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“Curlew River” en el Museo IMPA : Fábrica operística independiente
Lírica Lado B presentó el estreno latinoamericano de esta particular ópera de cámara de Benjamin Britten en un ámbito no convencional y con un resultado artístico sobresaliente, gracias a la labor de todos los artistas involucrados. Por Luciano Marra de la Fuente
 

 Alejandro Spies (Barquero), coro y ensamble instrumental en Curlew River, Lírica Lado B, Museo IMPA, 2015

CURLEW RIVER, parábola sacra de Benjamin Britten. Estreno latinoamericano. Función del sábado 6 de junio de 2015 en el Museo IMPA, organizada por Lírica Lado B. Dirección musical: Camilo Santostefano. Dirección escénica: Barbados (Diego Ernesto Rodríguez y Germán Ivancic). Escenografía y utilería: Cooperativa de Diseño. Vestuario: Martín Coronel. Iluminación: Rodrigo González Alvarado. Elenco: Alejandro Spies (Barquero), Pablo Pollitzer (Mujer Loca), Gabriel Ravinovich (Viajero), Max Hochmuth (Abad), Constanza Leone (El espíritu del niño). Alejandro Luna, Álvaro Corimayo, Dane Crjem, Elías J. Ongay, Isaac Mojica, Juan Pablo Vercesi, Luciano Luque y Luis Asmat (Monjes), Cristian Roldán, Matías Pérez y Sergio Tejeira (Acólitos). Ensamble instrumental: Camilo Flórez, viola; Gustavo Giménez, flauta; Jorge Montoya, corno; Luciano Vitale, contrabajo; Martín Vijnovich, percusión; Matías Targhetta, órgano; Melina Belén Álvarez, arpa.

Con una energía desbordante, una propuesta musical y escénica contundente, y un ámbito no convencional para ofrecer una ópera, así fue la irrupción en el panorama operístico porteño de Lírica Lado B hace seis años. Esa primera producción de esta compañía de ópera de cámara fue al aire libre, en el Patio de la Procuraduría de la Manzana de las Luces, en una cálida noche de noviembre, con la serenata cómica Don Quijote en las bodas de Comacho de Telemann, que resultó ser una verdadera fiesta para todos los sentidos.

Desde entonces y hasta 2013 vino ofreciendo un repertorio alternativo a lo que se ofrece en nuestros escenarios, en su mayoría primeras audiciones para la Argentina, aunque enclavado en el período del Clasicismo —Haydn, Mozart, Salieri, Martín y Soler— más una incursión en la opereta inglesa de Gilbert & Sullivan, en escenarios fuera del circuito tradicional (Sala de Representantes de la Manzana de las Luces, Teatro El Cubo y Hasta Trilce). Después de un año sin actividad, Lirica Lado B retomó su ímpetu original para volver a esa idea de sus comienzos al adoptar un escenario no convencional y ofrecer esta vez un estreno latinoamericano de una obra significativa del siglo XX.

El Museo IMPA, en el corazón del barrio de Almagro, es un lugar imponente por su arquitectura, pero sobre todo por su historia. Es la primera fábrica recuperada por los trabajadores a fines de la década de 1990, que aún funciona de manera autogestionada. Desde entonces, Industria Metalúrgica y Plástica Argentina (IMPA) combina la lucha laboral —produciendo envases y bandejas de plástico y productos de aluminio— con la cultural, al convertirse en un espacio para recordar su propia historia y para abrirse a diferentes actividades teatrales, musicales y educativas. En ese sentido no queda duda que fue el lugar perfecto para que Lírica Lado B, también una compañía autogestiva, montara su último proyecto en cuatro funciones con entrada libre y gratuita.

Pablo Pollitzer (Mujer Loca) en una escena de Curlew River, Lírica Lado B, Museo IMPA, 2015

También el espacio fue perfecto para la obra que eligieron, Curlew River (1964) del inglés Benjamin Britten. Esta “parábola para ser representada en un Iglesia”, creada a partir del contacto que tuvo el músico con el teatro noh japonés —caracterizado por la economía de recursos empleados y su particular transcurrir de tiempo en una duración breve—, es un jalón más dentro del desarrollo del género de óperas de cámara en su producción. Basado en la pieza noh Sumidagawa (El río Sumida) de Juro Motomasa, el libreto de William Plomer introduce elementos de la cultura occidental y cristiana —sobre todo teniendo como modelo los misterios medievales ingleses— a la dramaturgia inherente del teatro japonés, generando de esta manera un estilo de ópera bien particular y que volvería a vislumbrarse en las otras dos “parábolas para iglesia” que crearon juntos, The Burning Fiery Furnace (1966) y The Prodigal Son (1968). Un elenco totalmente masculino es el encargo de representar a los pocos personajes (ya sean varones o mujeres), en tanto que el grupo instrumental es mínimo.

