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"Mahagonny Songspiel" en la Usina del Arte : Mahagonny está en todos lados
La vigencia de la obra de Bertolt Brecht y Kurt Weill volvió a manifestarse en este espectáculo de altísima calidad, ideado por Marcelo Lombardero y con la plena entrega de un grupo de intérpretes comprometidos con su estilo. Por Ernesto Castagnino
 

Una escena de Mahagonny Songspiel, Usina del Arte, 2014

MAHAGONNY SONGSPIEL y canciones de HAPPY END y LA ÓPERA DE LOS TRES CENTAVOS, de Kurt Weill y Bertolt Brecht. Función del sábado 20 de septiembre de 2014 en la Sala de Cámara de la Usina del Arte. Dirección musical: Annunziata Tomaro. Puesta en escena y dirección artística: Marcelo Lombardero. Escenografía: Noelia Gonzalez Svoboda. Vestuario: Luciana Gutman. Iluminación: Horacio Efron. Elenco: Victoria Gaeta (Jessie), Cecilia Pastawski (Bessie), Pablo Pollitzer (Charly), Mariano Fernández Bustinza (Bobby), Juan Francisco Ramírez (Billy), Juan Pablo Labourdette (Jimmy). Músicos: Oleg Pishenin y Lucia Herrera, violines; Matías Tchicourel y Mariano Zemborain, clarinetes; Emiliano Barri, saxofón; Werner Mengel y Agustina Guidolin, trompetas; Jorge Ramirez Caceres, trombón; Carlos Koffman, piano; Manuel Moreno, guitarra; Martín Diez, timbal y percusión.

En uno de sus escritos Bertolt Brecht planteaba que “la música debe evitar los efectos hipnóticos en la audiencia a través de la resolución de los problemas musicales con un claro y nada ambiguo desarrollo del mensaje político y filosófico del poema”, apuntando al centro de la cuestión —antigua como la ópera misma— acerca de la prevalencia de la música o la palabra en el teatro musical. El dramaturgo buscaba evitar envolver al espectador en emociones que le obstaculizaran la comprensión directa e inmediata del mensaje, afirmando que “las palabras nunca deben supeditarse a la música. La melodía debe contribuir a que el oyente tome una postura clara”.

Brecht colaboró con el compositor Kurt Weill entre 1927 y 1933 (las óperas Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny y El que dice sí, las piezas Mahagonny Songspiel, La ópera de tres centavos y Happy End, las cantatas Réquiem de Berlín y El vuelo de Lindbergh, el ballet cantado Los siete pecados capitales), pero también con Hanns Eisler y Paul Dessau, tres músicos con los que compartió una misma visión sobre el teatro y el mundo.

Mahagonny Songspiel es una cantata escénica compuesta de seis números divididos por interludios instrumentales, encargada para el Festival de Música de Cámara de Baden Baden en 1927, que constituiría el germen de la ópera Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny que Weill y Brecht estaban ya proyectando en aquel tiempo y que se estrenaría recién en 1930. La ciudad ficticia de Mahagonny en Estados Unidos es la punzante metáfora con la que el dramaturgo alemán denuncia —a comienzos del siglo XX— la decadencia moral de occidente. Por eso Mahagonny puede ser cualquier ciudad, porque en realidad es la representación de la cloaca del capitalismo, el lugar adonde van los sueños y las esperanzas de los hombres que buscan oro y obtienen barro. Efectivamente, el mensaje brechtiano no es esperanzador.

Victoria Gaeta (Jessie), Juan Pablo Labourdette (Jimmy) y Cecilia
Pastawski (Bessie) en Mahagonny Songspiel, Usina del Arte, 2014

La renovada puesta escénica de Marcelo Lombardero —estrenada en 1994 en la Scala de San Telmo y repuesta en 1998 en el Centro de Experimentación del Teatro Colón— pone en evidencia la turbadora vigencia del texto brechtiano, recreando de un modo original el espíritu del cabaret berlinés de los años veinte, un espacio en los márgenes donde era posible la crítica social y la libertad sexual, que hoy llamaríamos “el under”. Lombardero ideó un espectáculo en dos partes que sin embargo conforman un todo coherente: luego de la breve Mahagonny, los mismos cantantes interpretan canciones de otras dos obras de la dupla Weill-Brecht, La ópera de tres centavos y Happy End, completando un cuadro de mucha contundencia dramática que tiene en su centro una aguda y descarnada reflexión acerca del hombre, el poder, el dinero, el sexo, la religión, el amor y la violencia.

Fiel al ideario del dramaturgo alemán, Lombardero deja hablar a la música y al texto sin interferencias, presentando con claridad el mensaje en un marco escenográfico mínimo pero efectivo, realizado por Noelia González Svoboda, y un excelente diseño de vestuario ideado por Luciana Gutman. La iluminación de Horacio Efrón constituye un elemento clave en la propuesta visual, al crear la atmósfera cruda y expresionista que completa un planteo dramático sólido y contundente.

Victoria Gaeta, Cecilia Pastawski, Pablo Pollitzer, Juan Francisco Ramírez, Mariano Fernández Bustinza y Juan Pablo Labourdette conformaron un cohesionado y equilibrado elenco, mostrando —más allá de las cualidades vocales— entrega y adecuación al estilo, gran compenetración con el proyecto y loable capacidad expresiva.

Escena final de Mahagonny Songspiel, Usina del Arte, 2014

Annunziata Tomaro se puso al frente de un ensamble instrumental conformado por cuerdas, vientos, piano, guitarra y percusión, dirigiendo con precisión la punzante música de Kurt Weill, en la que confluyen ritmos de jazz, influencias stravinskianas y las melancólicas melodías de la canción de cabaret.

Un espectáculo de altísima calidad artística que nos recuerda la extraordinaria vigencia de esta creación de dos geniales cabezas del siglo XX que no dudaron en darle voz a la miseria humana, avizorando el horror que se avecinaba con el ascenso del nazismo, que al llegar al poder no dudó en incluir a esta obra dentro de lo que denominaron “arte degenerado”.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Octubre 2014


Imágenes gentileza Usina del Arte / Fotografías de Estrella Herrera y Daniel Harper
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Publicado el 01/10/2014
     
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