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"L´incoronazione di Poppea" en el Teatro Avenida, 1: Transitando el primer barroco
Por Javier Villa
 

TRANSITANDO EL PRIMER BARROCO
Teatro Avenida, Av. de Mayo 1222.
Sábado 20 de Mayo, 20.00

Pablo Pollitzer (Lucano) y Evelyn Ramírez (Nerone) en el segundo acto de L'incoronazione di Poppea, Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida, 2006

L'INCORONAZIONE DI POPPEA, ópera en un prólogo y tres actos de Claudio Monteverdi. Dirección musical: Juan Manuel Quintana. Régie: Rita De Letteriis. Vestuario: Beatriz Di Benedetto. Escenografía: Santiago Elder. Iluminación: Eli Sirlin. Reparto: Evelyn Ramírez (Nerone), Eugenia Fuente (Ottavia), Martín Oro (Ottone), Soledad de la Rosa (Virtú / Drusilla), Marcos Fink (Seneca), José Lemos (Arnalta / Famigliere I), Jaime Caicompai (Nutrice / Console / Liberto / Soldato II), Pablo Pollitzer (Lucano / Soldato I), Vanesa Mautner (Fortuna / Valetto / Pallade), Laura Ramallo (Amore / Damigella), Sergio Carlevaris (Tribuno / Mercurio), Walter Schwarz (Littore / Famigliere III), Lucas Werenkraut (Famigliere II). Ensamble I Febiarmonici.

La asociación Buenos Aires Lírica asumió la difícil tarea de enfrentarse a un repertorio muy poco frecuentado en Argentina, repertorio que inaugura los comienzos del género operístico. Para hablar de un “comienzo” de este género es necesario citar a la llamada Camerata Florentina. Este grupo de nobles y músicos se reunía en la residencia del conde Giovanni de´ Bardi en Florencia -hacia la segunda mitad del siglo XVI- con la finalidad de tratar temas poéticos, científicos y musicales. Entre las figuras relevantes del ambiente musical figuraron Giulio Caccini, Vincenzo Galilei y Pietro Strozzi. La finalidad de dicha Camerata era retomar el antiguo drama griego mediante la actividad musical, lo cual derivó en las primeras experiencias en el terreno operístico.

Entre los temas estrictamente musicales que abordaron, uno de esencial importancia fue la relación entre el texto y su musicalización. La forma se basaba en imitar las inflexiones de la voz hablada, que tiempo después derivaría en el estilo recitativo. Claudio Monteverdi -gran conocedor del género madrigalista- estaba bien interiorizado sobre estas cuestiones. Su primera incursión en el terreno operístico viene de la mano de La favola d´Orfeo, estrenada en Mantua en 1607, revelando todo su potencial. La última ópera de su producción L´incoronazione di Poppea de 1642 ahonda en las descripciones del juego del poder y las pasiones humanas que se suscitan en la trama. El compositor continuó en esta obra con la fluidez de un recitativo semejante al lenguaje hablado así como también en los “ariosos” tan típicos del estilo.

La nueva versión ofrecida en Buenos Aires contó con el Ensamble I Febiarmonici bajo la dirección de Juan Manuel Quintana. Su lectura sobria resultó, por momentos, poco ágil y, a su vez, con falta de contrastes. También se echó en falta la improvisación en los músicos, práctica usada en la época. La régie de Rita De Letteriis pasó inadvertida: en líneas generales su trabajo fue puramente rutinario, apoyado en un correcto vestuario y una discreta escenografía.

Escena final de L'incoronazione di Poppea,
Buenos Aires Lírica, Teatro Avenida 2006

En cuanto al desempeño vocal de los cantantes, en líneas generales se advirtió la ausencia de afinidad estilísica. Patricia González mostró un timbre brillante: quizá a su Poppea le faltó mayor teatralidad. La chilena Evelyn Ramírez compuso un histriónico Nerón, tanto actoral como vocalmente, si bien su histrionismo por momentos resultó algo forzado. La entrega escénica que brindó Eugenia Fuente con su interpretación de Ottavia fue indiscutible, sin embargo su canto poco tuvo que ver con la ópera barroca. En algunos momentos su volumen fue excesivo.

El bajo-barítono Marcos Fink brindó una interpretación puramente noble de Séneca. El brillo y calidez de su voz se adaptaron perfectamente al rol, así como su elegante fraseo. Desde el punto de vista actoral la muerte de Séneca fue uno de los momentos mejores logrados de toda la representación. Soledad de la Rosa mostró su versatilidad y su agradable línea de canto al personaje de Drusilla, así como también desde el comienzo personificando a Virtú. El contratenor Martín Oro lució su idoneidad estilística. Su canto convenció por la entrega, así como también por su cuidado fraseo. El personaje de Arnalta fue encarnado por José Lemos quien aportó comicidad y dinamismo a la acción. Su voz por momentos sonó notablemente heterogénea.

Interpretar el primer barroco y en este caso particular a Monteverdi, exige una vocalidad que tiene que estar al servicio de un fraseo en donde la nitidez, la claridad, la sobriedad y entrega tienen que conjugarse con la profundidad particular de este lenguaje. El hecho de empezar a abordar estas obras confiere no sólo una atención especial por lo “novedoso”, sino un recorrido grato que matiza la producción operística local.

Javier Villa

Imágenes gentileza Prensa Buenos Aires Lírica. Fotografías de Liliana Morsa.

Nota relacionada:
Revivir a Monteverdi por Luciano Marra de la Fuente

Artículo publicado originalmente el viernes 9 de junio de 2006.

 
Publicado el 03/09/2006
     
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