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Beatriz Pedrini : La música, vocación y vida
Por Javier Villa
 

3. Hacer música con otro

Hablando un poquito del tipo de sonoridad en los distintos repertorios, solista, de cámara. ¿Cambia la manera de tocar?
Sí, absolutamente. El solista está, tal cual como dice la palabra, solo. El sonido tiene que despedir, tiene que volar, tiene que trascender,  tiene que ser un sonido como de cierto dominio de la atención del público. Hay que tener una actitud física y anímica de solista, porque si no, uno no sale a tocar. Tiene que ser una presencia fuerte y de convencimiento.

¿Cómo es trabajar el repertorio de música de cámara?
Ahí hay que negociar, porque ahí negociamos todos ¿no? Hay que respetar al otro. Hay que consensuar sonoridades, criterios y opiniones. Estoy convencida que si uno siente respeto por el otro, el consenso se hace mucho más sencillo si es que alguno quiere tomar la batuta. Creo que en ese aspecto nadie tiene que dominar, por eso decía que el piano es un instrumento concertador pero nadie tiene que dominar, cada instrumento desde su sonoridad aporta al otro.

No hay una jerarquía por más que en una obra pueda haber pasajes de mayor o menor protagonismo de uno o de otro...
No, exactamente. Además es muy distinto hacer música de cámara con cuerdas a hacerlo con vientos o un cantante, cada uno aporta su sonoridad. Por ejemplo, las cuerdas, como los vientos, tienen este privilegio de poder frasear y lograr un legato maravilloso que el piano, no nos olvidemos, es un instrumento de cuerda percutida; ahora si uno se propone… yo he observado mucho eso, cómo ellos ligan… y con el piano también se puede hacer. Si pienso en percutir cada nota no lo voy a hacer nunca. Si pienso cómo ellos pasan el arco (que mantienen el mismo peso y no atacan cada nota), en el piano también se puede: al pasar el mismo peso por todos los dedos, logro el legato. Ahí sí el sonido cambia porque uno tiene que buscar fundirse con el otro, amalgamar con el otro. Por eso es tan distinto el sonido ‘solista’ del sonido ‘de cámara’.

¿Qué cosas influyen en la elección de un compañero o una compañera de música de cámara?
En lo práctico lo que nos toca vivir a todos: la coincidencia de horarios… (risas) Pero no, fuera de eso, el conocimiento y que haya una afinidad, que haya un respeto por el otro, un trato, cierto conocimiento, por supuesto saber que es una persona que toca bien, que es seria, que le gusta estudiar, que tiene una buena formación, que le interese. Por lo menos los grupos que he formado fueron así. Fundamentalmente mucho respeto.

Sandra Federici y Beatriz Pedrini

En la actualidad, Beatriz Pedrini forma un dúo con la pianista Sandra Federici, con la cual realizan conciertos abarcando un amplio abanico de estilos y compositores, en donde también han incluido la música argentina académica y popular de la mano de arreglos de Lilian Saba. Es interesante tomar la palabra de Beatriz nuevamente para delinear su mirada sobre el otro o los otros en relación a tocar en un grupo de música de cámara: “El respeto interviene cuando uno elige con quien, ¿no? Yo aprendo del otro y él participa de lo que le interesa de mi propuesta, de lo que digo, el conversar con el otro, el conocerlo para saber ir cómo ir llevando una situación por si en algún momento aparece algo incómodo. Aun cuando se está trabajando una obra, hay que ponerse de acuerdo cómo fraseamos, dónde respiramos, el tipo de sonido, los volúmenes, las intensidades, cómo vamos a desarrollar un crescendo, a partir de dónde. Todo eso hay que conversarlo para elaborar un sonido de grupo”

Hablemos de la Sonata para dos pianos y percusión de Bela Bartók, que ahora van a tocar en la Usina del Arte. ¿Cuáles son las características de la obra en cuánto a estilo y dificultades técnicas?
Es una obra que tiene una gran disociación entre las dos manos, desde lo rítmico y lo melódico. Es muy incisiva, muy rítmica. Para todo pianista es un desafío desde todo punto de vista: la elaboración del sonido, la exigencia mecánica, la exigencia técnica, la resistencia de cabeza, la resistencia para poder armarla, darle continuidad y mantener siempre el nervio y la tensión; porque aun, en el caso de esta obra, en el movimiento lento es de una gran tensión y de un gran dramatismo sumado a la dificultad que tiene. Es un toque pianístico con un sonido incisivo, pero no duro, no partir cuerda por ejemplo. Para eso hay que entrenar la mano. En los dos pianos toda esa trama rítmica individual se hace más compleja. Uno dice “ah mirá, es el mismo elemento”, pero alguna vez te lo escribió con un contratiempo, otras veces lo desplaza en cada piano o lo desplaza a mitad de compás. Trabaja mucho con los extremos desde las tres p [dinámica piano] hasta las tres f [forte] y el cambio repentino; desarrollar un crescendo y llegar a un fortissimo, y de repente hay que ir a un pianissimo con un sonido etéreo, un sonido liviano, jocoso, y vuelve la complejidad. Antes que hablábamos de la afinidad, yo nunca tuve demasiada afinidad con Bartók desde lo expresivo: fue descubrir el fraseo y la emocionalidad de Bartók. Yo lo tenía como algo más bien rítmico, aguerrido, frío y no es así. La emoción de un Bartók no es la emoción de un Schumann pero realmente fue un gran descubrimiento para mí. Ahora me gusta muchísimo.

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Publicado el 04/10/2014
     
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