En Curlew River tres son los personajes que encarnan la historia de la búsqueda de una madre que ha perdido la razón ante la desaparición de su hijo. La Mujer Loca —otro de esos personajes marginados propios de la producción operística de Britten— en principio es rechazada a subir a la barca para cruzar el río, aunque se apiadan y la aborda: durante ese viaje el Barquero le cuenta la historia de la muerte de un niño, un año atrás, y que finalmente sería el hijo perdido. La tensión dramática se genera a partir de las acciones mínimas de enfrentamiento y se sostiene, sobre todo, en la comunicación de la palabra.

En esta oportunidad, tanto el barítono Alejandro Spies como el tenor Pablo Pollitzer realizaron una labor superlativa para componer al Barquero y la Mujer Loca, respectivamente, y por generar esos lazos dramáticos de manera intensa. Ambos lograron transmitir con sus voces y actitudes corporales las diferentes instancias por las cuales transitan sus personajes. Tanto el relato del Barquero como el monólogo de la Mujer Loca, con un impresionante solo de flauta, fueron momentos de cautivante belleza.

Alejandro Spies (Barquero) en una escena de Curlew River, Lírica Lado B, Museo IMPA, 2015

Junto a ellos, el barítono Gabriel Ravinovich encarnó a un contenido Viajero, el jovencísimo bajo Max Hochmuth un sonoro e imponente Abad y —en una opción que se aparta del modelo britteniano tan caro por las voces blancas— la soprano Constanza Leone como la diáfana voz del espíritu del niño.

La obra requiere un ensamble de siete instrumentistas que también actúa como un personaje más, generando colores y tensiones sonoras, ya sean en combinaciones solistas o en tutti, de las diferentes situaciones dramáticas. Los siete músicos convocados esta vez por Lírica Lado B, bajo la cuidadosa dirección de Camilo Santostefano —uno de los fundadores de la compañía—, fueron impecables. Lo mismo se puede decir del pequeño coro de ocho voces que sonaron bien ensamblados en todo momento. Su ingreso con los solistas y los instrumentistas, todos vestidos con overoles azules y cantando el himno gregoriano “Te lucis ante terminum”, resonó de una manera muy especial en ese enorme ámbito de la fábrica, no tan lejano a la resonancia que puede tener una Iglesia medieval, el lugar pensado por Britten para presentar la obra.

La propuesta escénica del colectivo Barbados, integrada por Diego Ernesto Rodríguez y Germán Ivancic, se centró en los movimientos mínimos de los solistas, con elementos mínimos y pequeños detalles de vestuario para caracterizarlos. Tres bailarines contrastaban, vestidos de blanco, con su permanente actividad, tal vez un poco invasiva, frente a las figuras hieráticas del Barquero, la Mujer Loca y el Viajero. La expresiva gestualidad de estos personajes, remarcada aún más por un sugestivo diseño de iluminación y maquillaje —seguramente teniendo en mente las máscaras distintivas del teatro noh—, logró generar esos vínculos emocionales para que el drama conmoviera.

Gabriel Ravinovich (Viajero), Alejandro Spies (Barquero), Pablo Pollitzer (Mujer Loca) y Max
Hochmuth (Abad), junto al coro, en Curlew River, Lírica Lado B, Museo IMPA, 2015

El estreno latinoamericano de Curlew River de Benjamin Britten por Lírica Lado B se constituye así como una de las propuestas más importantes y significativas en lo que va de este año, al tomar un espacio diferente para la difusión de ópera, convocar a artistas jóvenes y más experimentados con un alto rendimiento, y ofrecer una impecable y conmovedora realización dramático-musical. Esperemos que el ímpetu que demostrara aquí esta compañía independiente —y que siempre tuvo desde sus inicios— se renueve en próximos proyectos en un terreno tan poco transitado en nuestro país como es el de la ópera de cámara. Esta producción de Curlew River indica que lo pueden lograr.

Luciano Marra de la Fuente
editor@tiempodemusica.com.ar
Junio 2015

Imágenes gentileza Lírica Lado B / Fotografías de Marita Machetta
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Publicado el 24/06/2015
     
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