quizá el artificio del complejo mecanismo escénico de Stifters Dinge se sitúa por sobre el desarrollo dramático que se da a partir de la sola concatenación de diferentes estados contrastantes, y que tal vez podrían ser intercambiables sin afectar las sensaciones que se vivencian ante ellos. Asistir a Stifters Dinger, sin embargo, se convierte en una experiencia única, donde los límites para definirla se hacen afortunadamente difusos: ¿es una obra de teatro musical? ¿Es una instalación plástica con sonidos? ¿Son las dos cosas? ¿O qué más puede ser? No importa encontrar una respuesta, lo que sí es seguro es que es regocijo para todos los sentidos.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Marzo 2016


Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli
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Publicado el 07/03/2016
     
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